miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿Qué les pasa a los hombres con los zapatos?


Se habla mucho de la supuesta adicción de las mujeres a los zapatos, que si tienen muchos pares, más de los que pueden ponerse, que si les encantan, que si nunca tienen bastante, etc. 

Se habla muy poco de la relación raruna que tiene los hombres con los zapatos. Raruna, infantil y completamente absurda. 

Si preguntas a un hombre por los zapatos su primera reacción será de indiferencia: ah, me da igual. 

Si le preguntas cuantos zapatos tiene, su primera reacción será: pocos. 

"Me da igual" y "pocos". Dos grandes mentiras que sin embargo llevan impresas en el ADN y todos ellos se creen. 

Los tíos establecen con sus zapatos una relación enfermiza de dependencia y fidelidad más allá de la salud, la enfermedad, la mugre, la lluvia, el viento, la nieve y la ocasión. No les da igual para nada. Se compran un par, el que sea, y desde ese momento consagran su existencia, sus días, sus ocasiones laborales, festivas, de amor, de lujo, de amistad, de turismo, de copas a ese par de zapatos. 

- Vamos a una fiesta. ¿Vas a ir con esos zapatos?
- Sí, ¿qué les pasa?
- No les pasa nada, pero NO son de fiesta. 
- Eso es una memez. *

Esta incapacidad para detectar cuando unos zapatos son adecuados y otros no, podría hacer creer al observador externo (a mí, por ejemplo) que, de verdad, los hombres no perciben la diferencia entre un zapato u otro. No, nada más lejos de la realidad. 

- ¿Qué quieres por tu cumpleaños?
- Unas zapatillas
- ¿Otras? Pero si tienes 5 pares. 
- Ya, pero necesito unas de treckking /paddle / travesia / sport / verano/ correr en asfalto/ trail
- Y las que quieres ¿cómo son?
- Son super ligeras, impermeables, con cámara de amortiguación y sistema especial de cordones.
- Y ¿para qué sirven?
- Para el típico paseo de monte, de pasar el rato en el que ha llovido un poco y puede que haya algún charco pero al mismo tiempo no hace mucho frío y necesitas algo para ponerte con un calcetín fino que no se te cueza el pie. 
- Aha. 

Esa supuesta incapacidad, además, sólo se manifiesta con respecto a lo que llevan ellos en los pies. Son increíblemente sensibles a los errores de las mujeres en cuanto a la adecuación del calzado a la ocasión. 

- ¿Por qué llevas botas de montar? ¿te vas al lejano oeste o eres un mosquetero?

Muy graciosos. 

Otra cosa curiosa de la absurda relación entre hombres y zapatos es que les da vergüenza. 

- Hombre, zapatos nuevos. ¡Qué chulos!
- No son nuevos, los compré hace años pero no me los había puesto fuera de casa. 

Me enternecen. Es como esa gente que se echa una pareja y la tiene escondida y cuando por fin la presenta a su círculo de amigos lo primero que dice es "nos conocemos de hace tiempo", aunque no añade "pero no sé muy bien que hago con ella y me da vergüenza estar en público con ella". 

Una cosa hay que reconocer a los hombres, son fieles a sus zapatos hasta la muerte. Si se comprometen con un par, si encuentran a su media naranja, no la dejaran hasta que literalmente se desintegren. Les dará igual la mugre y los agujeros. Llevarán los zapatos a arreglar, idearán mil remedios para intentar paliar  el deterioro provocado por el paso del tiempo y el uso continuado. Irán al zapatero, pondrán nuevas suelas, harán apaños con superglue e incluso intentarán engañarse a sí mismos obviando los síntomas: "es verdad que tienen agujeros y calan si llueve... pero para los días secos son ideales". 

Una vez desintegrado ese par imprescindible, único y especial "tú no lo entiendes", la búsqueda del siguiente par requiere una campaña de investigación, pruebas y research marketing capaz de desesperar a cualquiera...  menos a otro hombre. 

Se lanzarán a buscar un par exactamente igual al perdido. Y cuando digo exactamente igual me refiero a idéntico hasta el más mínimo detalle. 

