lunes, 12 de septiembre de 2016

A Woody se lo perdono todo

Hay hombres que me gustan, hombres que me parecen sexys, hombres a los que no soporto y hombres a los que les perdono todo. De esta última clase hay tres: Paul, Bruce y Woody. 

A Paul le perdono sus libros malos, a Bruce sus canciones espantosas y comerciales y a Woody que haya dejado de creerse lo que hace.

He visto Café Society. No sabía de qué iba. No leo contraportadas de libros, ni críticas de películas, ni cotilleo IMDB antes de ir a ver una película por placer (si es por trabajo si lo miro para saber en qué círculo de Dante va a estar mi nivel de sufrimiento), así que me siento y según se funde a negro y sale la característica tipografía de sus pelis y suena la música digo: Woody hazme tuya. 

Cuando acaba la peli estoy decepcionada. No indignada, ni cabreada ni hostil, decepcionada es lo que define mi estado de ánimo. La película no es horrible (está lejos de los círculos que suelo frecuentar) pero es decepcionante. Mientras bajo a por mi coche que está en el último nivel del parking, rozando el núcleo de la tierra reflexiono sobre porqué me ha decepcionado tanto. 

¿Es la historia? La historia no es gran cosa pero ¡por Dios! Woody ha hecho maravillas con historias absolutamente idiotas. 

¿Son los actores? Bueno... el que hace de Woody ha debido pasar horas y horas y más horas hasta sumar un par de años de vida mirando películas con Woody de actor e imitando toda su gestualidad, porque lo clava. Temo que jamás vaya a recuperar su posición de hombros natural. 

¿Es el ritmo? Puede. Cuando crees que necesitas una voz en off que explique al espectador lo que (obviamente) está pasando en la película quizás no confías en ti mismo, ni en la narración ni en el espectador. Tres "nis" seguidos son catastróficos. 

Según vuelvo a casa conduciendo sigo dándole vueltas. 

En esta película hay dos mujeres guapísimas que se enamoran del alter ego de Woody, que es como él: feo, poca cosa, con los hombros hundidos y un cuerpo que parece a punto de quebrarse en cualquier momento. Tiene una personalidad débil, de hombre pequeño, es asustadizo, ingenuo y propenso a correr a la falsa seguridad antes que a la peligrosa pasión. Es un hombre que se rinde pero entiendes que a ellas el rollo "pareces un cervatillo a punto de ser atropellado" les guste, que lo encuentren adorable. 

Pero ¿y ellas? ¿Por qué se enamora él de ellas? Sé lo que ha pretendido mostrar Woody, lo que ha intentado contar, pero es que no consigue que me enamore la protagonista ideal que le coloniza la vida y lo hará para siempre. Sé cómo quiere que sea, cómo quiere mostrarla, pero no le sale. No sé si es la actriz.  Sospecho que no, sospecho que es el personaje creado por Woody. 

Pienso en lo que me hacen sentir Diane Keaton en Annie Hall o en Misterioso asesinato en Manhattan, Angelica Houston jugando al póquer, Evan Rachel Wood en Si la cosa funciona, Elizabeth Sue en Desmontando a Harry, incluso Scarlett (a la que no soporto) en Match Point o Mía Farrow... y se me enciende una luz. 

Maniobrando para aparcar en el garaje de casa me doy cuenta de lo que le pasa a esta película, de lo que le pasa a todas las películas de Woody que he tenido que perdonarle: sus mujeres ya no me enamoran. 

Woody, por lo que más quieras, vuelve a escribir mujeres que me enamoren aunque no las entienda, aunque me vuelvan loca, aunque sienta que quiera salir huyendo... pero que sean mujeres que te creas. 

A estas no se las cree nadie y el que menos tú, pero te perdono. 



16 comentarios:

CiriKaerMorhen dijo...

