lunes, 26 de agosto de 2013

MOMENTOS LEYENDO

En la cama. Al despertar. Levantarte para correr las cortinas y dejar que entre la luz suficiente, nunca demasiada. Abrir la ventana un poco. Sienta bien algo de fresco. Volver a la cama.  Coger el libro de la mesilla donde lo dejaste anoche al dormirte, colocar la almohada doblada. Tumbarte siempre mirando hacia la ventana, hacia la luz. Estirar los pies buscando la parte fresca de las sábanas. Estirarte con pereza mientras empiezas a leer, desperezándote del sueño y sintiendo como se te va despejando la cabeza según recuperas la historia dónde la dejaste ayer. Leer sin prisa hasta que tengas que levantarte o  hasta que vuelvas a dormirte en un medio sueño fresco de mañana, cerrando el libro casi sin enterarte dejando el dedo marcando la página. 

Desayunando. El zumo, el café, la tostada. No abres el libro hasta que has echado el azúcar al café y lo has removido. La tostada untada. El libro a la izquierda. Con el primer bocado empiezas a leer, la tostada en la mano derecha y con la izquierda sujetas el libro. Terminada la tostada, apartas todo y el libro ocupa el sitio central. La taza de café a la derecha. Pequeños sorbos. A veces se queda frío porque se te olvida beber; otras veces se termina demasiado pronto y te levantas a ponerte otro dejando el libro boca abajo sobre la mesa, marcando la página dónde te has quedado. El libro “tienda de campaña”. Otras veces, bebes deprisa para concentrarte en el libro, que nada te distraiga. “Cuando acabe este capítulo me activo”. 

En el sofá. En tu sitio. Las cortinas abiertas si es de día. La lámpara de pie encendida a tu derecha si es de noche o hay poca luz. Los cojines para recostarte. Siempre boca arriba primero. Descalza, con las piernas dobladas y el libro apoyado en las rodillas. “Un rato para leer, ojalá dure” piensas. Lees, te concentras y no te das cuenta de que has cambiado de postura. De un lado, de otro. Sentada, con las piernas cruzadas, el libro encima y los codos apoyados en las rodillas. La cara en las manos. Concentrada. “¿Cuándo se ha hecho de noche? Cinco minutos más y me levanto para ir a dar un paseo”. 

Esperando en algún sitio. Sentada o de pie. El libro en las manos. Leer sabiendo que en algún momento te interrumpirán, te hablarán, vendrán a buscarte, será tu turno, llegará la persona que esperas. Cada vez que te acercas a las últimas líneas de la página de la derecha lees más deprisa para que si se acaba la espera dejarlo justo al empezar página. Lees, levantas la vista, compruebas que no te has perdido nada. Él no ha llegado, ellas no han salido, no te han llamado, no has perdido el tren, ni el avión ni el turno. Lees sin concentrarte del todo porque tienes que estar atenta al entorno. No te gusta leer con esa incertidumbre, por un lado quieres que lo que sea que estás esperando llegue ya y por otro lado quieres que se prolongue, que tarde un poco más, al fin y al cabo estás leyendo. 

En el avión. Agarrarte al libro como si fuera un salvavidas, algo mágico. Sin levantar la cabeza de sus páginas lo aferras con las dos manos. No puedes apoyarlo en ningún sitio, la mesita tiene que estar levantada al despegar y aterrizar que es cuando más miedo tienes. Coges el libro con fuerza, no lo sueltas. Sólo si vas acompañada lo sujetas con una sola mano para con la otra coger la mano del otro con fuerza. Lees queriendo poder meterte entre las letras, vivir en medio de esa historia, que se te olvide que estás volando. 

En la playa. Tumbada. Al empezar siempre boca arriba. El libro en alto tapando el sol, dando sombra a los ojos hasta que te duelen los brazos. Después boca abajo. El libro sobre la toalla, sostenida la cara con las manos y los codos sobre la toalla. Después la barbilla sobre las manos que a su vez sujetan el libro. Dolor de espalda. Rodar a un lado de espaldas al sol. Sentarse como en el sofá, con las piernas cruzadas y el libro encima sobre la toalla. El sol pegándote en la espalda. Mirar al mar al terminar el capítulo o un pasaje que te impresiona. Llegar al final. Cerrarlo. Levantarte dejando el libro sobre la toalla, ir hacia el mar con toda la historia resonando en la cabeza, saboreándola y despidiéndote de ella mientras te metes en el agua. 

