martes, 2 de junio de 2020

Esperar el futuro

Malika Favre
El año pasado, el dos de junio aterrizamos en Madrid. Llegamos a casa, nos acostamos para intentar recuperarnos del jet lag y al despertar, fuimos a la compra y me pasé la tarde cocinando, poniendo lavadoras y tiñéndome el pelo. Lo sé porque ayer leí la última entrada del diario del viaje que hemos ido releyendo cada día, justo un año después. Hace dos años estaba en la playa tras haber presentado Los días iguales en Valencia. Hace tres años estaba celebrando el 70 cumpleaños de mi madrina en La Cantina de la estación de Los Molinos en vísperas de irme a Dublin a un concierto de Eddie Vedder y Glen Hansard. Hace cuatro años cenábamos en casa, por última vez, antes de que Nieves emigrara a Australia.  Hace cinco años estaba en el colegio en un concierto de guitarra de Clara. 

En todos esos dos de junio nunca supe ni pude anticipar dónde estaría al año siguiente. El dos de junio de 2014, un año antes de ese concierto de guitarra yo estaba hundida en una depresión de la que creía que no saldría nunca, estaba convencida de que mi futuro era vivir permanentemente queriendo morirme. Sin embargo sonreía viendo a mi hija, todavía niña y no adolescente, tocar la guitarra con un lazo blanco en el pelo. La veía tocar y ni de lejos podía imaginar que un año después dos de mis mejores amigos se marcharían a Australia a vivir. "¿A Australia? ¿os marcháis a vivir allí?", me costó días creérmelo. En su fiesta de despedida tuve mi primer y hasta la fecha único "aquí te pillo, aquí te mato" (y una resaca premium). Esa noche loca no podía ni imaginar  un año después celebraría el setenta cumpleaños de mi madrina días después de haber entregado el manuscrito de un libro que todavía no tenia título. En esa noche de encontronazo ni siquiera había empezado a escribir, ni siquiera había pensado en escribir.  Un año después, cuando el libro ya tenia título, portada, y era un libro de verdad,  lo presenté, completamente afónica,  en Valencia, el día de la moción de censura a Rajoy. Me levanté de la siesta y Rajoy ya no era presidente, recuerdo la sorpresa. La misma que hubiera sentido si alguien me hubiera dicho que un año después estaría volviendo de Nueva York con mis hijas tras haber cumplido uno de sus sueños. 

Volvimos de Nueva York y jamás hubiéramos podido imaginar que hoy 2 de junio de 2020 íbamos a estar saliendo de una pandemia que ha arrasado el mundo y ha dejado nuestras vidas del revés. ¿Dónde estaremos el año que viene?

"Mamá, no te preocupes por las cosas antes de tiempo. No sirve para nada. Si tiene que pasar algo malo, cuando pase, ya nos agobiaremos pero no lo pienses ahora porque no sirve para nada". 

Mi hija Clara con catorce años tiene la actitud vital que yo llevo intentando tener toda mi vida y que, solo ahora, estoy empezando a rozar. No sé donde voy a estar dentro de un año, ni en agosto, ni siquiera dentro de quince días y he aprendido a que me de igual. 

He aprendido a no correr hacia el futuro. He aprendido a sentarme y esperar a que llegue. He aprendido a pararme y decir "Bah, ya lo pensaré mañana". 

Es más descansado y el resultado es el mismo. 


PS: "Ana, qué guapa estás" me ha dicho hoy mi sobrino. Creo que ha sido porque he empezado a pintarme los labios todos los días. 

12 comentarios:

fiorella dijo...

Totalmente de acuerdo con Clara. Un beso

Bego dijo...

Esa es una asignatura que tengo pendiente y ya voy por los 60 y

Asun dijo...

A mis casi 59 años, he logrado interiorizar el Carpe diem. Ánimo y hazle caso a tu hija.

Rosa dijo...

Mi sobrina, que este mes cumple 15, tiene la actitud ante la vida que quisiera tener yo. Desde que tiene 6 le he dicho alguna vez “de mayor quiero ser como tú “ y ella me sonríe y cree que bromeo. En unos días, puede que el día de su cumpleaños, le diré cuánto la admiro. Yo no sé manejar la incertidumbre, y siempre me preocupo demasiado por todo, y ella me tranquiliza haciéndome ver que no soy responsable de las cosas que van sucediendo a los demás.

Anónimo dijo...

¿Y cómo has conseguido vivir sin esa preocupación? Pregunto en serio, porque vivo en una constante ansiedad anticipada.
Tata_Keli

Esther dijo...

La frase favorita de mi marido: No cruces los puentes antes de llegar a ellos.
Pero es taaaaaaaan dificil. Al menos para mí. Un abrazo

lolo dijo...

Hace esos años me dedicaste Los días iguales con tinta verde. Cómo saber entonces que te pintarías los labios todos los días. Me da esperanza saber que se puede aprender todavía.

Anónimo dijo...

Mi marido empezó con una depresión hace 4 años. Siempre le he dicho esas frases. Pero es tan difícil para alguien que todo lo ve de color gris. Ya está empezando a ver la luz del sol. Ah, ha leído tu libro y ha sido muy beneficioso para él, para todos

Yanko Iruin dijo...

El 2 de junio de hace 44 añitos de nada, tus amigos los búhos pasaron por la vicaría. Así que ya pocos 2 de junio nos quedan. Pero, como a Clara, nos da igual. Lo que tenga que soñar, sonará. Chica lista, como su madre...

Anónimo dijo...

Me encanta tu forma de escribir y he pasado por un proceso semejante al tuyo. Cada día me siento mejor...
Un saludo😍😉

Pau dijo...

Me encanta ese momento en donde puedes dejar que el tiempo pase traiga lo que traiga... y ver salir tus canas me tiene a la expectativa.

Anónimo dijo...

No todo iba a ser malo (espantoso, terrible, terrorífico estaría más en la categoría de esta pandemia) y creo que la mayor parte de nosotros ha aprendido a relajarse con el mañana. Un día caí en la cuenta de que por primera vez en mi vida era imposible hacer planes. Lo primero que sentí fue una angustia descomunal ante un hecho tan alucinatorio pero woalá, como no podía hacer otra cosa que dejarme llevar porque nada dependía de mí comencé a relajarme y un hecho más extraño aún, a sentir alivio.

Es una de las sensaciones-vivencias que quisiera mantener de todo lo pasado. Y de momento lo logro.

Cruzo los dedos.

Marga