martes, 21 de abril de 2020

Estos días. Los días malos


Tough day. Pascal Campion
Abro las cortinas del salón y miro fuera. Intento no sentirme culpable. Desayuno siguiendo un ritual exactamente igual cada día. Intento no pensar en el silencio de la casa. Hago la cama, ventilo la habitación. Aguanto como puedo la oleada de nostalgia que amenaza con tumbarme mientras veo de refilón, casi sin querer, las fotografías de mis hijas, de mis hijas conmigo sonriendo, de mis hijas conmigo de viaje, de mis hijas conmigo, las tres felices. Me pongo a hacer ejercicio mientras lucho contra las ganas de mandar los abdominales, las sentadillas, las flexiones y la tabla a tomar por culo. Me ducho mientras trato de no darme cuenta de que se me está cayendo el pelo. Me visto intento no dar importancia al hecho de que me de igual la pinta que llevo, lo rotos que están los pantalones o los agujeros de las camisetas que me pongo. Me siento a teletrabajar, pasan las horas y me esfuerzo para mantener la concentración, para ir sacando todo lo que tengo que hacer.  Ignoro el frío que tengo, la tiritona. Antes de comer salgo a hacer una foto al castaño. Intento que la sorpresa por haber visto día a día como ha brotado sea mayor que la culpabilidad que siento por estar aquí. Como obligándome porque no tengo hambre, porque la mayoría de los días las judias verdes, los garbanzos, los macarrones, los calabacines, el pollo, la merluza...todo me sabe igual. Vuelvo a sentarme a trabajar mientras escucho de fondo a los Mountain Men de Alaska y Montana. Intento no pensar en mis ganas de vivir aparte de todo, de espaldas a lo que sea que ocurre y de aprender a manejar una moto sierra, a construir una cabaña o a curtir pieles, cualquier cosa que me haga sentir útil. Termino de trabajar. Voy al contenedor y los perros lloran como locos porque los dejo solos tres minutos. Ignoro que voy contraída, en tensión, con los hombros a la altura de las orejas. Meriendo galletas con cucharadas de leche condensada por encima y un par de cucharadas de leche condensada sin galletas debajo. No me cuesta nada ignorar la voz interior que me dice no se qué del azúcar y las grasas.  Plantamos unos semilleros y arreglamos varias macetas. Intento relajar la tensión que tengo acumulada en las mandíbulas, la fuerza con la que las aprieto mientras pienso que me haría muchísima ilusión que las semillas caducadas en 2009 que estoy plantando brotaran. No lo consigo. Hablo con mis hijas e intento sonar alegre, confiada, tranquila, divertida. Ceno. Me tumbo a ver una serie y cuando creo que estoy abstraída de todo me doy cuenta de que tengo un tic en las piernas, que no puedo parar de moverlas. Me lavo los dientes sin mirarme al espejo. Me pongo el pijama mientras intento convencerme de que ya queda menos. Me acuesto y me pongo a leer,  me mezo como cuando, de pequeña, tenía mucho miedo y como cuando, en la depresión, me moría de ansiedad. Apago la luz. Me fuerzo a parar de mecerme. Intento dormir. No lo consigo. Estiro el brazo, cojo el móvil le doy al play. En mi oreja suena Get sleepy, un podcast en el que una voz me susurra que va a hacerme dormir mientras me cuenta la historia de un castillo y sus jardines, o me lleva de paseo por una cueva en Grecia o me guía por los cerezos floridos en la primavera de Tokio. Intento surfear la ansiedad con esos susurros en mi almohada. Dormito. 

Ayer o antes de ayer o a lo mejor fue el sábado o el viernes por la tarde escribí que no paraba de llover y que yo no había llorado. Escribí que no me preocupaba la lluvia pero sí el no llorar porque sabía que todo el miedo, la angustia, la ansiedad, la tristeza, la preocupación, el agobio estaban tejiendo, en mi interior, una bola cada vez más grande, cada vez más pesada que no podría seguir esquivando y que la mejor manera de deshacer esa bola, de desenmarañarla era llorar pero no me salía.


Cuando me levanto, por fin, lloro. Y me permito tener miedo, ansiedad y angustia. Y escribir sobre ello.

PS: He empezado un tubo nuevo de pasta de dientes. No me gusta su sabor. 


20 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo no puedo llorar. No sé hacerlo. Y sé que eso no es bueno. Pero no lo consigo.Toda mi vida impidiéndomelo y ahora que quiero no soy capaz

dot weems dijo...

póntelo fácil, deja esta pasta libre y cómprate otra que te guste. ánimo, estás haciéndolo muy bien, sigue así Molinos. un beso fuerte.

Anónimo dijo...

... he empezado un nuevo tubo ...
He leído de ¡leche condensada!
El castaño está precioso.
Nati

Anónimo dijo...

Es terrible. Aquí también estamos pasando unos días muy malos...

Tita dijo...

Yo apoyo también lo de dejar a la pasta libre y comprar otra que te guste.

Lo de la leche condensada es buenísimo para la salud...emocional.

Abrazo apretaito apretaito

lolo dijo...