- ¿Qué tal estos? Son exactos.
- No, los míos tenían la etiqueta en el otro lado y las anillas de los cordones no eran plateadas eran amarillo antiguo. 
- ¿En serio?
- Además, yo tenía un 42 y estos del 42 no me valen así que no son exactos. 
- Ya, una cosita... hace 10 años tú tampoco eras exactamente igual que ahora, rey. 

Para concluir este bonito y absurdo ensayo sobre el calzado masculino me gustaría señalar la incapacidad masculina para detectar la antisexicidad de sus zapatos. 

Queridos hombres, que un par de zapatos sean comodísimos y os encanten no quiere decir que sean bonitos. Ni siquiera quiere decir que os queden bien. 

Si además son feos, viejos y portan una noble pátina de mugre reflejo de la bonita relación que tenéis pueden, directamente, arruinar cualquier cita. 

- Pero... ¿y esos zapatos?
- ¿Qué zapatos? - es curioso como los tíos olvidan lo que llevan puesto y se miran los pies con sorpresa absoluta de encontrárselos metidos en zapatos.
- Esos... ¡los que llevas puestos!
- ¿Qué les pasa?
- ¡Son horribles! y ¡Están viejos! y te hacen pie de ogro. 
- Pues a mi me gustan. 

Pues eso, que para relación adictiva la de los hombres con sus zapatos. 


*Un descerebrado muy conocido de este blog se empeñó en que los horribles y espantosos crocs eran un calzado magnífico para cualquier época del año en Madrid, incluido pleno invierno. A pesar de mis múltiples protestas al respecto ignoró mi criterio hasta que un frío día resbaló con los crocs y se partió el húmero. Un "te lo dije" como una casa.  


25 comentarios:

madia leva dijo...

Esta discusión la tuvimos hace poco mi marido y yo. Siempre va con unas zapatillas de deporte impermeables marrones. No son feas, son lo siguiente. Se las pone con y para todo. Camisa de vestir...lo que sea. Ahora que ya llevamos años de matrimonio quiero que me entre algo por el ojillo (y es que el amor es ciego, pero solo al principio). Total, que le he comprado unos zapatos "casual" muy apañaos y bonitos. Allí siguen, en su caja. Y las horribles zapatillas marrones siguen recorriendo mundo. Un día se las tiro.

Ana María dijo...

Voy a decir una cosa horrible, pero en lo segundo en lo que me fijo en un hombre atractivo es en sus zapatos, y la amplia mayoría no pasa el corte. He visto tanta lindura que llevaba los zapatos viejos/sucios/rijosos que me han dado ganas de salir corriendo agitando los bracitos. En el metro siempre hacía ese check: chico guapote, arregladito, y le miraba los zapatos... Oh... Desilusión. Llevadlos limpios y decentes, que no pasa nada.
Ahora lo bueno del moderneo es que los zapatos Y LOS CALCETINES están un poco más cuidados. He dicho un poco, sin aspavientos.

Pie de ogro... Oh moli, eres mi gurú de los nuevos términos estilísticos.

:*****

Gordipé dijo...

Estoy tan en desacuerdo que me estoy estresando y no sé por dónde empezar...

Alberto Secades dijo...

Creo que no es sólo con los zapatos.
Los vaqueros, la americana, la camisa...

Yo me compraría el mismo conjunto (EXACTO, sin esas picajosas diferencias) y llenaría mi armario for ever and ever...

Gracias.
Me he reído mucho.

NáN dijo...

Juas, juás, ¡que zote! Crocs en invierno. Y seguro que no se los ponía con calcetines negros, como hacía yo... hasta que resbalé y me rompí el húmero, lo mismo que tu amigo. Siempre quise ser monje de clausura, pero me exigían ser creyente, así que con los crocs y los calcetines negros solventaba ese problema.

Concepto que, como mujer, te falta entender: la “zapatidad”. Un calzado no alcanza ese nivel hasta que nos acompaña, como mínimo, ocho años. Por eso tenemos pocos (¿cuatro pares para todo el año y desde hace años se pueden considerar “pocos”?). Tengo unas Timberland que alcanzaron la “zapatidad” (viene a ser como un estado de awareness que se da entre el calzado y nuestro centro vital) a los 8 años, pero ya hace 15 que me los pongo. No diré que soy feliz, ¡en estos tiempos!, pero sí que he alcanzado el nivel de tranquilidad necesario.

