lunes, 27 de septiembre de 2010

MATERNITY (LIX) : TRAGICOMEDIA

Escenario: molicasa.
Principales localizaciones: cocina, hábitat natural de nuestra heroína en modo ama de llavez y madre y dormitorio de laz princezaz, hábitat donde nuestra abnegada heroína intenta confinar a laz princezaz el máximo tiempo posible al día.
La acción transcurre en dos horas y media de vida de los personajes.
Personajes principales: princeza roza de 5 años. C. para más señas y la heroína.
Personaje secundario: M.
Actor invitado: ingeniero (No sé si llamarlo cameo por lo fugaz de su intervención).

Hora: las del horror.
Escenario, la cocina. Los personajes principales y el secundario están reunidos allí. Laz princezaz cenan, nuestra heroína hace malabarismos culinarios con 3 cosas a la vez. La protagonista que recientemente ha cumplido 5 años, está crecida.

- Mami, ¿a qué ya zoy mayor porque tengo 5 añoz?
- Si cariño. Ya eres una niña mayor y por eso comes sola y muy rápido y me pongo contentísima.
- ¿A que soy la maz mayor de 5 añoz de ezta casa?
- Claro.
- Y ¿a que zoy mayor porque nado sin manguitoz?
- Si.
- Y ¿a que zoy mayor porque el año que viene voy a Primaria al patio de mayorez?
- Si.
- Y ¿a que voy a ir a la biblioteca con M. y a la piscina también, como los mayorez?
- Si…y ¿a que eres la más cansina de esta casa y todo el vecindario?
- Y ¿a qué si sigo creciendo seré maz mayor que M?
- Mamiiii ¿a que no?? ¿A que yo siempre tendré más años que C?
- A ver..pongamos orden. M. siempre será la mayor de 6 años y C. tu eres ya mayor porque tienes 5 años…y como todos los de 5 años..COMES MUY DEPRISA... ¿a qué si?

Se cierra el telón y se abre en el dormitorio de laz princezaz.

- Venga a dormir.
- Mami..a que como ya zoy mayor puedo leer un rato.
- Claro..
- Pero no ze leer…bueno..un poco solo..pero como ya soy mayor voy a aprender a leer bien. Y además me lavo los dientez zola porque zoy mayor.
- Que sí, que eres muy mayor, ya tienes 5 años, pero los vas a seguir teniendo un año entero así que tómatelo con calma..no gastes toda la emoción en el primer mes.
- ¿Cuanto queda para que cumpla 6? ¿Poco?
- ¡A dormir!
- Ya zoy mayor..ya zoy mayor…ya zoy mayor

La heroína se va al salón. Aparece la estrella invitada. Plas, plas, plas…aplausos del público.

- Ya estoy en casa.
- Ya te veo. ¿Qué tal? ¿Los gamusinos bien?
- Si, si...lo tengo dominado. ¿Mis princesas?
- Tus princesas están acostadas…así que controla las ansias de tu instinto paternal.
- No sé por qué dices eso.
- Porque te conozco. Ahora entras…empiezas con ¿quién me ha echado de menos?? ¿con quién voy a dormir hoy?? Cosquillas, abrazos del oso y todo el show del perfecto padre payaso..las llevas al colmo de la excitación y cuando ya no quieren dormirse pasan a ser “mis princesas”…y paso.
- …mmm..vale…cuando se duerman entro a darles un beso.


- Buahhhhhhhhhhhhhhhhhhh buahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh buahhhhhh buahhhhhhhhhhhhhhh
- Ingeniero..alguna llora..mira a ver qué pasa.
- Yo no oigo nada.
- Vámonos a urgencias…estas sordo.
- Muy graciosa. No les pasa nada..ya lo verás.
- BUAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH BUAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH BUAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
- ¿No lo oyes?
- Ya se cansarán…será M. que no quiere morirse…

M. aparece en el salón (hoy no ha pensando en lo de morirse)

- C. está llorando muchísimo y no me puedo dormir.
- ¿Qué le has hecho?
- No le ha hecho nada, maldito hermano pequeño, siempre echándole la culpa al hermano mayor. ¿Qué le pasa a C.?
- No sé...mami..
- Voy a ver.
- No vayas que es peor.
- ¿Peor que una se ahogue y la otra no se pueda dormir y yo tenga deseos de asesinarte? Lo dudo.


C. cariño… ¿qué te pasa?

NO QUIERO ZER MAYORRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR QUIERO ZER ZIEMPRE PEQUEÑAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA NO QUIERO ZER MAYORRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR

Y por fin, .la heroína enfrentada a este problema, rebusca entre sus inexistentes poderes y lo resuelve con las palabras mágicas.

Cariño..para que seas mayor queda muchísimo y además tu siempre siempre siempre vas a ser la niña pequeña de mami. ¿Vale?

