jueves, 25 de febrero de 2016

Las cosas que somos

"A principio de los 90 fui por primera vez a Nueva York. Viajé con el equipo de la película The Commitments para hacer la promoción. Llevaba conmigo mi libro favorito de aquel momento, un libro con la historia de Kerouac, Ginsberg, Bob Dylan, Woody Guthrie... y una noche, mi única noche libre, salí a buscar el apartamento de Dylan, a conocer esos sitios míticos de la ciudad. Caminé y caminé y creo que localicé su casa, recuerdo que miraba la escalinata y pensaba "Por ahí ha bajado Dylan". Después me empeñé en encontrar la esquina en la que  Guthrie tocaba y creo que más o menos la encontré. Pero lo que más recuerdo de esa noche fue que en medio de la calle, de repente, me encontré con una pila enorme de cosas personales. Era como si alguien hubiera vaciado su casa y lo hubiera dejado todo en la acera. Había camisas, zapatos, libros, fotografías con marcos, fotografías de carné, ropa interior, pornografía. Todo tipo de cosas que tenemos en nuestras casas, a la vista o escondidas. Me probé alguna camisa, hojeé los libros, la pornografía y, después de mirar muchas fotos, reconocí al tipo que salía en casi todas... el dueño de todo aquello. La gente me miraba, como te miran en Nueva York, pero yo seguí allí curioseando todo y al final me guardé en el bolsillo una pequeña foto de carné de aquel hombre".
Esta historia tan increíble la contó Glen Hansard en su concierto de Madrid el pasado sábado. Años después se enteró de que durante los primeros años 90, muchos homosexuales neoyorkinos murieron de SIDA en sus casas porque ningún hospital quería tratarlos. Cuando morían, sus familias no tenían permiso para entrar en los apartamentos y los caseros tiraban todas sus cosas a la calle. 

Toda una vida tirada por la ventana, literalmente. 

Cuando Glen contó la historia en el escenario mientras cantaba la canción inspirada en aquel tipo al que nunca conoció, mientras disfrutaba del concierto, pensaba en cómo sería mi montón de cosas en la acera. 

Mi vida entera en una acera. Habría montones de cosas. Bueno, tampoco tantas porque soy muy de tirar, pero en fin menos la pornografía (gracias, internet) mi montón se parecería bastante al del desconocido neoyorkino. Habría un montón de cosas que probablemente no reconocería ni yo y otro montón de las que es posible que me avergonzara.  Pero, de todo ese montón de cosas, ¿cuales serían más yo? No serían las más valiosas, ni las más importantes, ni las más antiguas, ni las más nuevas. No tendrían porqué ser las más bonitas ni las más especiales. Serían los objetos que en esa montaña informe de pertenencias alguien que me conociera me reconocería. 

La cadena que llevo al cuello desde los 3 años. El reloj que llevo desde hace 6 años en la muñeca derecha y que me recuerda a un 7 de enero paseando por la calle Goya. Mi sudadera de Nueva York que compré hace 21 años, los pendientes que me regaló mi madre hechos con unas joyas heredadas de mi abuela. Mi estuche de plumas. Mi sudadera azul "cool cat" que tiene la friolera de 30 años. Un par de gafas de ver. Mis gafas de sol. Mis discos de Springsteen. Mi taza Iñigo Montoya. Montañas de libros, todos con mi nombre, la fecha y el sitio dónde lo compré o quién me lo regaló. Mi vestido blanco, el vestido blanco más bonito del mundo, el vestido con el que me dan ganas de bailar. Mis cuadernos, todos y cada uno de ellos, los de lecturas y los de notas. Un marcapáginas de una exposición de Hopper. En el montón que encontró Glen había un montón de fotos, en los años 90 todavía no llevábamos nuestras vidas en los móviles y teníamos fotografías en casa; yo tengo bastantes pero creo que hay sólo un par que dirían algo de mi, una foto con El Ingeniero y laz princezaz en un barco en la ría de San Vicente y la foto con mis hermanos en la boda de Molihermana. Alguna que tengo haciendo el tonto con la pose que repito siempre. 