Efe Morningstar dijo...

Todo correcto, así es. Cuando eres un tarugo de noventa kilos lo único que le pides a la vida (además de un estómago lleno) son unos zapatos que eviten que tus pies se descuajaringuen por el peso. Podrán ser bonitos, o podrán haberlo sido en algún momento del pasado prehistórico, pero eso es secundario. Lo importante es que sean cómodos y hagan felices a tus pies.

Además, cualquier color vale: si son rojos pegan con todo; los verdes grisáceos te dan un atractivo especial, como de moho hiperevolucionado; el azul eléctrico te hace sentir en la era espacial; ¿naranjas con ribetes amarillos?, si sirven para el fútbol sirven para todo; botas que fueron negras, ¡súper elegantes!

Eso sí, al llegar casa te los quitas según entras, pisándote los talones y dejándolos luego, con un par de precisas patadas, debajo de la cama o detrás de cualquier sitio donde no estorben mucho. No hay nada como ir descalzo.

Tener muchos zapatos es de indecisos e infieles, eso pasa.

HombreRevenido dijo...

Tal cual.
Venía premeditadamente a estar en contra de lo que fuera que hubieras escrito sobre los zapatos. Pero no me queda más remedio que asentir con la cabeza, porque en mi caso es exactamente así. Ni parecido ni más-o-menos, así.

Yo conozco excepciones. Las hay y no tardarán en manifestarse. Pero he de decir que los simios estándar no damos importancia a los zapatos. Es una carencia terrible de estilo, sí, aunque el primitivismo es la moda que viene.

Madamer dijo...

Mi loco particular tiene infinidad de botas, zapatos, zapatillas de deporte, playeras... pero con lo que es realmente obsesivo es con los zapatos marrones de ante... él los llama "pisamierdas", no sé por qué... el caso es que nos sirve de mofa a los más cercanos su manía zapatil :P

Máximo dijo...

Yo desde que descubrí esto es imposible cambiar y duran una eternidad.

Hans dijo...

Insensateces. El calzado ha de estar siempre para revision por oficial prusiano. Que los destellos te deslumbren, salvo que sean zapatos de ante, en cuyo caso el pelo debe estar cepillado evitando polvo y contradirección. Cada calzado tiene su fin. Con traje formal no deberían llevarse con character general mocasines. Las zapas de deporte son para hacer deporte (y como excepción para caminar por NYC quince millas). Siempre mejor botines que calzado bajo. Cierto es que los zapatos buenos merecen atención y cuidados de zapatero, pero si y sólo si van a quedar impecables. Las chanclas y similares para la playa, y ya. En otro tiempo consentí el náutico. Ya no. La imeldización del mundo no es sólo femenina...

Di Vagando dijo...

Querida Mo,

Qué oportuno estudio el tuyo: mi compa de piso es uno de ellos. Aparte de los conceptos crocs y "zapatillas converse andrajosas", para mí su cénit lo alcanzó cuando, DESOYENDO MIS CONSEJOS, se fue con flipflops a la jungla. Ah! Hoy puedo reir, tras años de terapia ...

muxu

di

Jesús Miramón dijo...

A ver: es lo que hay. Hace unos meses compré por internet mis terceras panamá jack (las clásicas naranjas, las de toda la vida, adoro a esa empresa porque las mantiene en el catálogo). Son iguales a las que utilizo desde hace treinta años -acabo de caer en la cuenta de que no puede haber mejor publicidad, pero me da igual. Me jode que todavía no tengan la mugre de las anteriores, pero todo se andará (nunca mejor dicho).

Nos tienes calados, Moli.

P.D: Sólo hubo una época en la que me preocupaba el aspecto impoluto de mi calzado, y ello era debido al riesgo cierto de un arresto: durante el servicio militar. Frotaba las botas con betún hasta que relucían como un espejo. Desde entonces nunca más.