Yo la verdad creo que son las actrices. A Blake Lively ya es que no sé muy bien por dónde pillarla, es la primera vez que la veo, pero en el caso de Kristen Stewart, es que la tengo bastante calada ya desde "Crepúsculo" y... en fin, siempre me ha parecido una actriz bastante malilla, que da la impresión de que no se cree jamás el papel que está haciendo. Es como ver a Angelina Jolie (salvando distancias), que nunca es el personaje, sino que siempre ves a Angelina "haciendo de".

Eso sí, la película estéticamente me parece una gozada. La fotografía, el vestuario... todo eso me encanta, pero es que en casi todas las películas de Woody Allen me pasa.

Yo creo que en lo que falló un poco, pues, fue en el guión + la elección de actrices principales. Si un guión no es gran cosa pero el actor/actriz es genial, o el actor/actriz no es muy allá pero el guión es magistral, la película se salva, pero en este caso...

meritxein dijo...

Estoy contigo, Moli. No te enamoran a ti pero, sobre todo, no le enamoran a ÉL, y yo creo que esa es la clave, como con Hitchcock. Antes escribía personajes pensando en esa actriz que le encantaba...

Anónimo dijo...

La verdad, nunca he sido muy fan de sus películas, pero es que él como persona me produce mucha repugnancia. Sólo por el hecho de ser quien es, se le ha perdonado todo, como tú dices. Imaginemos que nuestro vecino de al lado, se enamora de su hijastra, él cincuentón, ella una niña de 19-20 años. Me da igual que los dos sean mayores de edad, que lo eligieran libremente. Me produce mucho asco el pensar que el padrastro se fije sexualmente en la hija de su pareja, la situación me parece una aberración y él un degenerado, y me es imposible separar ese pensamiento de las películas que hace.

Anónimo dijo...

No he visto la peli y no creo que vaya a verla porque lleva ya muchas películas que no interesan nada... Yo creo que lo que ha perdido definitivamente es el guíón....
Anónima Marta

ELISA dijo...

Yo también le perdono todo y, en este caso, hasta pasé un rato agradable, eso sí exento de pasión. Estuvimos comentando "lo que le pasaba a Woody" y llegamos a la conclusión de que en estos tiempos le cuesta sorprendernos, pero eso que apuntas, de las protagonistas, no se nos ocurrió y podría serlo.

Anónimo dijo...

es monotematico, rollo y recurrente. Las actrices por supuesto...opino lo mismo que el primer comentario.

MG dijo...

​Es tan bonita visualmente que se te olvida un poco que llevas una hora y cuarto en un cine sin tener del todo claro qué es lo que quiere contarte.

La historia del hermano me sacó completamente de la peli.

Creo que también se lo perdono todo, porque aunque hace bastante que no me entusiasma (salvo Midnight in Paris) voy a seguir viendo todas las pelis que le queden por hacer. Y las que ya ha hecho y que todavía no he visto.

El primo del Chicodelaconsuelo dijo...

A Woody se lo perdono todo
Como dijo soon yi

el chico de la consuelo dijo...

Soy un gran creyente en el sensacine.
No sé si lo conoces!!

Y no hagas caso a mi primo que es un cochino
siempre pensando en lo unico.

Muaksssss

NáN dijo...