En mi montaña de cosas podría haber muchas más, la mayoría insignificantes, anodinas, impersonales. Tampoco sé si un desconocido sentiría algo especial al ver las cosas que yo creo más yo o le llamaría la atención cualquier otra cosa. 

No lo sé, no tengo ni idea. Sencillamente se me ocurrieron todas estas ideas al escuchar la historia de Glen. 

No somos los que tenemos, pero las cosas que tenemos, algunas de ellas por lo menos, pasan a ser nosotros.

16 comentarios:

La Rizos dijo...

A mí me daría vergüenza que alguien encontrase mis cosas tiradas en la calle porque serían todas chorradas del tipo peluches de ovejas o fotos de mi gato xDDD

No sé, es cierto eso de que sí somos un poco nuestras cosas. Es como lo de escribir un blog; que nuestros posts no son todo lo que somos, pero sí una parte significativa de nosotros.

Un besazo.

Anónimo dijo...

Hace más de diez años, una amiga se compró la que ahora es su casa. En ese piso vivía una señora mayor soltera que un día se cayó en la bañera, se rompió la cadera, la ingresaron y nunca volvió a casa. Sus herederos vendieron la casa tal y como estaba el día que tuvo la mala suerte de caerse en la bañera. La nevera llena, las bragas colgadas en el baño, la cafetera al fuego. Cuando tuvieron que vaciarla tuvimos la flaqueza de curiosear en sus cosas. Cartas, documentos, agendas... Muchas fotos... Los sobrinos no se molestaron ni en destruir lo más íntimo. Todo quedó allí, a la vista de quien llegara... Aún me acuerdo. A veces, cuando miro todo lo que acumulo, me pregunto qué sentido tiene y qué será de todo aquello cuando yo no esté.

Hermano E dijo...

Precioso post, ahora no tengo cabeza más que para cerrar la facturación de este mes, pero esta tarde prometo ponerme a pensar en que guardaría de mis cosas.

P.S.: Definitivamente tu memoria y nivel de inglés es mucho mejor que los mios: ¡Cómo has podido entender y recordar todo lo que dijo Glen! Qué gran concierto por cierto, el primero que he ido, pero ya no me pienso perder ninguno.

Pablo dijo...

Lo mismo que al cantante este le pasó a Paco Gómez y de ahí salió "Los Modlin"
http://blogs.elpais.com/storyboard/2013/10/los-modlin-un-libro-de-paco-g%C3%B3mez.html

Anónimo dijo...

"Lo que somos" es un concepto que no puede ser definido y acotado, y mucho menos a través de cosas materiales. Si yo viese alguna de las prendas que has citado en el texto tirada en el suelo de un mercadillo, no podría reconocerte en absoluto. Lo que una persona 'es' es muchísimo más complejo que todo eso que has escrito. Ni podemos abarcar, ni —me atrevería a decir— podemos siquiera arañar la superficie de un ente tan abstracto y etéreo como el 'yo' de un ser humano. Somos el infinito, somos un bucle eterno; el horizonte que vemos a lo lejos y que a cada paso nuestro, él se aleja exactamente la misma distancia. Somos el límite entre la ficción y la realidad.

Todo, a nuestro alrededor, es real o es ficticio, pero

Maribel dijo...

Gracias a las múltiples mudanzas que he hecho, la última de ellas con lo mínimo para hacer más ligera la huída, puedo presumir (si es que se puede presumir de eso) de no acumular prácticamente nada. Así que si alguien vaciara mi casa en la acera solo se trataría de un montón de ropa, unos 15 libros, el portátil y un par de chorradas más.

Los cacharros de la cocina y las mantas que las dejen en el piso y las aproveche el siguiente inquilino.

JR dijo...

Siempre me he preguntado que tipo de pornografia le gusta a una mujer. Obviamente habra gustos para todas, pero aun asi...

Un puntazo que admitas usar internet para algo mas que publicar el blog. :)

molinos dijo...

La Rizos, se supone que estarías muerto. Seguro que en mi montón habría cosas que me darían vergüenza, cosas que ni sé que tengo…Y claro que no somos nuestras cosas ni nos reflejan completamente pero algo dejamos en ellas. Besos a ti.

