jueves, 10 de mayo de 2018

Los Días Iguales y la ballena

«En 1970, en un pequeño pueblo de Estados Unidos, una enorme ballena, más grande que esta sala, apareció muerta y varada en la orilla de una de sus playas.  Los lugareños, no sabiendo cómo deshacerse de aquello,  decidieron colocar cargas de dinamita debajo. En el vídeo, disponible en YouTube, se puede ver cómo un presentador bastante parecido a Donald Trump retransmite toda la situación. Él sujeta el micrófono, detrás al fondo se ve la ballena y a una serie de obreros colocando las cargas y al resto de los lugareños contemplando el espectáculo, haciendo picnic, esperando el resultado. Mientras ves el vídeo tienes la sensación de que no es buena idea, parece molona, parece chula pero el resultado no está claro que vaya a ser el esperado. Todo transcurre según el plan de los expertos, tras colocar las cargas, los técnicos se apartaron a la distancia que ellos creyeron prudencial y con las cámaras en marcha y el presentador retransmitiendo muy emocionado procedieron a explotarla. El resultado fue que una lluvia de trozos de ballena destrozó coches, hirió a varios espectadores, acabó en las barbacoas de los que hacían picnic y los bañó a todos en sangre y restos orgánicos. Un completo despropósito.

¿Por qué hablo de esta ballena? Porque fue en lo más duro de mi depresión cuando yo vi aquel vídeo. Era agosto de 2014 y estaba en el Perigord francés con Juan y con Paloma. Estábamos alojados en el apartamento Jocelyn Baker y cada noche, al volver de recorrer la zona Juan me ponía vídeos o me contaba anécdotas para distraerme. Unos días antes del viaje yo había ido llorando a pedir el alta de mi primera baja y la víspera del viaje no había podido levantarme de la cama de miedo y ansiedad. A pesar de todo, nos fuimos de viaje y fue un buen viaje, estuve bastante bien. 

Bastante bien quiere decir que no me dolía la vida, que comía un poco y que dormía unas cuatro horas del tirón toda la noche. Pensé que me estaba curando o, mejor dicho, pensé que no estaba enferma, que ese viaje era justo lo que necesitaba. Un cambio de aires, despejarme, salir de mi rutina, ver las cosas desde otro punto de vista, cambiar la dieta. Nada de eso era real y al volver caí en lo más duro. 

Cuando me senté a escribir Los días iguales, ni se llamaba Los días iguales ni sabía que estaba haciendo. Cuando pensé en esta presentación se me vino a la cabeza aquel viaje, el precioso vestido blanco de ser feliz que me compré en una tienda de ropa antigua de Touluse y la ballena. Sentarme a escribir sobre mi depresión creo que ha sido como colocar las cargas explosivas bajo la ballena. Mi depresión estaba muerta ya, creo, pero seguía en mi orilla. Cada mañana podía verla, tocarla, olerla, estaba ahí. Sentarme a escribir era describirla cuando todavía estaba viva, cuando me dolía, me aplastaba y no me dejaba vivir. Terminar el libro fue hacerla estallar. Y ahora, llegado el momento de que otros lean lo escrito, es el momento de ver si esos trozos, van a aplastaros, heriros, mancharos o simplemente van a haceros pensar que efectivamente escribir sobre ella, dinamitarla, ha sido malísima idea, pero la ballena ya no está, desapareció. Ahora es el momento de saber si dinamitar la ballena fue buena idea. Lo que tengo claro es que es algo que hice en el momento correcto, ahora ya no podría hacerlo porque se me está olvidando, porque cada vez que me he releído en el proceso de editar todo aquello me ha parecido más lejano, menos yo. Ahora ya no podría escribirlo. 

Pensando en esta presentación he tenido dos pesadillas; en una aparecía en pijama y con unos calcetines rojos llenos de agujeros y en la otra hilaba un maravilloso discurso pero acababa llorando. Ninguna de las dos se ha cumplido. Y ahora ya solo me falta decir: ¡comprad, comprad, mis hermosos jabalíes!» 

Esto es, más o menos, lo que dije ayer en la presentación de Los Días Iguales. Antes y en una sala abarrotada de familia, amigos y encantadores lectores desconocidos, Oihan y Luis habían hablado del libro y de mí elogiosamente, demasiado elogiosamente desde mi punto de vista. 

Ya está hecho. Escrito, publicado y presentado. Solo falta que lo leáis porque como me dijo mi sobrino de siete años al terminar la presentación: Ana, no has contado el cuento que has escrito. 

Tenéis que leerlo si queréis y veremos si explotar la ballena ha sido buena idea.    

Muchísimas gracias a todos los que estuvisteis allí, los que me mandasteis mensajes y los que me leéis por aquí. 

21 comentarios:

Vicente Carrasco dijo...

Va a haber una versión para e-book?

molinos dijo...

Vicente, ya la hay. Entra en Amazon en el enlace que hay en el blog, arriba a la derecha y ahí está disponible.

Gracias.

Iraide Talavera dijo...

Anoche, a las tres de la mañana, terminé de leer "Los días iguales". No podía parar.

Tenía una idea de cuáles eran los síntomas de una depresión, pero tu relato me ha ayudado a descubrirla en lo que tiene de horror, de impotencia, y aún así sé que no soy capaz de imaginar ni la mitad del sufrimiento que atravesaste.

Tus trozos de ballena son útiles para abrir los ojos a una sociedad que aún cree que los trastornos psíquicos se curan mediante el ejercicio de la voluntad. Nuestro cerebro no es tan simple como para controlar sus procesos, por mucha frustración que eso nos cause, y lo único que se puede hacer es buscar ayuda y esperar.

