lunes, 27 de julio de 2015

Mañana repetimos


Adivina. 

Me gusta más mirarte ahora que cuando eras un bebé. Me aburrías de bebé, me aburría mirarte cuando tenías 3 años. Sí, era gracioso y había que vigilarte pero no me transmitías nada más que "monería" y "posibles emergencias" de las que había que protegerte. Ahora te miro y me transmites calma, paz y asombro. 

Solas en la playa nos bañamos. Estás feliz. A pesar de no poder meter la cabeza por la otitis que has pillado en el oído derecho, te metes en el agua a que saltemos las olas intentando que no entre nada en ese oído. Soy una madre reguleras. A lo mejor debía prohibirte que te bañaras pero, primero, no soy tan cruel y segundo, te pondrías tan pesada que te dejo bañarte también por egoísmo. 

Hay más olas que por la mañana y está más fría. Cogemos la colchoneta y nos metemos hasta que el socorrista nos llama la atención. Cada vez que una ola un poco más grande se acerca, te levantas sobre la colchoneta estirando los brazos y todo el torso. 

Te miro. ¿Desde cuándo tienes ese cuerpo de mujer? 

-¡Qué culo más duro tienes!-, te digo.
-Es de hacer deporte-, contestas sonriendo entre ola y ola.
-Ahora no estás haciendo deporte.
-Es de comer mucho.
-Tú nunca has comido mucho y lo sabes.
-Es de ver la tele. Ja. 

Y te alejas braceando y partida de risa. 

Te miro. Me miras y dejas el castillo que estás haciendo para venir a pedirme que te quite el pelo de la cara. 

-Te dije que te pusieras un pañuelo.
-Se me ha olvidado.
-No, no se te ha olvidado. Has pasado de mí.
-Vale, tenías razón. Pero, ¿me quitas el pelo de la cara?
-¿Me dejas que te ponga el pañuelo?
-¿Lo has traído?

Abro el libro, leo unas cuantas páginas. Levanto la vista y miro el mar. Entre las olas y yo, estás haciendo un agujero enorme. Un foso gigante para una montaña enorme. 

Cierro el libro, lo dejo a un lado. 

Te miro. Cuando eras pequeña dejar la lectura para atenderte me parecía un incordio. Ahora lo dejo sólo por el placer de mirarte mientras estás absorta en tu castillo de arena. Escarbas, cavas, te pones de rodillas, te llenas de tierra. Te levantas. Eres todo piernas, largas y musculosas. Eres todo hombros. ¿De dónde has sacado esas espaldas? De rodillas contemplas tu construcción sopesando qué más puedes hacer.

Me miras. Te sorprende verme mirándote. Sonríes. Eres toda azul. Como tus ojos y como el mar que tienes detrás. 

-Mami, ¿hago albóndigas para poner encima? 
-Claro. 
-¿Cómo se dice albóndigas en inglés?
-Meat balls.

Te enfrascas en tus bolas de arena y te miro. No querías usar bikini. "Mamá, yo solo bañador entero y deportivo", pero te probaste el que llevas, te gustó y ya no te lo quitas. Debería haberte comprado dos... no creo que encontremos otro que te guste en todo el verano y a este ritmo éste se desintegrará antes de que acabe el mes. 

Te miro y pienso que probablemente es el último verano en el que hagas castillos en la arena. 

Te miro y me pregunto en qué estarás pensando. 

Me miras y me sonríes. Se va el sol, cae la noche. Nos quedamos solas en la playa. 

-¿Recogemos?
-Vale, ya he terminado el castillo. 
-¿Lo has pasado bien?
- Lo he pasado fenomenal. ¿Es por la tarde?
- Son las nueve y media de la noche... ¿Has perdido la noción del tiempo?
-Sí-, me dices sonriendo con toda la cara. 
-¿Estás contenta?
- Muyyy contenta. ¿Mañana repetimos?

Te miro.

Claro que sí, mañana repetimos. 

12 comentarios:

U-topia dijo...

Te he visto en el blog de NáN y me he pasado a recorrer tu espacio.
Que bien has captado esos momentos especiales con tu hija, son una joya a conservar, son irrepetibles.

Saludos!!

Sara M. dijo...

¡Disfrútala! Mírala, sonríe tranquila, y disfruta. Si, ya sé que te gusta más ahora que cuando era un bebé, pero aprovecha, porque dentro de nada empezarás con otras preocupaciones, y peores. Qué alegría cuando tienen ¿12? años y todavía juegan. Luego se les olvida. Se van haciendo mayores. Aunque cada etapa tiene su "aquél", no es lo mismo. Dentro de dos años ya no será solo tuya, será de su pandilla, y hablar y reírte con ella será más difícil, prioridades adolescentes.

Krika Alcaide dijo...

Qué post más bonito! Enhorabuena por tener esa relación tan bonita.

Malos pelos dijo...

No existe la madre perfecta, y si existiera serías tú. Nos dejas sin palabras cada vez que escribes algo sobre ellas. Son únicas y especiales, como tú.

Luxindex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sonia dijo...

¡Eres una mamá genial !

Voz en off dijo...

Disfruta!! Ya poco te queda de darte baños y hacer planes con una hija casi adolescente!!!

Luxindex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Catalina Echeverry dijo...

Qué rápido pasa! Verdad? El mío probablemente ya no quiera más castillos tampoco, así que me dejaré llevar por la locura este último verano.

Oswaldo dijo...

¡Vaya, Moli! ¡Vaya!

¡Magnífico el asunto "Hermosos y fabulosos sentimientos materno-filiales"!

¡Magnífica la forma de presentarlos!

Felicitaciones por ambas cosas.

Se me hace, me da la impresión, digo, que todos los clasificados como "Maternity", a pesar de toda su importantísima, importante, importancia como singular categoría, pueden considerarse siempre también parte de los llamados "Momentos estelares de mi vida".

Lo que sé, y digo, es que la maravilla que describes hoy, sería, con pleno derecho, "momentos estelares" de cualquier vida.

Saramaga dijo...

Me ha encantado. Y este verano que me quedo ya sin más playa (lo cual es una suerte porque quiere decir que tengo trabajo), me has puesto nostálgica.
Todos los veranos de mi infancia tenía otitis. Probé todo tipo de tapones a lo largo de mi vida, pero nunca dejé de bañarme. Mejor mala madre que madre cruel. Jajaja!
¿por qué todos acabábamos haciendo albóndigas de arena en algún momento?
Es un post precioso.
Besos

sasadogar dijo...

Como me encanta como hablas de tus hijas, de tus padres, de tu hermano. Captas esa relevancia de esas cosas anodinas que luego quedan en nuestra mente como un recuerdo precioso.
Otro beset