martes, 14 de enero de 2020

Me planto. No quiero cambios

«No me da la gana de pensar que nada es para siempre» escucho en una canción de Xoel López que salta tras un  bucle de cuarenta y ocho horas con otra canción. Lo que me provoca la canción del bucle, Bajo la piel, prueba que si hay algo que no es para siempre es el amor. Los amores no duran para siempre o no duran siempre de la misma manera pero es que ni siquiera la sensación que te provocan las canciones de amor siguen siendo las mismas. El bucle continuo significa que la canción me gusta, ¿lo que cuenta? me da igual. Amores sufridos, de esos de te quiero pero nos hacemos daño. No es que esté en contra, es que todo eso me resbala. Y me hace gracia que me resbale porque me recuerdo a mí misma escuchando canciones así y pensando «habla sobre mí, sobre nosotros». Todo esto es otra prueba más de que mi transformación en señora mayor descreída va viento en popa. Pero no quería escribir sobre amor, quería escribir sobre la otra frase de Xoel porque casi todos los días me descubro pensando: por favor, que todo siga igual. 

En Los Molinos, en septiembre, los pájaros cantan distinto. No sé qué pájaros son ni a qué obedece ese canto pero llevo escuchándolo cuarenta y seis años. Cada año, la tarde en que lo escucho por primera vez al final del verano, vuelvo a tener ocho años y estar en casa de mis abuelos a la hora de la merienda. Cuando tienes ocho años todo es eterno, todo es para siempre: tus padres, tus abuelos, tu casa, tu colegio, tus rutinas. Todo es inmutable y de fiar. No te planteas que nada cambie y si lo piensas de refilón crees que los cambios se ven venir, que son algo que se puede predecir. Cambiaras de curso, de ropa cuando llegue el invierno, te crecerán los pies, te harás mayor, te dejarán salir sola con la bici, comer dos huevos fritos. La vida es rutina y solo de vez en cuando, muy de vez en cuando, aparece algún cambio completamente predecible y que siempre es a mejor. Pasas de pantalla.  

Más adelante llega un momento en tu vida en que quieres, necesitas que todo cambie. Toda tu energía se invierte en buscar el cambio. Quieres acabar de estudiar, tener un trabajo, irte de casa, cambiar de ciudad, de pareja, de trabajo, de estilo de vida. Quieres hijos, quieres que crezcan, que anden, que corran, que hablen. Quieres amigos nuevos, ropa diferente, un color de pelo inesperado, un perro, un gato, una sardina. Lo que sea, uno busca el cambio, lo anhela con ansia porque por las razones que sea, quedarse como está se ha convertido en "conformarse". Conformarse es una palabra con malísima fama cuando tienes entre veinte y cuarenta años. Uno no se puede quedar siempre en el mismo nivel del juego, hay que perseguir el cambio para llegar a la pantalla final, al premio gordo. 

Ultimamente pienso que yo ahora estoy en la etapa del juego en la que lo que busco es que me dejen sacar la carta de "me planto" combinada con un "pies quietos". 

Me planto, me quedo como estoy, ¿es todo perfecto? No, pero mira esto lo tengo controlado. Mi familia, mis amigos, mis hijas, mis relaciones, mi trabajo, mis aficiones, los lugares que conozco me conocen a mí y a los que son nuevos voy de visita. Quiero que todo siga igual, no tengo grandes ambiciones, no quiero ser califa en lugar de califa. ¿Podría tener mejoras? Sí pero no quiero correr riesgos. Mejora es sinónimo de cambio y si algo aprendes pasado los cuarenta es que los cambios los carga el diablo. Quizás algo se torcería, quizás algo se destabilizaría y esa pérdida de equilibrio empezaría a resquebrajar todo lo demás y, en breve, me vería achicando agua de mi vida por las razones que sean. No. 

