viernes, 9 de febrero de 2018

Personas y papeles

Dan Gluibizzi
Cuando conocemos a alguien es siempre un papel en blanco, incluso nuestros hijos son así, un folio limpio, impoluto, en el que están todas las posibilidades y ninguna. Hay gente que sin embargo se convierte rápidamente en papel de envolver, precioso a la vista pero con una utilidad limitada. No hay que menospreciar la belleza, algunas de esas personas envoltorio son tan preciosas que, a veces, te preguntas cómo sería ser como ellos. Otros, muchos, parecen bonitos pero son como el papel de los chinos, su hermosura dura poco, es impostada, de mentira y se rompe enseguida. Hay gente en la que te quedarías a vivir solo para poder contemplarla cada día, son el elegante papel pintado que recubre algunas paredes o, a veces, habitaciones enteras y que siempre te hacen preguntarte cómo de seguro hay que estar para decorar una pared con un papel lleno de mariposas, violines o palmeras. 

Hay gente que es como el brillante papel de una chocolatina, atractivo por fuera, son un poderoso reclamo por su promesa de placeres futuros al descubrir lo que habrá dentro pero al abrirlos  dentro solo se reflejan a sí mismos, porque son como un espejo. Otros son como las guirnaldas recortables, parecen divertidos pero rápidamente su ingenio se revela como algo repetitivo y sin sorpresas. Algunas personas son como post it, siempre te recuerdan algo. Otros son como la servilleta llena de dibujos, frases y monigotes. Un torrente imparable de ideas y planes que después no van a ninguna parte porque se pierden, se olvidan o quedan arrinconados en el fondo de un bolsillo. Otros son como los kleenex usados llenos de mocos y lágrimas que llevas en la manga, en lo más profundo de tus bolsillos o en ese compartimento con cremallera de los bolsos en el que solo guardas las cosas que no quieres perder y necesitas encontrar. 

A veces, por sorpresa, me asalta una frase intercambiada en una conversación y descubro que, quizás, el sentido que yo le había dado en su momento no es el correcto, que puede tener otro sentido. Desdoblo entonces esa frase y a la persona que me la dijo y descubro al doblar la esquina de su sentido que estoy en un callejón sin salida. Hay gente que es así, como un papel doblado, descubres que tienen mil dobleces y te inquieta sentir que hay algo detrás de cada pliegue que no puedes anticipar. Algunos, pocos, tras sus dobleces esconden una obra maestra de la papiroflexia, y cuando terminas de conocerlos descubres una rana, un pez o la flor más preciosa que hayas visto jamás. Son ese tipo de gente que siempre te hace descubrir realidades diferentes, gente que te enseña, que hace que te interesen cosas que ni siquiera que existían. Son el tipo de personas que te empujan a querer parecerte a ellos, quieres aprender a ser como ellos, a hacer papiroflexia, sabiendo desde el primer momento que nunca serás una rana, que como mucho lograrás ser un avión medio decente. Pero los dobleces no llevan siempre a la admiración, a veces son solo arrugas que esconden en sus pliegues lo peor de la especie humana: mugre, arena, restos de ketchup o de caca que una vez estuvieron pegados a tus dedos y de los que intentas librarte. La gente arrugada se te pega a los dedos, se esconde, se agazapa en tus bolsillos y en tu bolso para asaltarte por sorpresa. Es complicado librarse de ellos, lleva su tiempo. Aunque te olvides de ellos, aunque los laves en la lavadora, reaparecerán en forma de migas descompuestas pero que identificarás en un instante recordándotelas. 

Algunas personas son como una página de cuaderno cubierta de escritura menuda de principio a fin, en una especie de horror vacui, gente que sabe cosas, con experiencia, con criterio,  a las que recurrir para resolver un problema. Hay otros que son como papel de embalar, fuertes, rectas, resistentes, te protegen y te aislan cuando tienes miedo, cuando estás asustado o simplemente sobrepasado. Hay otros que son plástico de burbujas, te protegen y además consiguen que te rías cuando más abrumado estás, cuando lloras de tristeza absoluta o de desesperación. Y hay gente papel de sucio, te falló en su día, ya no te sirven, las superaste pero si lo piensas bien algo de lo que pasaste con ellos, su cara en blanco quizás te sirva en un futuro, quién sabe si para escribir un post sobre personas y papeles. 

