lunes, 23 de abril de 2018

La ley del mínimo esfuerzo adolescente y el «puff, qué pereza».

Confieso que al principio al principio me molestaba, me llevaban los demonios, echaba broncas y espumarajos por la boca. Intentaba hacer ver a mis adolescentes que no se puede ser tan vago ni pasar de todo. Ahora he cambiado de estrategia y me dedico a observarlas con admiración esperando una nueva sorpresa, esperando que me enseñen como aún se puede hacer menos. 

Empezaron por cosas pequeñas, cosas que antes yo hacía por ellas y que llegado el momento de encargarse ellas se revelaron como tareas demasiado arduas. El soporte para el rollo de papel higiénico cayó en el olvido. Da igual que su mecanismo sea el más simple del mercado. Días y días y días el rollo de cartón vacío, sin vida y sin utilidad languidece en el soporte mientras otros rollos van terminando su vida útil y son abandonados encima de la cisterna, en la banqueta, en el suelo.

—¡Chicas, cambiad el rollo!
Pufff, qué pereza. 

Después vinieron procesos inevitables. Todos sabemos que la ropa tiende a desordenarse, hay que hacer esfuerzos para tenerlas controlada y yo he pasado años enseñándolas a luchar contra la entropia de la ropa. «Mis hijas son ordenadas» me pavoneaba diciendo. Ja. Ahora he descubierto que los adolescentes no se desnudan ni se descalzan, la ropa se les cae y los zapatos salen disparados de sus pies. Los calcetines tienen vida propia y establecen colonias debajo de las mesas, de las sillas, de los radiadores, en los rincones.

—¿Vamos de compras, mamá?
—Hasta que no recojáis todo lo que hay por el suelo, ni de coña.
—¡Pero si sólo hay seis pares de zapatos en el suelo! Eres una exagerada.

Enfrentadas a la situación de recoger su ropa ¿qué les grita su instinto de llevar la ley del mínimo esfuerzo a límites jamás vistos? Cogerlo todo del suelo dejando siempre algún calcetín solitario perdido entre pelusas en una esquina y echarlo a lavar, transformando su mínimo esfuerzo en un máximo esfuerzo para otros.  Por supuesto la ropa no se tiende jamás en el tendedero porque el esfuerzo de abrir la ventana y usar las pinzas les sobrepasa. La ropa de piscina se deposita de cualquier manera encima del radiador aunque el radiador esté apagado. En el hipotético caso en el que debido a un rugido por mi parte «vale, vale, tranquila» lo tiendan en las cuerdas, no se usan pinzas porque «puff qué pereza girarme 45 grados y coger la bolsa de las pinzas». Si por un casual yo he tenido un acceso de madre de la pradera y les he tendido la ropa  cuando, con urgencia desorbitada, la necesitan y corren a destenderla, las pinzas no se quitan y se guardan, la ropa se arranca y las pinzas quedan en las cuerdas solitarias, vacías, sin propósito porque «puff qué pereza quitar las pinzas».

Con adolescentes en casa te sientes como viviendo en una casa canadiense como las que redecoran los gemelos; todo es open space. Las puertas no se cierran jamás. Todas abiertas de par en par.

—Cierra la puerta.
—Está muy lejos.

Esa es otra, ahora parece que vivo en Buckingham Palace. Cualquier distancia no alcanzable desde la posición de caída en el sofá desde un quinto piso es insalvable y «puff qué pereza».

La última cumbre alcanzada por mis hijas me ha dejado estupefacta. Con sorpresa observé que a pesar de la superpoblación de platos de postre que tenemos, no quedaban limpios para poner el desayuno. Abrí el lavaplatos y allí estaban todos, los dieciséis con su correspondiente resto de comida porque, por supuesto, pasar los platos por el grifo antes de meterlos en el lavaplatos ni se contempla. Con una inocencia que hasta me doy ternurita a mí misma les pregunté qué pasaba.

—¿Por qué os ha dado por comer en plato de postre?
—Porque para cogerlos solo hay que abrir una puerta del armario. Para los grandes hay que abrir las dos y   «Puff, qué pereza»

Vivo con miedo a que decidan que abrir el cajón de los cubiertos es un trabajo innecesario y empiecen a comer con las manos porque «¿qué más da?». Otra frase del adolescentismo que habrá que analizar.


17 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué gracia me ha hecho este post. Parece que lo hacen para ponerte de los nervios y parece que lo consiguen.
Tata_keli

Sara M. dijo...