P.P.D: También es verdad que cuando algo me gusta lo compro repetido: camisetas, pantalones... ¡y del mismo color! Debo ser mahoísta sin saberlo. O sabiéndolo. Mi mujer, mi hija y mis compañeras de trabajo no acaban de entenderlo, pero qué se le va a hacer (y me quieren).

Hermano E dijo...

Sabio y acertado tu post, querida; pero no ofende quien quiere sino quien puede.

NINGUNO, INSISTO NINGUNO de nosotros considera una deficiencia o tara los aspectos que comentas, sino más bien lo contrario, virtud y sensatez.

Y aún diré más se te ha olvidado una cosa: la fidelidad a la marca. Yo no compro zapatos de casual wear que no sean Panama Jack, zapatos de vestir que no sean Lottusse, botas de montaña que no sean Bestard, botas de esquí que no sean Nordica, deportivas Nike y así consecutivamente. Así pues como puedes ver variedad mucha, pero con un cambio cada diez años vale.

Blanco Humano dijo...

QUE ADICCIÓN A LAS ZAPATILLAS NI QUE ADICCIÓN A LAS ZAPATILLAS. Vale que tengo unas Mizuno Wave Enigma por las que quizás mataría y un par de Nikes más de las que hacen falta para equipar a un equipo de baloncesto (incluyendo entrenador, masajista y equipo técnico en general) PERO NO TE ADMITO QUE DIGAS QUE SOY ADICTO A LAS ZAPATILLAS DE DEPORTE. Es más, me estoy quitando. En cuanto me haga con unas Asics y unas Converse, paro. Y unas Brooks, a lo mejor. Puede que unas New Balance. PERO YA. Dos Nikes más como mucho.

Zapatos por cierto tengo unos. Son prácticos para ir a bodas y sitios de esos a los que no se puede ir con zapatillas. Negros, cómodos. No sabría describírtelos. Creo que no tienen cordones. Igual debería jubilarlos, los tengo hace años. Si recordara donde los compré, volvería a por los mismos. No entiendo por qué no se puede ir a todas partes con zapatillas. CUESTAN MUCHO MÁS ¿ESA GENTE LO SABE? Y son más cómodas. Mucho.

Muy buen post. No tienes la razón en nada. Lo que sostienes es totalmente absurdo.

el chico de la consuelo dijo...

Lo has clavao. Yo llevo unos zapatos indecentes, tengo muchos porque mi suegra no entiende cumpleaños sin zapatos, además deben ser de marca.Pero no tiro ninguno y mucho menos limpiarlos faltaría mas.
Por casa y siempre q puedo voy descalzo por lo q a mi el concepto de zapatilla, croc o similar me es ajeno
Muaksssss

Anónimo dijo...

Tal cual.
Y estaba segura que el de las Crocks era Nan.
Hermano E. Coincide punto por punto con mi pareja.
Salud!!
Caracola.

Reportera Literaria dijo...

Es estupenda esta entrada. Me he reído y sentido identificada a partes iguales. Gracias por la reseña.

Cristina Mato Fresan dijo...

Convivo con mi novio y sus inicialmente tenis de runner y ahora zapatillas de "correr/andar/trabajar/vivir menos ducharme con ellas lo que sea" que fueron a la lavadora hace poco. Las vi y pensé que tenían tierra en las suelas. Cuando salieron igual de la lavadora comprobé que era la suela en sí, desintegrándose.

Este verano conseguimos, yo y mi miniejército de duendecillos verdes imaginarios que me apoyan en éstas cruzadas, colar un segundo par que aguanta ser usado día tras día. Sé que es inútil e idiota comprar un tercero e intentar que entre en la ecuación de variar de calzado.

Me suele dar bastante igual, menos el día en el que me fijo.

Paloma González García dijo...

Si, se de que hablas, Moli. Si costillo sólo lleva durante el la primavera/invierno/otoño castellanos con antifaz en negro o burdeos. Da igual nos el plan sea un día de campo, una boda super pija, ir a trabajar, tomar el aperitivo, excursión con marcha de 8 km. incluidos...el con sus castellanos. Eso sí, tiene uno de cada, que se cambia cuando el que llevaba puesto tiene que pasar por el zapatero.

