martes, 25 de diciembre de 2018

Mañana de Navidad

Son las diez y veinte de la mañana de Navidad y estoy en la cama, con el portátil en las  rodillas, escribiendo con la mano izquierda. Por la ventana abierta veo La Peñoya, el cielo azul y los árboles del jardín. Oigo a María toser y la aspiradora que mi madre está usando para limpiar la chimenea. También oigo pájaros que suenan a otoño y no a invierno. Y mi propia tos. He desayunado, hace rato, un cafe con leche, un kiwi y una naranja. Cuando era pequeña, en la mañana de Navidad mi madre nos traía el desayuno a la cama en una bandeja. Por aquel entonces, nos parecía el colmo del lujo y la sofisticación. Después aprendí que el lujo y la sofisticación son incomodísimos y la tradición terminó. 

He estado leyendo los Diarios de Iñaki Uriarte y pensando en lo que comparto con un señor vasco que no ha trabajado nunca, aparte de su adoración por Benidorm. Uriarte tiene la suerte, como yo, de vivir apegado a tradiciones familiares que se repiten y que, al contrario de lo que mucha gente opina, no esclavizan sino que anclan. Saber cómo va a ser tu mañana de Navidad o tu cena de Nochebuena sirve para ordenarte y, a la vez, para dejarte ver de nuevo cómo eras hace veinte, treinta o cuarenta años. Repetir rutina, costumbres, es también un testigo que pasas a tus hijos (yo a mis hijas porque Uriarte solo tiene gato). Las tradiciones, además, tienen el encanto de las piezas de Lego: juegas con unas piezas que te vienen dadas, heredadas pero con ellas puedes construir lo que quieras. Nosotros, ayer, volvimos a cenar todos juntos por Nochebuena pero, por primera vez en la historia, lo hicimos en la cantina de la estación de tren de Los Molinos y, también por primera vez y sin que sirva de precedente, no cantamos ni un solo villancico. Teníamos un karaoke y supimos usarlo. Con las piezas de toda la vida construimos una Nochebuena nueva y lo pasamos en grande. No sé si esta teoría de la tradición  tiene algún valor pero ya que que a mis hijas no puedo darles sabiduría suprema, como legado para dejarles creo que no está mal. Los Molinos, las cenas de Nochebuena, las mañanas de Navidad tiradas en la cama, La Peñota, Mary Poppins.

Son las once y diez. Sigo en la cama. María sigue tosiendo y suenan las campanas de la iglesia. Los pájaros siguen a su rollo y yo he empezado a toser. He tardado cuarenta minutos en escribir estas quinientas palabras y he descubierto que con mi pulgar izquierdo no golpeo la barra espaciadora con suficiente fuerza como para despegar las palabras y que tener que escribir tan despacio hace que las ideas se me escapen. 

Feliz Navidad. 


8 comentarios:

Hermano E. dijo...

El domingo subí a Cabeza Lijar: se veía muy bien la Peñota y los Molinos y me acordé de ti.

Felices Fiestas, y que tengas una rápida convalecencia.

Tita dijo...

Hay veces que viene realmente bien hacerlo de otra manera. Las tradiciones nos anclan para bien y para mal cuando faltan piezas. Era muy reciente para abordarlo igual.
Un abrazo apretao.

Portorosa dijo...

Pues no da la impresión de que se te hayan escapado tanto. Me ha encantado este post, Moli.

Feliz Navidad, querida. Disfrutad mucho.

Marga dijo...

Es gracioso, a veces me sucede con tus textos que enlazan con ideas o momentos que
ando viviendo. Nada mágico, no te preocupes, no suelo ver señales ni asomo.

En lo que estaba: por razones parecidas este año decidimos cambiar la tradición navideña y acabamos en Benidorm con lo que fue inevitable recordar los diarios de Uriarte y su querencia a este lugar. Querencia que no compartirė en la vida, eso sí, a pesar de haberse convertido en una de las navidades mas surrealistas y divertidas debido precisamente al lugar. Pero no bastará para hacerme volver.

En cuanto a las tradiciones no sė si son o no necesarias en las familias, lo que sí sė que lo imprescindible son las piezas y mientras se unan con amor y ganas incluso la falta de algunas formarå parte del entramado. Eso sí es un legado que mostrar y dejar. Y un consuelo valioso, la vida como un pequeño mineral que pulir.

Feliz Navidad.

NáN dijo...

Pues yo he conseguido "des-heredarme" de las tradiciones, lo que perseguía desde niño.

Cada loco con su tema e intenciones.

Cristina Gomez dijo...

Querida Moli, muchas felicidades, lo mejor para el próximo año: salud y éxitos profesionales, desde Guanajuato México donde te sigo con mucho gusto, eres genial. Que se hombro termine de sanar.

lo+ dijo...

Muchas felicidades y feliz año nuevo!,!, hace mucho que no comento por falta de tiempo pero hoy es Nochevieja la mejor noche del año para mis hermanos, sobrinos e hijos. Una noche que cenamos con la puerta abierta, no siempre llega alguien, a veces demasiados, otras veces vienen sin ganas de cenar, vienen por la magia, el buen rollo, la risa, e incluso el llanto sin preguntas. A cualquier hora, puedes venir y unirte a nosotros, nadie te preguntara nada. Esa es nuestra tradición familiar en Nochevieja , somos 9 y se cocina para 20. Si sobra, se congela y punto pelota.

Anónimo dijo...

Me encantan las tradiciones...o mejor dicho, me encantaban...hasta que falleció mi madre y mis hermanos, que viven cada uno en una ciudad (y son 6), ya no se juntan. Entonces, me empezó a dar pena vivir esas fechas que eran tradición :(
Pilar