Terriblemente cierto, jajajaja. El "qué más da" lo puedes sustituir por "da igual". Todo da igual.
A mí lo que más me ha funcionado con el orden de la ropa (y dentro de unos límites, claro), es hacer desaparecer de su cuarto todo lo que dejen por medio al irse al colegio. Se dejan el chándal: desaparece. Se dejan las zapatillas más guays y cómodas: desaparecen. Se dejan LOS vaqueros: desaparecen. Y oye, algo hace; pero ya te digo, que tampoco es la panacea.

Vicente Carrasco dijo...

Jajajaja, es como si vivieras en mi casa, son todos iguales. Para ellos recoger su ropa (el recoger la tuya ni se les pasa por la cabeza) es equivalente a meterla en el cesto de la ropa sucia. Mi hija ha llegado a rizar el rizo, recoger (yo) unos pantalones del tendedero y abrir la puerta de su cuarto y tirarlos para que caigan done sea (mi pequeña venganza) y ENCONTRARMELOS PARA LAVAR DE NUEVO EL MISMO DIA!!!, simplemente porque igual han caído en el sillón encima de otro montón de ropa de vete a saber cuando.

En fin, va ya para 22, espero que se acabe pronto la adolescencia...

Anónimo dijo...

Ojalá , lo s problemas de la adolescencia fueran tan superficiales
La verdad es q es algo tan sumamente banal que cojan un plato u otro q cuando lleguen los verdaderos problemas ni te vas a fijar en esas nimiedades

carmen dijo...

Genial artículo, me siento identificada totalmente.

Luxindex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alicia dijo...

ainnsss, es que te leo, y me parto de risa, porque mi hijo apunta maneras, y me temo que mi solución al problema de flojera de la adolescencia es hacerlo yo, hacerlo todo, y me evito sufrir...

Raquel dijo...

SOS vivo como un adolescente de ¡50 años!!

Anónimo dijo...

Me parto, Molinos y me recuerdas a mis padres.Yo fui una adolescente terriblemente desordenada y absurda ( con distancia, alucino con mi nivel de absurdez) y mereceria que el karma me devolviera la jugada como un boomerang que me da en la cara, en forma de hija desordenada. Ahora te digo, que yo era peor que tus hijas, la ropa de mi cuarto estaba esparcida como si me la hubiera lanzado un avion de ayuda humanitaria. Que santos mis padres, pobre gente.

Eliahh dijo...

Hay que ver, mi maromo con sus huevos negros colecciona calzoncillos y calcetines en la alfombrilla de salto de cama. Se ve que es un rastro de su espíritu adolescente.

https://www.ocu.org/electrodomesticos/lavavajillas/noticias/cinco-mitos-sobre-lavavajillas#

Lo único en lo que llevan razón: no hay que enjuagar los platos antes de ponerlos en el lavavajillas.

Esther Estruch dijo...

Enhorabuena por el post, me ha encantado!!! Sobre todo leer frases que yo misma uso a diario... no sabes lo que consuela ver qué no soy la única en el mundo que oye y siente cosas así... ¡Ah! Y somos vecinas en el Buckingham Palace (otra frase de mi repertorio!) ������

Gracias!

g3 dijo...

Tus hijas son holgazanas aficionadas.

Un verdadero profesional usa solo un plato para comer. Cuando acabas lo metes en el congelador para que no salgan bichos, y para cenar lo sacas y ya tienes un plato no muy limpio, pero sin gérmenes patógenos.

¿Lavar los platos?
¡Uf! que pereza.

Don Mendo

Anónimo dijo...

Esto aprieta el gatillo ... y pum!
¿Cómo era eso de manchar varios platos o tuppers (método ensayo/error)intentando que las sobras ocupasen menos sitio en el frigo?
Estar en las antípodas de la adolescencia!!! Y eso sí, ¡qué pereza! ;)
Nati

Mica xx dijo...

Dios, soy una adolescente de 17 años y me siento superidentificada con tus hijas... Y a pesar de que sigo diciendo esas frases no les encuentro sentido ni razón, ya se me pasará, espero. :')

PAQUI BERENGUER dijo...

Qué risas me he echado con el post y con los comentarios.
Todo esto es un calco de mi casa. ¿Decís que se pasa?
Porque yo conozco adultos que por no fregar los platos, comen en platos de plástico desechables...

Anónimo dijo...

sublime,danos más de lo mismo

xaquin dijo...

La radiografía que haces de la adolescencia es un auténtico encaje de Camariñas... el único problema que tiene es dar la idea de que muchas manías se quedan en la adolescencia... si nos fijamos, la radiografía muestra que la estructura ósea ya se está calcificando en muchos muchos casos... el tipo de sociedad que sufrimos ayuda un montón.