viernes, 21 de marzo de 2014

Granada, octubre 1998.


"Granada, octubre 1998", pone en la primera página junto con el título "Cartas Durrell- Miller. 1935-1980" y mi nombre 

Por aquel entonces tenía la letra más redonda y cada una era independiente de las otras. Ahora escribo la mayoría de las palabras de un solo trazo sin levantar la pluma del papel. Lo escribí con una pluma de oro que mi abuela me había regalado justo un año antes, al terminar la carrera, que tiene mi nombre grabado en el capuchón. Dejé de usarla. Le cogí manía, pero en aquella época la llevaba siempre encima. 

Estaba en Granada trabajando. Me pasé allí un par de semanas o tres revisando préstamos hipotecarios para realizar operaciones financieras de inversión. ¿Qué sabía de operaciones financieras? Nada, pero de préstamos hipotecarios lo sabía todo y era buena, muy buena revisando expedientes y además lo hacía muy deprisa y la rapidez era fundamental en aquel trabajo.  Era un buen trabajo; aburrido y mecánico pero me permitía tener la cabeza ocupada, estaba muy bien pagado y viajaba mucho. 

Aquellas semanas en Granada me alojaba en un hotel de una calle principal de la que no recuerdo el nombre. Seguro que tenía en su nombre algo sobre la Alhambra, Al Andalus o algo así y tenía un hall enorme lleno de mármoles y columnas, y una recepción enorme llena de guiris con sandalias. 

Me dieron una habitación individual "de ejecutiva". El nombre parecía prometedor...pero resultó ser una celda cartujana decorada por alguien con horror vacui y un extraño concepto de la combinación cromática. La cama era pequeña y estaba pegada a la pared a la derecha según entrabas en la habitación, al fondo había una ventana y la mesa "de ejecutiva" hubiera jurado que era un reclinatorio reciclado. En esa camita de ejecutiva sin ligue me despertaba por las mañanas y tras vestirme de trabajadora seria y responsable, salía para ir paseando hasta las oficinas donde tenía que currar. En octubre, en Granada, hace un frío pelón por las mañanas...pero al volver a las 7 de la tarde, aquellos días hacía calor y me dedicaba a pasear antes de recluirme de nuevo. 

Una tarde, en aquella calle principal, había unos puestos de mercadillo. Entre pulseras, camisetas, recuerdos de la Alhambra y demás parafernalia, había unos cuantos puestos de libros en los que me puse a cotillear.  

"Cartas Durrell-Miller. 1935-1980". Unos cuantos años antes, siguiendo la recomendación de una de las hermanas de Molimadre, había dedicado el verano a pelearme con "El Cuarteto de Alejandría" de Lawrence Durrell. Había conocido a Justine, Balthazar, Mountolive y Clea y me había desesperado muchísimo. Pasé horas sin entender nada de lo que leía, otras creyendo entender.  Leía deslumbrada a ratos y desbordada en otros. Llegué al final sabiendo que había llegado a ese libro demasiado pronto, demasiado joven, que me faltaba vida para entenderlo y que tendría que volver. Lo haré. 

De Henry Miller había devorado los dos Trópicos tras escogerlos al azar en la biblioteca del despacho de mi padre. Los leí fascinada, entregada y sorprendida y al terminarlos supe que no volvería a ellos, que habían llegado en el momento adecuado. 

En mi cabeza, Durrell y Miller no eran simpáticos, ni atrayentes. Me caían bastante mal de hecho. Durrell me parecía confuso, etéreo y hasta cursi a veces. Miller era tosco, directo, soez y a veces absurdamente provocador...casi como un adolescente llamando la atención. Además, ¿Qué tenían que ver entre ellos? ¿Por qué se habían escrito durante casi 50 años? 

Cogí el libro, pesaba. 