Los Reyes Magos le regalaron unos maravillosos (y carísimos) zapatos con cordones de media-montaña, pero nó, dijo que él no usa zapatos cor cordones por LE ESTRESAN. ¡Toma ya!.

En verano, dado que los castellanos le pueden hacer llaga dada la temperatura que alcanzamos en los madriles, ha aceptado ponerse unos mocasines que después de 4 temporadas están a punto de desintegración pero... no encontramos otros iguales (que tragedia más grande!!!!!)

Fani TT dijo...

cierto al 100%, es algo genético, lo que pasa que la ciencia nunca se ocupa de estudiar las cosas super importantes como este tema zapatil masculino o por qué hay pistolas con silenciador pero no tornos de dentista con silenciador

Toy folloso dijo...

Es así. Prima la comodidad. Fijaros en lo que os tenéis que fijar (la caída de ojos, el paquetorro y esas cosas). Y que sean chicas las que nos hagan esta observación -mira en la oficina, ellos con americana, camisa y corbata, mejor o peor conjuntadas, y ellas con lo que les da la real gana-.

Anónimo dijo...

Pues tienes toda la razón, Moli. El esposísimo mío y padre de mis hijos es fiel a sus zapatos hasta límites insospechados...como por ejemplo, la talla. Cuando le conocí, usaba la 42. Tenía sus zapatos preferidos y no preferidos de la talla 42. Hasta que un día me dijo que creía que tenía algún problema en los pies o la forma de andar porque toooooodos le molestaban, pero que era algo que le había pasado siempre y lo había aceptado. La siguiente vez que le acompañé a comprar unos zapatos nuevos en un ataque de cuernos a su colección...le dije que se probara un 43...y oye, que era eso. No sé qué puede llevar a alguien aparentemente normal a considerar que ponerse zapatos y tortura son sinónimos, sin cuestionárselo, pero es un hecho. La prueba viviente la tengo en casa. Eso sí, tiró todos los zapatos de la 42 y ahora es ultrafiel a dos o tres de la talla 43. Abrió una nueva era de fidelidad.
Por cierto, he leído en el comentario de Di Vagando algo de irse a la jungla en chanclas...yo lo entiendo: también lo hice, y no soy tío...

Anónima L.

Cristina Gomez dijo...

Eres genial Moli, me encantan tus posts, solo que no siempre tengo tiempo para deciertelo y agradecertelo.

Anniehall dijo...

Acabo de descubrir que en lo tocante a zapatos soy bastante tío.

Anónimo dijo...

Mis zapatos (me los pongo a diario y para todo desde hace años) están ya rajados por la suela y los sucesivos apaños del zapatero no funcionan (se despegan) pero como no consigo encontrar otros iguales voy retrasando el momento de cambiarlos. Total, los anteriores se agujerearon por arriba (pero como solia llevar los pantalones muy largos no se veía, y a mí no me molestaba). Con los vaqueros me pasa algo parecido, así que ahora que se llevan los vaqueros rotos los míos (rotos de puro usado) causan sensación.

Solo que soy una mujer

Ahora habrá quien cambie el tipo de zapato que venía imaginando, no? Lo mismo y de pronto se le han venido a la cabeza unos zapatos de tacón, o unas bailarinas, o algo de eso.

Cuanto estereotipo y generalizaciones absurdas. Y sin embargo es algo que funciona muy bien en los chistes o textos humoristicos. Mucha gente gente se rie, como si fuera gracioso comprobar que los hombres y las mujeres somos como realmente nos contaron y nos contamos. En este caso: las mujeres critican y se quejan de la dejadez estética de unos hombres que no se interesan por semejantes estupideces de mujeres.

Solo que...y qué mujeres son esas? Qué hombres esos? Que existan personas que se limitan a representar el papel que les escribieron no significa que todxs lo hagamos. De hecho, absolutamente nadie se reconoce en todos y cada uno de los estereotipos o generalizaciones. Siendo sincerx, probablemente no se reconozca en una gran mayoría, y sin embargo leen un texto como este y rien regocijados "oh, sí, los hombres, las mujeres, y sus cosas". ¿?