Anónimo, ahora que cuentas esa historia me he acordado de que a nosotros cuando compramos nuestra casa nos pasó igual. La fuimos a ver y estaba como si acaban de salir de ella, había comida en los armarios, papeles cartas, Les dijimos a los sobrinos de la dueña fallecida que la queríamos vacía.

Hermano E, ¿como no entender a Glenn? Habla un inglés irlandés clarísimo. Y me acuerdo de todo porque me pareció una idea alucinante y según terminó se me ocurrió todo este post. Así funciona mi mirada bloggers. Y ya te dije que el concierto merecería la pena. Yo solo recomiendo cosas buenas.

Pablo, Nán me contó esa historia también!

Anónimo, creo que he dejado claro en el post que ni de lejos somos nuestras cosas ni tampoco somos lo que decimos ni pensamos ni escribimos ni sentimos. Somos una suma de todo eso y muchas más cosas. No pretendía hacer una reflexión sobre el ser. Y también he escrito “Tampoco sé si un desconocido sentiría algo especial al ver las cosas que yo creo más yo o le llamaría la atención cualquier otra cosa” simplemente eran pensamientos sobre lo que yo creo que es más yo y lo que creo que la gente que me conoce sí reconocería como más mío. A mi me pasa con cosas de mi padre por ejemplo.

Maribel, yo los cacharros de cocina ni los considero XD. NI los muebles, todo eso me da igual. Yo lo que tengo son muchos libros, muchísimos y mis cuadernos. De lo demás, todo me da igual.

JR, y ¿se lo has preguntado a alguna? Utilizo internet para muchas cosas más aparte de escribir aquí :)

El que no tiene blog dijo...

Joder,
los noventa
fueron ayer,
y ayer
fue
hace veinte
años.

Marta dijo...

Yo acumulo montones de cosas... entradas de conciertos, de museos, folletos de vacaciones, planos de metro... Antes de los móviles y de internet era una forma de conservar recuerdos, porque las fotos se sacaban en carretes de 24 que tenían que durarte todas las vacaciones. Y me ha quedado la manía de no tirar esas pequeñeces que me han hecho feliz en algún momento.
Mi pareja dice que algún día, cuando yo ya no esté, alguien va a sufrir mucho mientras se deshace de ello.
Aunque si muero de vieja, como no tengo hijos ni sobrinos, algún primo lejano venderá mi piso como esos que decís, con la última cafetera aún sucia en el fregadero. El resto espero haberlo quemado antes...

Oscar Ruiz dijo...

Hice una pequeña reflexión parecida cuando cambié de país. Vi que todo lo importante (en cuanto a cosas materiales se refiere) cupo en una maleta de 20 kilos y una mochila. 4 años después creo todo cabe aún en esas 2.

Lo que si me alegra es vivir esta vida tan digital, puedo llevar 20 libros en el bolsillo de mi pantalón y nadie se entera.

Bal dijo...

Qué triste..... supongo que nos pasará a muchos.

madia leva dijo...

He sentido mucho tristeza

Anónimo dijo...

Porqué hoy todo me habla de muerte??

Buen post, anyway...

Anónimo dijo...

Indudablemente siempre hay "un algo", un llavero, unas gafas, una bufanda que son totalmente personales. Somos muchos de familia y desde que mi padre "se apagó" hace hoy 2 meses hemos sabido quedarnos cada uno con "un algo" que nos recuerda a él. Hoy mi sobrina adolescente me ha dado las más cariñosas gracias por darle esa camisa vaquera con la que tanto le vacilaba diciéndole que parecía todo un chaval. Un hermano su sombrero, otro la funda de sus gafas....yo con su taza de desayuno, intocable!.

HombreRevenido dijo...

Joder, cómo se me ha podido pasar este post.
Qué maravilla.

Seguro que te ha sucedido a veces eso de que lees algo y te da una rabia terrible, piensas "esto se me tenía que haber ocurrido a mí".
Pero claro, la anécdota inspiradora la escuchaste tú (me consuela pensar eso, bah, has tenido suerte).

De pequeño me obsesionaba pensar qué sería de mis cosas si yo no estuviera.
Hoy en día no. Y eso curioso. He intentado enumerar mentalmente y no se me ocurre casi nada. Algo habrá que me defina. Lo pensaré mejor.