En la foto de portada salían desnudos, sentados a la orilla del mar en una foto de 1939. Durrell parece un joven griego al sol de Corfú...Miller parece viejo, muy viejo...pero acabo de comprobar que tenía sólo 48 años y de hecho vivió 40 años más. 

Lo abrí. 1.200 pesetas ponía en la primera página, pasta para un libro de segunda mano. 

Lo hojeé con curiosidad. 

Durrell escribe la primera carta. 
"Estimado Sr. Miller, Acabo de releer Trópico de Cáncer y siento la imperiosa necesidad de escribirle unas líneas..."
Miller le contesta.
"Estimado Sr. Durrell, Su carta también me ha desequilibrado un poco. Es usted el primer inglés que me escribe una carta inteligente sobre mi libro"

Me encantó  aquel primer intercambio y compré el libro sin dudar. Lo leí del tirón en aquellas semanas en Granada. Me enganchó la correspondencia entre esos dos hombres. Los descubrí como escritores y como hombres. Me reí, me emocioné, me indigne y vi pasar por delante de mis ojos 50 años de amistad entre dos hombres que se conocieron gracias a un libro. 

"Esto es todo Larry. Te deseo lo mejor".

Es lo último que escribió (dictó) Miller antes de morir el 7 de junio de 1980. 

Este libro ha estado conmigo desde entonces. Siempre se dónde está. No lo he recomendado nunca y nunca lo he prestado, pero es un libro especial. Cada vez que lo veo en la estantería, me acuerdo de quién era entonces, qué pensaba, qué sentía, cómo era aquella habitación de Granada y del tío que me llamó para quedar "cuando vuelvas a Madrid el viernes", pero esa es otra historia. 

"Granada, octubre de 1998". 




17 comentarios:

Ana María dijo...

Seguro que estabas alojada en la Gran Vía de Colón ;) Habitación ejecutiva es habitación para dormir (sin acompañamiento), debo suponer...

Halaaaa... Salen con las colas al aire en la portada, qué maravilla :P

De Miller leí los trópicos hace muchos años, y los dejé en el olvido. Tal vez, en algún momento, los vuelva a leer.

De Durrell... He leído más a su hermano Gerald, que pinta siempre a Larry como un tipo insoportable, quejica, que odia con fervor todo y todos... pero que, en el fondo, tiene mucha gracia, mucho del sentido común que nos hace falta a veces.

Te mando besos y cariños :) :*

ANuRa dijo...

Como Ana Maria, estoy mas familiarizada con Gerald que con Lawrence, por sus historias para ninyos. Es cierto que en sus libros, como en Mi familia y otros animales, pinta a Larry como a un tipo excentrico e insoportable, pero tengo que decir que, de todos los familiares y personajes que Gerald presenta en sus libros autobiograficos, Larry es mi favorito. Vere si me puedo hacer con la copia ingles de este libro, Moli.

Alicia dijo...

Qué bonita es mi tierra, qué bonita es Granada :)

Anónimo dijo...

Qué bonita es mi tierra, qué bonita es Granada :)

NáN dijo...

Cuánta belleza y profundidad.

Tantas veces he dicho que la Cultura, hasta que no se adereza con una historia personal, no lo es.

Aquí está todo.

Comparado con Gerald, un artista menor, Lawrence es un gigante.

Carmen J. dijo...

Qué post más chulo, Molinos.

Yo leí uno de los trópicos, pero no sabría decir cuál, que también era un libro de mi padre y que se perdió, a saber cuándo. Ni me molesté en leer el otro trópico, ni lo recuerdo.

Y de Durrell, como otros comentaristas, he leído al hermano, a Gerald, que me parece que es más divertido...

Anónimo dijo...

Si, los libros son únicos, cada lector leemos uno diferente, aportamos nuestra lectura, el sentido que tiene para cada uno depende de tantas variables, ....
como el de los post.
Ya no falta mucho para los encadenados de marzo.
Estoy disfrutando con Atwood (Un día es un día)
Nati

ELISA dijo...

