miércoles, 19 de noviembre de 2014

Coche 7. 8A


Salto de la cama creyendo que llego tarde, que perderé el tren. Me visualizo corriendo como una loca, sin duchar, sin peinar y sin café y siento que un día que empieza así sólo puede ser terrible. 

De reojo miro el reloj  y me doy cuenta de que es una hora antes y que aún puedo tumbarme (dormir sería un milagro) quince minutos más. Aún sin dormir me sabe a gloria ese ratito de más, sobre todo porque consigo bajar la adrenalina del susto anterior. 

A mi hora, me levanto, me ducho, me tomo un café y salgo con tiempo. Recorro la estación hasta la última vía, bajo al andén y al llegar al control me doy cuenta de que las tecnologías me odian y tengo que subir corriendo otra vez a buscar las máquinas de imprimir los billetes. 

Estoy empanada de sueño y de pánico tecnológico, miro la máquina y no encuentro la opción imprimir. Miro a derecha e izquierda para pedir ayuda y me acerco a ¿un hombre?, ¿un joven?,¿un chico?, ¿tendrá mi edad? 

- Perdona, ¿cual es la opción para imprimir?
- Mira, si quieres lo hacemos juntos. 

Por supuesto nada más decirme eso el cartel de “impresión” ha aparecido ante mis ojos en tres dimensiones. Quedo como una boba. Mientras tecleo, él ya ha sacado sus billetes y se queda a mi espalda remoloneando, no sé si no me ve capaz. 

Con mis billetes en la mano, me giro, sonrío y le digo “gracias”. 

Camino detrás de él por la estación y resulta que va al mismo tren. ¿Y si nos toca juntos? ¿Este mínimo contacto nos hará establecer conversación? 

Le pierdo de vista en el andén. Pantalón negro, chaqueta negra, una bolsa pequeña y el pelo bastante largo, oscuro y despeinado. A lo mejor se ha despertado tarde y ha tenido que salir corriendo. A lo mejor vamos al mismo sitio. Empiezo un hilo de pensamientos de casualidades probables y posibles.

Coche 7. 8A. Ventanilla en el sentido de la marcha. 

Me encanta el tren. Me acuna, me recoge y me resguarda. Me tranquiliza y me calma. 

Me siento y veo amanecer. 

El tren tiene sus propios sonidos. Miro por la ventanilla y es como ver una película muda. Los coches por la carretera son silenciosos, las fábricas, las casas, los tractores, la ropa tendida y agitada por el viento. Nada tiene sonido. 

Poco a poco, siento como el stress de la carrera, el madrugón y los nervios se me escurren por el cuerpo, los siento resbalar desde mi cabeza... hasta salir por los pies. Es entonces cuando me quito las gafas, aparto el texto que estoy leyendo, me tapo con mi capa de invisibilidad y mirando por la ventana me duermo. 

Amarillo, marrón, blanco de escarcha. Líneas de árboles, choperas de explotación se que se llaman, bordeando el paisaje más cercano. Bosques de pinos en las montañas del fondo. Campos arados. Rocas. 

¿Cómo será vivir en una casa que sólo se ve desde los trenes que pasan? 

En las estaciones con trenes parados pienso en refugiados. Deformación profesional de lectora de la IIGM.

Me acurruco aún más en mi asiento y  antes de deslizarme en el sueño, vislumbro que la película que van a poner es “Fronzen”. ¿Quién decide poner una película infantil en un tren a las 8 de la mañana en un día de diario?

Decido que lo pensaré al despertar...o mejor escribiré un post. 


Debería de pasar más tiempo en un tren, me sienta bien. 

15 comentarios:

Alberto Secades dijo...

Hay unas deliciosas pausas, que surgen entre las carreras, que sirven para eso y para mucho más.

Pararse a disfrutar de ciertos pequeños detalles es un verdadero placer.

Alguien tenía que decirlo.

Chirly dijo...

¡Me ha encantado!

Anónimo dijo...

Que chuli, Moli.
Sonia

Oswaldo dijo...

¡Vaya!
Charming post!

NáN dijo...

Dabuten. Quiero que aumente el porcentaje de estos posts.

Juliet dijo...

Me ha parecido muy bello. Me ha relajado. Muchas gracias, hoy necesitaba un poco de tren en mi vida. :)

Mayanoboken dijo...

Durante un tiempo vivi cerca de Estrasburgo y cogia un tren todos los dias. EL viaje duraba una hora. Los colores del otoño eran increibles, todas las tonalidades cambiando cada dia. Dieron paso al invierno con su frio y su nieve y sus ciervos!!! Fueron viajes pegada a un walkman, a un cuaderno sin anillas y a una boina de lana. Llego la primavera con una nueva gama de colores y musica en frances. Hoy he vuelto a ese tren. Gracias.
Amaya de lalibretadeamaya.blogspot.com

Luxindex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
HombreRevenido dijo...

Escribí muchísimo en los trayectos en tren Huesca-Zaragoza y Zaragoza-Huesca. En realidad tengo un montón de recuerdos escribiendo en muchos trenes. A ver si va a ser verdad que son inspiradores...

Cris Mandarica dijo...

Hola! Me paso por recomendación de Adella Brac y me quedo porque me ha gustado lo que veo. Hasta la próxima entrada. Biquiños!

Carmen J. dijo...

¿Cómo será vivir en una casa que sólo se ve desde los trenes que pasan?
Bravo.

UTOPÍA dijo...

Muy, muy hermoso.
Gracias, de corazón.

Bego (Much More Than I Am) dijo...

A mi también me encanta el tren, me ha molado mucho eso de que te acurruca, es un símil muy chulo para expresar lo que se siente en un tren, cuando lo que se siente te gusta.

muiñovello dijo...

Me apunto a lo de la casa y a los trenes que pasan (desde esa misma casa)...

Ali EB dijo...

Yo odio los trenes. No puedo con ellos.. agggh!