Me alegro de que tu sonrisa de diente roto vuelva a brillar. :)

Un abrazo.

Iraide

Salamandra dijo...

Muchas felicidades, escribir una novela me parece una proeza. Olé tú!!!.

Ahora mismo me la pillo en Amazon, porque pasamos una mala época al mismo tiempo, y posiblemente la chispa que nos incendió, se debió a lo mismo. Me interesará mucho leerte, estoy convencida de que me tocarás muchas cuerdas que tengo aún desafinadas. Como tu ballena varada. Gran analogía :-)

Me alegro de que todo haya quedado atrás, en mi caso así ha sido. Y menos mal, nena. Esos pozos negros son lo peor.

MARIA ANGELES dijo...

Compré tu hermoso jabalí, y me enganché. Pienso repartirlo y recomendarlo, al igual que recomiendo tu blog y tu anterior libro.
Me alegro de que estés bien, y te agradezco que me hayas acercado a una enfermedad que nunca he entendido, pese a haberla tenido cerca. Me alegro que algunas de tus frases hayan sido bofetadas en mi cara (¿cómo pude decirle eso a x persona? ¿por qué no la entendí?).
No escribo tan bien como tú, así que GRACIAS.
Espero que vendas muchos hermosos jabalíes, te lo mereces.
M. aNGELES

Anónimo dijo...

Qué ganas!!!! Hoy mismo se lo pido a mi librera.

Galiana dijo...

Muchas felicidades Ana. Y sobre todo enhorabuena por haber podido explotar tu ballena.

Sílvia dijo...

Mañana la compro...cúanto más leo sobre tu jabalí, más ganas tengo...

Un abrazo!

Saturada Grasa dijo...

Enhorabuena. Escribir un libro debe ser como un eterno parto.
Yo llevo toda la vida intentándolo.
Y a más a más con una temática tan particular, intima y muchas veces secreta, pues produce cierto rubor confesar esa realidad paralela cuando se vive.
Lo pillare, por supuesto, pues te leo, te sigo, te copio, te cito, te recomiendo, y te admiro. Desde la distancia y desde el silencio.
Suerte.

Ana dijo...

Creo que a mi madre le hubiera gustado mucho leer tu libro... no sé si yo seré capaz.

HombreRevenido dijo...

Me muero de ganas de comprarlo y de leerlo. No sé si me gustará. No sé si lo entenderé, sobre todo. Pero es una necesidad imparable. El libro por fin está.

Como diría uno de mis referentes, Hansel de Zoolander, el libro que tú has escrito yo no lo he leído, pero el haberlo escrito me inspira respeto.

Ojalá no sea el último.
PD.- Me lo tendrás que firmar

José Ramón Hernández Correa dijo...

Enhorabuena.
La literatura es una cosa muy extraña: Es como una ostra, que de un puñetero grano de arena que le está haciendo mucho daño acaba creando una perla para protegerse y aliviarse y para hacernos felices a los demás.

Ther dijo...

Me lo terminé el finde pasado (fui con adelanto, ya ves...) y me dio bastante, bastante miedo. Me has acercado a algo que, por suerte, nunca he vivido de cerca, y he logrado entender más de lo que creía.

¡Gracias por todo, Moli!

Anónimo dijo...

Por qué mis bolis de tinta verde me recuerdan a un trozo de ballena?

Y por qué veo de color rojo el libro amarillo recién publicado?

"Ana, no has contado el cuento que has escrito..." pero has vivido el cuento que has contado , y afortunadamente con final feliz. Enhorabuena.

Qué grande tu sobrino!!

Anónimo dijo...

Hola Ana, soy Chiqui. Acabo de terminar de devorarme tu libro. Gracias por tener la valentía y la generosidad de compartir esos meses de terror porque vas a abrir muchos ojos y a ayudar a mucha más gente de la que imaginas. Un besazo

molinos dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, no sabéis la ilusión que me hace.

Chiqui ¿de Los Molinos? :) Gracias

NáN dijo...

Hace veintitantos años tuve una depresión que tardó un año en desaparecerme. Pensé que no podía haber algo peor. Me equivoqué: 5 años después tuve otra que duró el doble.

Si en aquel tiempo hubiera existido tu libro, sé, por lo que he leído, que me habría librado de unos sufrimientos muy duros y propongados.

Anónimo dijo...

Quiero leerlo.... pero también me da miedo porque yo he conocido ese pozo, ese tunel sin luz al fondo...
Lo leeré o al menos lo intentaré porque seguramente tus trozos de ballena me ayuden a "hacer volar" los míos.
Gracias
S

Anónimo dijo...

Hola, Molinos.

¿Se podrá comprar en la Feria del Libro de Madrid? ¿En qué expositor?

molinos dijo...

Hola Anónimo, estamos en ello, espero poder anunciarlo pronto. :)

Anónimo dijo...

HOla, Molinos. Soy el Anónimo que te preguntó si el libro estaría en la Feria del Libro de Madrid. Se me olvidó poner mi nombre en el comentario ;). Estuve el domingo en la feria buscando tu libro y no lo encontré. En la caseta de la Librería Antonio Machado (nº 34), me dijeron que lo tenían en la tienda pero no en la caseta.. ¡Menuda decepción! No quería comprarlo por Amazon porque quería hacer una compra "especial" para un libro que creo que será especial al leerlo... En fin, ¡saludos de una admiradora que te sigue desde hace mucho (aunque comente poco)!
Begoña (ahora sí)