Tenía medio escrita una queja razonada de este post, cuando, terminada una siesta me he encontrado estos párrafos de Iker Zabala y me he dicho: “Como siempre, en cine dice mucho mejor y más completo lo que yo pienso”.
Quien quiera lo tiene fácil para encontrar en Café Society los peores defectos de su obra reciente, ya saben, alguna escena que más parece ventilada que rodada y demás lugares conocidos. También se puede decir, como se lleva de hecho diciendo treinta años o más, que Woody se repite. Es cierto: abundan en la película los ecos, los déjà-vus y las ideas recicladas que seguramente funcionaron mejor en Días de radio, en Hannah y sus hermanas o en Balas sobre Broadway. Pero al mismo tiempo todo el reparto de la película brilla (empezando porJesse Eisenberg, en quien Allen ha hallado su perfecto alter ego de voz atropellada y pantalones a la altura del ombligo), el hilo de la narración nunca decae (seguramente porque la parte predilecta de Woody parece ser aquí su tercio final) y la historia se cierra con ese poso de amargura melancólica, tierna y lúcida marca de la casa. La película es además un agradable paseo por el Hollywood dorado de los años treinta, superficial y temible, y por sus antípodas culturales: el Manhattan idealizado de la infancia del director. Todo ello fotografiado por Vittorio Storaro nada menos, que se ha pasado al cine digital y envuelve a las mujeres de la vida del protagonista en la luz con que se viste a las musas.
Hay además una novedad: la voz de Allen, que no aparece en pantalla pero ejerce de narrador, suena castigada y marchita. Es la voz de un señor de ochenta años que dejó hace tiempo de mirar el presente con pavor y ya solo rememora las dificultades pasadas con afecto y cariño. La voz con la que el cineasta comparte la mirada serena sobre las cosas que han definido su vida: un cierto tipo de música, una nostalgia por el cine que fue y por las mujeres que fueron; y al mismo tiempo una clarividencia sombría (sabia de un modo inquietante) sobre las relaciones amorosas, impregnada de un pesimismo que ya no es tanto un problema a resolver como una inevitable seña de identidad. Café Society es una película que embriaga varios sentidos mientras cuenta que la esperanza es de las primeras cosas que se pierden. Allen se reivindica, con un sutil desapego fácil de confundir con la desgana, como un romántico nihilista (pero romántico) que al fin y al cabo es lo que siempre ha sido.
A lo mejor no es tanto Woody quien se repite sino la propia vida la que se le repite ante los ojos, la que no le deja pensar de otra manera: Nueva York es maravillosa y Los Ángeles un vertedero; a la esperanza siempre le sobrevive la nostalgia, que nunca muere; las relaciones de pareja encubren un combate subterráneo entre sueños y realidad; y la proximidad de la muerte es una prueba de fe y de pragmatismo a un tiempo: si uno puede tomar un atajo de última hora adoptando una religión que prometa la vida eterna, pues oiga, tanto mejor. Allen desglosa con calma las mismas ideas porque no han cambiado, y porque no sabe no contar las cosas, fiel a su cita anual. Resulta admirable que a su edad el cineasta siga ejerciendo de portavoz incansable de esa invariable visión lúcida y melancólica de la vida, y este año por partida doble además, pues ha rodado para Amazon una serie de seis episodios de estreno inminente.
Por todo ello Café Society, sin ser una obra maestra, sí es una película entrañable, una pequeña joyita, uno de esos Allens tardíos que recordaremos con cariño cuando ya no esté.

María dijo...

Totalmente de acuerdo con el estupendo comentario de NáN. Cuando sonreí abiertamente en el enterramiento cruel del segundo hombre asesinado, pensé en como mi adorado Woody Allen sigue teniendo pinceladas de genio, a parte de que sus películas son siempre
inteligentes y es un mago del buen gusto.

NáN dijo...

María, el estupendo comentario son 4 párrafos que, aunque se me olvidó entrecomillar, saqué del boletín de Jot Down que me llegó por correo. Pertenecen, como decía (esta vez yo) en el primer párrafo, a Iker Zabala. Decía Iker lo que yo quería decir, pero mucho mejor, y algunas cosas que no se me había ocurrido decir.

Para él el mérito.

Mi pareja y yo salimos de la peli extasiados, diciendo "tenemos que volverla a ver pronto", a pesar de que sus últimas pelis no nos habían gustado. LAs veíamos cada año, claro, lo mismo que comemos un poco de turrón en Navidad. Esta es distinta y muy superior: una clase magistral de cómopse rueda.

Luxindex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
molinos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Yo es que con el señor Allen hace tiempo, mucho tiempo que no puedo...y es que y citando lo escrito por el señor Zabal y compartido por Nan, los posos de amargura melancólica, tierna y lúcida (la amargura puede ser estas tres cosas y serlo a la vez y seguir siendo amargura?)....

Vamos que no la he visto ni la veré.

Saludos

Laura dijo...

Molinos, cada día escribes más. ¿Enhorabuena?