miércoles, 16 de mayo de 2018

A veces los extraños son casa


«Hace diez meses perdí un hijo» 

El aire de la librería se congeló y todo empezó a girar a nuestro alrededor. De pronto, una agradable conversación sobre libros, entre tres completas desconocidas, se había abierto como un agujero negro y nos había engullido. Los lomos de colores de los libros giraban a mi alrededor, me sentí engullida por un tornado que estrechándose me empujaba a abrazar a la desconocida de dulces ojos azules que había dicho «Hace diez meses perdí un hijo».

No dijo murió o se mató, dijo «perdí un hijo» mientras acariciaba la portada de mi libro. Luego, levantó la mirada, nos sonrío y consiguió parar el torbellino y que el aire recuperara su temperatura. La librera y yo volvimos a respirar. Ella corrió a la estantería, cogió un libro y se lo enseñó: «no te va a ayudar, nada te va a ayudar pero...» Yo seguía mirando como acariciaba la portada de Los Días iguales que tenía entre las manos. «Creo que hoy no, pero volveré otro día y me llevaré estos dos libros, el tuyo y el que me has recomendado» 

Quise abrazarla. Lo pensé. Lo sentí. No lo hice, solo le rocé el brazo. «Lo siento»

«No sé porqué os lo he dicho. Es la primera vez que lo digo en alto. Yo misma estoy sorprendida» 

A veces, los desconocidos se convierten en un lugar seguro porque son  folios en blanco que no te juzgan, ni esperan nada de ti. Con los desconocidos no tienes que fingir. En ellos puedes  escribir algo desde cero, expresar con ellos algo sin historia, sin pasado. «Hace diez meses perdí un hijo» No sintió la necesidad de decir que su hijo estaba muerto porque eso ya ocurrió, ya pasó, su hijo ya no está... no va de él, de su muerte. Va de ella, lo perdió y continúa perdido, lo está para siempre, perdido para ella. 

Quiero pensar que decirlo en voz alta la ayudó, fue soltar un poco de peso, dejar escapar la presión, abrir la válvula. Quiero pensar que algo en aquella librería, en nuestra conversación sobre leer y escribir le pareció acogedor, le pareció adecuado, le pareció un lugar seguro pero ojalá la hubiera abrazado. 


13 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces los desconocidos son pequeños remansos de luz. No llevas etiquetas ni prejuicios que adornen o desmejoren lo que dices. Se puede reír o llorar sin la carga de una persona a que te conoce y va a hacer conjeturas vanas. Los consejos son limpios , sin que te invada la sensación del oportunismo ajeno.
Tenías que haberla abrazado!

Maribel dijo...

Precisamente hoy ha muerto el hijo de un compañero de trabajo. 15 años. Accidente de coche.
Espero que su padre encuentre todo el apoyo que necesita, aunque sea solo una mirada llena de pesar y un roce en el brazo de un desconocido en una librería... a veces solo eso basta y a veces no hay nada que sea suficiente.
Por qué pasan estas cosas?

Anónimo dijo...

Ningún padre debería sobrevivir a un hijo. No se me ocurre nada peor que eso. Nada.

Aurelia La Xata dijo...

Es que los que sufren son los que se quedan.
Yo también perdí un hijo... Y no hay dia que no lance un suspiro o quiera gritar que vuelva...

Tita dijo...

No aguanté más y tengo tu libro en digital, así que nada de firmas. Sólo dura 3:55! Tienes que empezar a escribir otro pronto.

Le tocaste el brazo. En el mundo de las aperturas a desconocidos ya es un montón.
Yo soy muy abrazona, pero no me gusta que me toque el brazo cualquiera.

Anónimo dijo...

Es un horror y a la vez es precioso cómo lo cuentas.

Anijol76

María dijo...

Podías haberle regalado tu libro...

Sara M. dijo...

Efectivamente, los desconocidos muchas veces son mejores que los medio-conocidos o incluso amigos...

sasadogar dijo...

Ójala encuentre consuelo, y quizás tu libro le permita verse reflejada y sobrellevarlo de la mejor forma.
Ganas de leer tu libro.

Anónimo dijo...

No puedo imaginar nada más horrible que perder un hijo, y nunca nuestra imaginación llegará a saber como es ese dolor.
Ese "toque" en su brazo para ella, fue como un abrazo.
Gracias por contarlo así de bonito.
S

Esther Estruch dijo...

Creo que en momentos así, solo con estar ahí es suficiente... La cosa iba con ella, con el paso tan importante que dio en su camino a la aceptación, así que “estabas” y eso es lo que cuenta, tienes que verlo así. ;)

Anónimo dijo...

Esto es la vida, una mezcla de dulces caricias y amargos golpes. En ambos casos lo mejor es tener gente cerca con la que compartirlos, para disfrutarlos o amortiguarlos según el caso.

Esther dijo...

Por experiencia propia te digo que ese gesto tuyo de rozarle el brazo seguro que lo sintió como cercano, como un lo siento. A veces es más fácil soltar así de pronto estas tristezas que llevamos dentro con un desconocido, que en un momento determinado, quizás, solo quizás, sientas cercano a ti.