Gran ovación y el teatro se viene abajo.
La calma ha vuelto a molicasa.

domingo, 26 de septiembre de 2010

TONY JUDT

Me gusta leer el periódico los domingos. Con calma.
Me encantaría tenerlo encima de la mesa de la cocina mientras desayuno el domingo, para ir leyéndolo con calma mientras me tomo un par de cafés. Como ahora eso es materialmente imposible, me conformo con leerlo en el intervalo que va desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Si me pongo a ello pasada esa hora, ya no me concentro igual, no me interesa lo mismo y me descubro leyendo en diagonal y teniendo muy poco interés en lo que me cuenta.
Antes del último cambio de edición me molaba el EPS. No me importaba no terminarlo el domingo y dejarlo en el revistero del baño para ir leyéndolo durante la semana. Ahora ya casi nunca encuentro nada que me interese minimamente, así que lo ojeo como si fuera una revista del corazón, por encima y leyendo "los santos", como decía mi abuela.
Me gusta el periódico el domingo porque tengo la sensación de que al pararse la actividad diaria, caben más cosas que no son "noticia" y sí son información. Casi siempre descubro algo que me interesa y que tirando del hilo me llevan a sentir curiosidad por algo que jamás se me hubiera cruzado por la mente.
En enero de este año, un artículo titulado "Noche" me llamó la atención. Las palabras historiador, noches, enfermedad y consciencia me atraparon. Tony Judt un historiador judío de 61 años contaba como eran sus noches atrapado en un cuerpo afectado de una enfermedad neurodegenerativa que le había restado todo tipo de actividad muscular pero que le permitía ser perfectamente consciente de lo que le ocurría y ocurría a su alrededor. Contaba con extraordinaria cercanía como eran sus noches, como recurría a repasar recuerdos, conocimientos, lecturas...etc..para pasar esas horas lo mejor posible. Leí el artículo del tirón dos veces. Dejando a un lado lo trágico y horrible de la situación me pareció un tipo lúcido y con ideas interesantes.
El periódico siguió publicando sus textos. El siguiente fue sobre su juventud, cuando había que cambiar el mundo. Después de haber leído sobre sus noches de enfermo terminal, el contraste al encontrarme con un Judt joven y con sentido del humor me descolocó pero lo encontré estimulante e interesante. Después vino uno sobre la crisis de la mediana edad que en su día me pareció algo lejanísimo pero ahora mismo ya no tanto. Cuenta como en ese momento vital, cuando se preguntó ¿qué hago aquí? decidió estudiar checo y como esa decisión, aparentemente banal, desencadenó una serie de hechos que le llevaron a cambiar muchas cosas. Después tropecé con este, donde partiendo de su amor a los trenes reflexionaba sobre su infancia, la experiencia del viaje y mil cosas más. Me encantó y se lo pasé al ingeniero para que lo leyera también.
¿Por qué cuento todo esto hoy? Por que hoy he leído este artículo suyo sobre la situación actual, sobre la necesidad de estar en desacuerdo, de pelear, de discutir y de avanzar desde el no conformarse. Me ha gustado mucho pero no voy a decir nada más porque él lo explica muchísimo mejor que yo...

"Quienes afirman que el fallo es del "sistema" o quienes ven misteriosas maniobras detrás de cada revés político tienen poco que enseñarnos. Pero la disposición al desacuerdo, el rechazo o la disconformidad -por irritante que pueda ser cuando se lleva a extremos- constituye la savia de una sociedad abierta. Necesitamos personas que hagan una virtud de oponerse a la opinión mayoritaria. Una democracia de consenso permanente no será una democracia durante mucho tiempo".
Para la tarde del domingo, un post gafapasta.

viernes, 24 de septiembre de 2010

LLORAR

Llorar: Derramar lágrimas
Llorar: Sentir vivamente algo

Si nos atenemos a la primera definición del DRAE, yo no soy una gran llorona. No sé me da bien y además no me pega o por lo menos eso dicen los que me conocen. Que “no me pegue” es un problema, porque en los escasos momentos en que lloro delante de alguien, ese alguien se queda tan sorprendido por mi llanto, que se bloquea y no sabe que decirme. Yo asisto a su estupefacción por mis lágrimas y me sale mi vena de auto escarnio y digo cualquier cosa que acaba provocando su risa y frenando mi llantina. Además, cuando veo la cara del contrario mirándome con completa incredulidad me visualizo a mí misma y decido que eso no puede ser, no sé llorar.

Me molaría llorar bien. Hay gente que tiene esa capacidad. El estímulo del llanto llega y se desencadena un proceso precioso: las comisuras de los labios empiezan a temblar mientras inician un suave descenso, los hombros empiezan los ojos se nublan, las lágrimas se acumulan en los párpados inferiores y por fin caen majestuosas rodando por las mejillas sonrosadas. Rollo Candy Candy, para entendernos, aunque sé que es una referencia muy para treintañeras.