Leí el Cuarteto de Alejandría en una plácida convalescencia. Quedé fascinada por el lugar y personajes. Me llegó en momento muy oportuno porque soy mayor que tú y probablemente me quedaba más cerca el surrealismo y existencialismo. Tanto me gustó que al terminar, volví a releerlo, esta vez recreándome en la lectura.

Elena Rius dijo...

Es un libro maravilloso que, lamentablemente, está descatalogado y sólo se encuentra (con suerte) de segunda mano. Quizás si lo recomiendas mucho consigas crear un grupo de presión para que sus editores se dignen al menos sacar una edición de bolsillo. ¡Sería todo un gesto por su parte!

Anna JR dijo...

Pedazo de post. Mi padre también tenía/tiene los Trópicos de Miller y Sexus... que le eché un vistazo de adolescente y casi me mareo. El Cuarteto de Alejandría está allí, en la mega estantería de la buhardilla, ahora ya en los estantes de arriba del todo. Cuatro libros con las tapas verdes. No los he leído. No me han atraído nunca. Y este libro de cartas también lo tiene. También en los estantes de arriba. Ahora,los estantes de abajo están llenos de libros sobre la IIGM, Hitler, Stalin etc...
Jo. Me ha emocionado este post. Molan esos recuerdos que asocias al libro. Y me ha pegado un pellizco lo de que tu padre tenía esos libros... creo que me has dado una idea para un post... ahora cuando me desatasque.
Besos!!

Anónimo dijo...

Este libro tan especial para ti ¿porqué lo será? Te hace recordar una etapa de tu vida en la que eras muy feliz o tal vez te sientas superidentificada con algunas de las páginas escritas en él.Espero impaciente saber quién era ese chico
que te llamó a Granada.Sonia.

Hermano E dijo...

Fantástico post.
Ahora esta tendencia al cebolletinismo que estás padeciendo me preocupa :te vas pareciendo a mi, Saber es acordarse, y tal y tal XD

Aquello noerayo dijo...

Fueron buenos tiempos. Es lo que pensaría yo al pasar delante de la estantería

Aida dijo...

Hola, es la primera vez que comento en tu blog aunque llevo leyéndote un par de meses. Me encanta como narras la vida y sobre todo como hablas de los libros. Yo también me acerco a ellos recordando en qué momento de mi vida los leí.
Leí, hace unos diez años dos de los libros del Cuarteto de Alejandría y me he sentido muy identificada con tu descripición de a ratos hipnotizada y a ratos sobrepasada. Eso sí, recuerdo que gracias a esas lecturas aquel verano Madrid tuvo una atmósfera de Egipto. Muy sensitivos.
A Henry Miller no lo he leído y quizá ya soy mayor.
Muchas gracias por tu blog. Es una inspiración.

HombreRevenido dijo...

Qué tarde llego a comentar, pero no dejaré pasar la oportunidad de decir que es espléndido.

Lo de Granada, lo del libro, lo de la literatura que se mezcla con la vida, lo de los escritores distintos pero paralelos, lo del timing de las novelas...

La madre del monillo dijo...

Y pensar que podíamos habernos cruzado por las calles, en esa época la menda estaba cursando sus estudios de traductora en esa bella ciudad.
Me alegro que tengas tan buen recuerdo

P dijo...

Uff, necesito ese libro. Me encanta L. Durrell desde muy joven, es uno de mis escritores preferidos. Su hermano Gerald me parece más repelente como buen hermano pequeño, jaja, aunque sus libros están bien y los que relatan la vida de la familia en Corfú son maravillosos. La hermana, Margot, también escribió un libro que es interesante si eres muy fan de la familia, no recuerdo el nombre, y el otro hermano tiene algún libro de viajes que nunca he podido encontrar aunque espero hacerlo algún día. Lawrence Durrell me parece un escritor y un intelectual sublime, me encanta ver que a otras personas también les gusta.