Dicen que es la quinta semana, como si hubiera muchos estudios sobre las semanas de confinamiento. Los días malos ahora son malísimos, a qué engañarnos. Yo me quedo con el colchón de ganas de vivir que he sentido enmedio de esto. ESTO. Yo también quiero llorar, qué mierda.

Anónimo dijo...

Me gustaría que estuvieras feliz. Disfrutando y leyendo. Valorando unos días de "aislamiento" que con el correr de los días parece que no vendrían mal. Me gustaría, pero eres demasiado inteligente para ignorar todo lo que está pasando...
No nos queda otra que tratar de salir indemnes de todo esto.
Tratar de mantenernos a flote

Tratar de seguir,cada día, un poco mejor

Yo ayer lloré desconsoladamente como hacía tiempo que no lo hacía. Llevaba todo el día evitándolo, y por la noche me desahogué. No sé qué tiene la noche de madre, bruja o abrazo. A veces es aterradora, y otras, como los sueños, es misteriosa y reparadora.
Te doy las buenas noches!

Qué la noche te repare, te meza, te mime, te escuche, te abrace y te seque las lágrimas con todo el amor que irradias

Enja

Anónimo dijo...

Yo también te entiendo....como dice alguien por ahí arriba será el efecto de la 5ª semana y ya la 6ª pero, a mi se me está haciendo muy difícil y veo que a otra mucha gente también.
No estamos hechos para vivir encerrados...
Pero supongo que hay que tener paciencia y animarnos como sea porque queda, aún queda.
Mucho ánimo Molly. Todo irá bien, ya lo verás.
Muchos bss
Pilar

Lo+ dijo...

Si te es posible, trata de concentrarte en lo positivo que tiene todo esto, que lo tiene.
Y a ratos, en los malos o los peores, concéntrate en que cada vez queda menos para salir, no en las 5 semanas que llevamos sino en que sólo quedan 3 para salir. En que estas en Los Molinos con tu madre, no en el tiempo que llevas fuera de tu otra casa sin tus hijas. En los ratos que sí duermes y descansas, en la comida que te gusta aunque sea leche condensada. No analices ahora cómo saldremos, cuantos kilos habras engordado por culpa de la leche condensada. si quieres predecir el futuro trata de predecir con lo bueno que este momento va a dejar, aunque solo consigas ver el descenso de la polucióm de Madrid. Busca, concéntrate en esto y cuentanoslo, por favor, ya lo consigas o no. Cambia el tubo de la pasta y la pasta de tu pensamientos. El positivismo se entrena y tienes una ocasión muy buena y tiempo para practicarlo.

MeGustaSerMama dijo...

Por primera vez en once años desde que te descubrí, lloro al leerte.
Esto nos viene grande y nos supera a todos , a mi mucho.... Anestésiate, no pienses más que en el minuto..será más o menos largo pero..pasará!

Esther dijo...

Un abrazo

Unknown dijo...

Yo pensaba que te gustaría el aislamiento, leyendo tu blog creía que no te gustaba salir por Madrid..

Caro dijo...

A mí me ha costado varios días darme cuenta que lo que tenía era una "ansiedad encubierta". Tengo picores por todo el cuerpo, mi estómago va por libre, también me cuesta conciliar el sueño y el lunes por la noche lloré sin consuelo.
Estoy en ello para intentar bajar ese nivel de ansiedad. Lo que tengo clarísimo es que no voy a estar alegre porque "tenga que". Los días malos también pasarán. ¡¡Ánimo, un beso!!

Voz en off dijo...

Es alucinante que estemos llevando esto tan bien!

Jorge Ariz dijo...

A mí se me encharcan los ojos en cada telediaio, o leyendo el periódico local, tan cercano todo. No llegan a desbordar las lágrimas, pero ahí están, siempre presentes.

Si te sirve de un poquito de consuelo, te envío un abrazo grande.

Y llora, sin miedo, tu alma habla.

Anónimo dijo...

Igual nos vendría bien a todos la oración en estos días de confinamiento.....solo Cristo tiene palabras de vida eterna.
Mucho ánimo

Anónimo dijo...

Hay diferentes tipos de angustia en tiempos de confinamiento. Una te oprime, otra te agobia, la tercera te ahoga, no te deja respirar. Y hay una especial, un que ni te ahoga ni te oprime ni te agobia,sino que te desgarra por dentro cuando muere un familiar no le puedes despedir ni enterrar y un gobierno desalmado lo contabiliza como un número y ni siquiera hace luto oficial

Anónimo dijo...

El día es parecido al mío. Yo tb teletrabajo, cocino, limpio la casa... Me siguen faltando horas para ver series y leer los libros que me esperan. Acabo agotado y duermo de un tirón.

Margaruta dijo...

Gracias x este texto.

Eva dijo...

Qué penita me has dado!! Piensa lo que yo, a lo mejor te funciona...
"Todo puede ir infinitamente peor, ¿verdad? luego si estoy así, estoy de lujo,, alégrate!!!"

Recuérdalo todos los días, cada vez que te venga pensamiento indeseable, ya verás como funciona, es cuestión de trabajarlo y practicarlo. Te lo dice una que ha pasado lo suyo...y quien no, ¿verdad?

Besitos.