A mí no me sale. Cuando me salta el estímulo del llanto soy más vacio en el estómago arcada y gran sollozo. Un par así y listo, como mucho consigo sacar un par de lágrimas o tres, pero nada de un torrente poético que corra por mis mejillas, enjuague mis penas y deje un reguero de sal en mi piel. Nada de eso. Como para tantas otras cosas como llorica soy un fiasco.

Como no sé hacerlo bien, soy de poco llorar. Que conste que no tengo mi falta de capacidad llorica como una virtud. Conozco a grandes lloricas que van por la vida tan felices, porque en cuanto algo les afecta, desencadenan el proceso del llanto y se quedan tan a gusto. Yo no sé, soy más de hacer que lo que me afecte me produzca un nudo en el estómago y me deje sin habla, pero aún así he tenido grandes momentos de llanto. Lo venía pensando esta mañana, y mis mejores llantinas se han dado en el coche, probablemente por lo que comentaba al principio, voy sola y sin espectadores no me da vergüenza hacerlo tan mal.

A pesar de esta incapacidad recuerdo grandes llantinas con torrente de lágrimas y toda la parafernalia.

Llorar de dolor físico. Espantoso ataque de ciática embarazada de nueve meses de C. Sentada en un banco en la calle General Álvarez de Castro enfrente de la tienda de motos Harley Davison con un dolor que creí morir. Es más, deseaba morir para dejar de sufrir aquella tortura atroz. No era capaz ni de sacar el móvil para llamar al ingeniero, así que sollocé de agonía durante una hora hasta que de camino a casa, él pasó por allí y flipo al verme. Si alguien se pregunta si algún viandante se acercó a ver qué me pasaba, la respuesta es No. Era agosto y las 2 de la tarde, ni el tato. Eso sí, entre las lágrimas me aprendí de memoria los precios de las motos para intentar distraerme del dolor que me estaba matando.

De pena suprema. Esta fue con gente. Al poco de morir mi padre, nos llamaron de una librería donde había dejado encargados unos libros que había que ir a recoger. Me hice la fuerte y dije que iría yo. Llegué allí, y cuando el tío me preguntó, ¿no ha podido venir él? abrí la boca para decir: ha muerto….y literalmente me ahogué en una sucesión de sollozos que dejaron al pobre hombre al borde del colapso. Debí hasta espantarle clientela.

De rabia e impotencia por sentirme gilipollas. En el coche en el parking de un centro comercial. Casi la palmo pero lo bueno es que no puedes caer más bajo en un momento llanto y sales renovada.

Y mi llantina más ridícula: a los 4 días de nacer C, me senté a darle el pecho mientras estaba puesta la televisión. Era un programa de sobremesa, de esos espantosos con tertulias de lobotomizados. Intenta coger el mando de la mesa con un bebe agarrado de tu pezón. Me resigné al espectáculo y de repente salió una pareja de ex concursantes de algún lado y se pusieron a contar que ya no se querían y que se separaban. Y allí estaba yo con mis hormonas bailando la samba llorando como una imbécil por unos tíos que ni sabía quienes eran y a los que “se les había acabado el amor”. La parte buena es que creo que ese fue mi momento llorica más candy candy..La parte mala que sólo me vio C. que por supuesto estaba más interesada en los otros fluidos que salían de mi cuerpo.

En lo de sentir vivamente algo soy un as, pero no me provoca llanto. Me deja sin palabras, que en mí, es un efecto muchísimo más acojonante y espectacular, pero eso lo dejo para otro día.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

MATERNITY (LVIII): Miedos tontos

Cuando tienes churumbeles todo da mucho miedo. No tienes ni idea de qué hay qué hacer, te preguntas mil veces si lo estarás haciendo bien, descubres que jamás lo harás tan bien como tus padres y miras alrededor y ves un millón de peligros de los que sabes que no podrás ( y a veces no querrás) protegerlos. Te da miedo que sufran y no puedes hacer nada.

Eso es una putada pero es así.

Luego están las tonterías que pasan a dar miedo o crear preocupaciones absurdas. Cosas tontísimas que por estadística jamás te habían preocupado pero que sin embargo ahora, con tus propios hijos saltan a tu mente al menor estímulo. “Muere un niño por….”,Un niño sufre….”El descuido de unos padre provoca…..”