Sé que nada es para siempre pero, como Xoel, no quiero pensarlo. Ahora mismo saber que nada es para siempre son mis monstruos bajo mi cama, Frankestein, el hombre del saco o el sacamantecas. Me da pánico pensar que en cualquier momento algo, la muerte, a quién quiero engañar sin decirlo, puede ocurrir y eso desencadenará un maremoto de cambios que no quiero manejar. Sé que las situaciones se terminan, que los amores se abandonan, que los hijos crecen, que los amigos mueren, que las casas se venden, que puedo morir esta noche pero no quiero pensarlo. Quiero quedarme en lo que parece durar siempre, en el sonido de los pájaros en Los Molinos en las tardes de septiembre, cuando tenía ocho años y me daba más miedo la bronca de mi madre por romper unas zapatillas que cualquier cambio. 



13 comentarios:

JLO dijo...

los cambios son inevitables, a cualquier edad. Y son necesarios. Besos..

arati dijo...

Precioso post, muchas gracias!
A menudo pones palabras a alguna de mis sensaciones imprecisas.

Anónimo dijo...

A JLO: pero que manía con que los cambios son necesarios..... Inevitables si. Pero, sin que sirva de precedente estoy 100% de acuerdo con Molinos. A mis 50 quiero los menos. Lo bueno y lo malo lo tengo controlado o eso creo. Por qué hemos de ser tachados de conformistas? Pues a mucha honra,ponque somos es capaces de estar medio conformes con nuestras vidas, nuestras circunstancias y nuestras pequeñas miserias o riquezas.
Insisto, que manía con que hay que salir de la zona de confort. Que ya saldré cuando no tenga más remedio pero que estoy divinamente en mi silloncito emocional hombre ya¡ (Que diría Loles León)

Anónimo dijo...

Que todo cambie para que no cambie nada.....

Anónimo dijo...

AY! Cómo se nota que sabes que amanece y sigues bajo la manta, cada vez más tapada. Lo sabes, lo notas y lo gritas. Pero sí, amanece y hay que levantarse. Lo que estás es en tu derecho de querer seguir tapada.

Que te dure mucho tu momento manta
Que cuando te levantes descubras que huele a café recién hecho y fuera está nublado
Que es bonito saber que ahora mismo estás plena.

Y lo de la sardina,,,, carcajada!

bequipequi dijo...

En una época de cierta inestabilidad y de posibles cambios inminentes pones palabras a la nube que se cierne dentro de mi cabeza... Sólo es eso, veo venir el cambio. Y no me gusta

Anónimo dijo...

virgencica que me quede como estoy

Laura dijo...

Ahora mismo me siento igual, tengo 42, no sabía expresarlo y me he sentido muy identificada. Hace poco leí que lo mejor no es salir de la zona de confort (qué manía con salir de ella, con lo bien que se está ahí y lo que nos ha costado conseguirla), sino ampliar dicha zona. Puede ser... pero salir, estando a gusto dentro, ¿para qué?

Sonia Mariner - La caja en blanco dijo...

Como siempre, siempre, siempre, poniendo palabras a mis pensamientos. Gracias!

Myriam González Gil dijo...

Describes muy bien cómo me siento: yo tampoco quiero cambios, así estoy bien. Gracias por expresar tan bien lo que sentimos muchos.

Anónimo dijo...

Yo creo que el rollo del reto del cambio permanente es un cuanto como el concepto " movilidad exterior" como los directivos de recursos humanos que te echan y te dicen que es " una oportunidad". Por algun motivo, ( propagandistico) ha calado eso del cambio permanenente y de " vivir experiencias". Esta mal visto quedarte en casa leyendo un libro, tener una agenda trepidante y cambiar es mas cool. Es el conveniente signo de los tiempos.

sasadogar dijo...

Ay Moli, qué sincronía de pensamientos.
EStoy completamente de acuerdo contigo, pero a mi entender madurar y hacerse mayor es darse cuenta y asumir que nada dura para siempre, que todo es temporal. Que estamos aquí de paso y con mucha suerte estaremos muchos años lo que nos permitirá quizás formar una familia,o ser feliz solo, hacer amigos, disfrutar de las amistades, vivir una vida feliz o tener momentos de felicidad.
Me inspiras mucho con tus reflexiones.

el chico de la consuelo dijo...

Cuando digo que cualquier cambio
es siempre a peor.
La gente me tacha de pesimista
y no es cierto
es un optimista actualizado
que reconoce
que cada momento es inmejorable.