13 comentarios:

Anijol76 dijo...

Estas reflexiones comparativas son siempre estupendas. Aunque me quedo con la duda de qué seré yo. O no, no sé si quiero saberlo.

Anónimo dijo...

Maravilloso texto

Marga dijo...

Qué buen rato buscando el papel de cada cual en mi vida. Y me he dado cuenta que ganan los buenos.

Punto para ti por hacérmelo ver. Y encima viernes... ufff. Casi como un papel satinado y de escritura suave.

Gracias!


Anónimo dijo...

Menuda genialidad. Envidia de la mala de tu talento.

Hermano E (incapaz de registrar mi cuenta de Google en el IPad )

sonia dijo...

Muy bien,muy bien,me ha gustado mucho.
Igual es que para valorar el papel bonito,necesitamos haber utilizado el sucio anteriormente,¿no?
Muy chuli.

Anónimo dijo...

No acabo de encontrarles la "esencia" a estos textos, sorry. Añoro a la bloguera sin pretensiones literarias y me da miedo soltar eso aquí por si quedo como una persona arrugada. Vuelve a tu origen y hazme feliz.
Un saludo.

MG dijo...

Yo como Annie, claro. Supongo que todos somos papeles de todos los tipos según a quien le preguntes.

María dijo...

Y luego hay gente como tú, que da gusto leer. Me pregunto como serás por dentro, aunque tampoco es asunto mío.

Laura Morrón Ruiz de Gordejuela dijo...

De lo mejor que has escrito. Me parece una genialidad y da gusto leerlo de lo bien escrito y estructurado que está. Se puede nadar a través de él.

eviam dijo...

Jo!, qué buenoooo!!! Felicidades <3

Paula dijo...

Muy bueno!
Original, interesante, reflexivo... metáforas nuevas y usadas, perfectamente combinadas. Felicidades! Me has hecho pensar,sonreir y también me has animado una mañana de domingo opaca y melancólica, o triste o apagada o absurda o medio rota o mal usada o pinchada, envuelta en celofán.

ME habría encantado, dicho sea de paso, haber coincidido contigo ayer en la plaza mayor de Valladolid. Una pena no haberte visto. Creo que te habría saludado (timidez, inseguridad, ya sabes!)

Buen día y gracias por el post tan chulo
Enja



Anónimo dijo...

Añoro a la Molinos de antes. No se cuando se perdió. Un dia te descubri, creo que llegué a través de un despelleje y me hiciste gracia. Aquella Molinos que hablaba del ingeniero y las princesaz. Antes no me parecia, o no me daba cuenta, pero ahora me parece que pones muchas etiquetas, que juzgas mucho. Yo creo que hay muchas personas no tan definidas, que pueden ser papel de regalo o de empaquetar segun el dia

Oswaldo dijo...

Fantástico post!!!

Quiero creer que yo sería papel de cuaderno sin rayas, con muchas, muchas anotaciones y dibujos, algunos artísticos y otros solo representarían un momento de reflexión.
Algunas manchas y borrones también estarían plasmados y a la vista, que también esos tienen su propia historia, tanto, que podría haber varios que representen algunas de las anécdotas más importantes, para bien o para mal, para deleite o dolor.
Habría cosas borradas, aunque casi siempre lo que borras en una hoja de cuaderno puede leerse si se hace suficiente esfuerzo. Pero seguramente no valdría la pena.
Así también habría cosas repasadas, adornadas y subrayadas y vueltas a repasar y subrayar. Por puro gusto.


Está claro que me gustó mucho tu post y aunque puedo entender que haya gente a la que no le guste, me pregunto, como me he preguntado antes otras veces ¿Por qué será que los criticantes (que no “críticos”) (casi) siempre firman como "anónimos"?

Los de hoy no fueron muy duros, tal vez solo unos simples algo nostálgicos de las “cosas que me pasaron” (A ti). A veces hay algunos que destilan veneno.
Por cierto que hablar de éstos hace que me venga a la mente un tipo de papel que no mencionaste, que viene en rollo y se corta en cuadritos y se coloca en los cuartos sanitarios y sirve para limpiarse aquel.