El frío.
Siempre has resistido bien el frío, tienes una casa con calefacción y criterio suficiente para saber cuánta ropa tienes que ponerte para salir a la calle sin pasarte y cocerte. No da miedo, lo tienes controlado.
Cuando tienes hijos pierdes esa capacidad. El peligro de la congelación te acecha, ¿El niño no tendrá frío? ¿Has cogido un jersey? Y luego siempre están las opiniones externas que opinan que “esta niña va poco abrigada” o“¿van sin camiseta interior?” o ¿No llevan leotardos? Confieso que a mí el frio me da poco miedo, si tienen frio ya se quejarán, pero reconozco qué de vez en cuando, la realidad estadística me asalta y me levanto por la noche a arroparlas no vaya a ser que “ cojan frío”…lo que es una gilipollez..porque ya se taparán ellas si no están a gusto, pero no puedo evitarlo y me voy a la cama pensando he evitado “dos niñas graves por pulmonía al dormir destapadas”.

Las esquinas y picos.
Tu casa, el parque, la calle, todo tu entorno está lleno de esquinas que hasta hace poco a ti no es que te parecieran inofensivas, es que eran invisibles. Ahora no. Ahora sales de casa con los churumbeles y tu mente es una especie de pantalla de radar que con un breve vistazo identifica todas las esquinas y salientes con los que tus hijos serán capaces de colisionar antes de que te haya dado tiempo a parpadear. Ellos no van a golpearse, tú no lo sabes, pero tienen una capacidad innata (que se pierde con el tiempo) para parar de correr, frenar el patinete o esquivar el peligro justo justo en el momento en que tú estás a punto de sufrir un colapso porque ya has visualizado a tu heredero con una brecha en un ojo, en la frente o una herida horrible en una pierna. Como el miedo siempre va más deprisa que tú…para cuando comprendes por la sonrisa triunfal de tu hijo que no le ha pasado nada y que está orgulloso de su frenada tú ya te habías visualizado a ti mismo corriendo por la calle, llegando a urgencias y confirmando que el niño ha cogido el tétanos. “Muy grave un niño al herirse con clavo oxidado”.

Atragantamientos.
Antes de tener niños, la escena era esta.

Argff..
¿Qué pasa?
Se me ha ido por otro lado.
Plas, plas, plas..( palmaditas en la espalda) y bebe un poco de agua. ¿Ya?
Si, gracias.

Ahora el niño tose ligeramente mientras come cereales y ese leve sonido provoca que el dato estadístico mínimo salte como un relámpago en tu cerebro “muere ahogado un niño de 5 años al atragantarse..”, (por supuesto el resto de la noticia la has olvidado aunque sea “atragantarse al comerse un un salmón vivo"). Saltas del asiento coges al niño, lo pones cabeza abajo, le golpeas, piensas.. ¿Cómo era la maniobra esa de abrazar por detrás?, mierda tenía que haberle machacado los cereales, tenía que haber hecho el curso de primeros auxilios caseros. Estás tan sumido en tus pensamientos catastrofistas que no te das cuenta de que el niño ha vomitado ya los cereales y lo que ha comido en los últimos dos días y se está riendo a carcajadas.

El silencio.
Antes un golpe inesperado era señal de susto. Ahora es al reves, mientras haya ruido hay vida. El silencio es lo que acojona.

Los niños juegan. Tu lees o haces punto de cruz o trasteas con el ordenador, cocinas lo que sea. disfrutas de ese momento de comunión familiar. Un momento. No oigo nada. ¿Cuanto hace que no oigo nada? ¿Mucho? ¿Poco? Mierda, me he ensimismado…¡¡niñassssss! Silencio. Saltas de dónde estés y corres hacia su cuarto visualizando solo cosas buenas y realistas: están calladas porque se han ahorcado con el disfraz de buzz lightyear, se han tragado las construcciones y se han ahogado, se han metido la gran piña desde la litera por jugar a volar. O aquí está otra vez el estímulo estadístico “niño cae desde 4 piso por distracción de madre” ¡¡han conseguido abrir la ventana (obvias que es imposible) y se han caído a la calle!!!!...llegas a punto de vomitar del susto y están sentadas pintando, te miran y dicen: estamos haciendo un dibujo para ti.

Las pelis con niños.
Antes de tener niños veías pelis dónde pasaban cosas a niños y te parecían sentimentaloides y facilonas. Pensabas, que recurso tan fácil, poner niños para dar pena, estoy no hay quien se lo crea. Ahora casi no puedes verlas, se te pone un nudo en el estómago y casi te parecen de terror. Has perdido la capacidad de pensar que son una peli, y ya no crees que sean facilonas. Empieza, ves los niños y se te ponen unos nervios, te sudan las manos y te descubres pensando…que no le pase nada, al niño no..que no le pase nada…
Es un miedo absurdo, es una peli y son actores pero eres incapaz de racionalizarlo. Conozco gente que le pasa con “La vida es bella”. A mí con no, porque no me la creo, pero este trozo de “La decisión de Sophie” hizo que me fuera a dormir con mis hijas del miedo que pasé.

Y ahora voy a llamar a casa a ver si todo va bien.