En el jardín. En un parque. Al sol o a la sombra, sentada con el libro en las manos. Sientes la brisa o el viento en la cara. Ves sobre las páginas como cambia la luz. Sentir frío o calor e ignorar esas sensaciones para seguir leyendo, seguir pasando páginas, avanzar. 

En la cama. Por la noche, al acosarte. Abrir la cama, encender la lámpara de la mesilla, colocar la almohada y coger el libro. Leer esperando que el sueño no te venza demasiado rápido. Comenzar siempre más incorporada, con la espalda apoyada en la almohada y un cojín, confiando en que así aguantes más sin dormirte. Deslizarte poco a poco hacia abajo, darte cuenta de que se te cierran los ojos y rodar hasta ponerte de lado de espaldas a la mesilla. Te estás durmiendo, se te están cerrando los ojos, los abres, relees la última línea y pronto los abres solo lo justo para poner el marca páginas, estirar el brazo, dejar el libro y apagar la luz...


Momentos leyendo. 

22 comentarios:

Carmen J. dijo...

Qué bien, Molinos.

emma dijo...

Fabuloso post.

Emma.

Anna JR dijo...

Qué guay!! Estoy en el trabajo... y me están entrando unas ganas de leer!! Yo también leo en todos esos lugares y momentos. Leo mucho también en el coche esperando la salida de lasmías del cole. Y ya no leo casi nada en la playa porque me dedico a dragar con cubos, palas y rastrillos con las fieras como si fuéramos a construir el canal de Panamá.

Hermano E dijo...

Preciosa entrada, pero ¿por qué maltratas así tu espalda?

Leer en la cama o tumbada en la playa (llevate una silla plegable como hago yo) no le hace bien a tu columna . Mi médico me insiste siempre que igual que no hay que dormirse en el sofa, a la cama sólo hay que ir a dormir ( bueno, hay otro uso autorizado pero no vamos a entrar en más detalles).

P.S. La verdad es que no se porque pierdo el tiempo: le doy continuamente la misma chapa a mi santa, y nunca me ha hecho caso. :*(



Miss Chloe dijo...

Un post muy bonito. Dan ganas de dejar el trabajo, irse al sofá con un zumo y leer ahora mismo... Ay... por qué nos abres el apetito ;)

Burbuja dijo...

Más de una vez me he visto reflejada en los momentos leyendo que cuentas...

Me encanta, gracias! ^_^

Anónimo dijo...

de tus mejores post de los últimas tiempos. Me ha encantado.
ecdlc

Anónimo dijo...

Molí. Me ha encantado

Descerebrada anónima: Rita.

Ana María dijo...

Jop, todas las formas son aceptadas. Todas las he marcado con un "tic" :)

Ir en el transporte público y leer y pensar "ya verás que me paso de parada". Mil noches en que lo último que hago es leer, hasta el primer cabezazo y ponerme bizca, y decirme que ya es suficiente. Noches en que me he despertado con la luz encendida y el libro caído sobre mi cara. El kamasutra de leer en el sofá, que hasta te pones bocabajo pero llega un momento en que ya no puedes más. Leer en el parque en verano tirada en una toalla, rodeada de niños y perros.

Leer.

Mil besos, espero que tu recuperación sea ya casi un éxito total :)

Jesús Miramón dijo...

Has escrito una maravilla, uno de los homenajes a la lectura más hermosos que he leído jamás. Gracias. Un beso.

Anónimo dijo...

Sois todos unos pajoleros
Yo tb lo fui
Monique

Anónimo dijo...

Me ha gustado un montón.
Mis problemas en los ojos cada vez son mayores y aunque de momento sigo con mi vida se, que llegará el día en que no podré hacer muchas cosas y normalmente me acuerdo cuando estoy leyendo...¿como podré seguir haciéndolo?
Nines.

Ana Ruiz dijo...

Me ha encantado. Me he reconocido en todos y cada uno de los momentos; pero me ha sabido especialmente bien el del avión; mirar el libro ocupando todo tu campo visual y buscar en sus letras un refugio y otra verdad que no tenga alas de metal y que no esté a muchos metros sobre el suelo :-)

Nisi dijo...

Los practico todos, menos el del jardín, porque no tengo. Mi momento favorito siempre ha sido el momento playa, pero últimamente me entusiasma el momento desayuno, en el que (para mí) es ideal el libro electrónico.

cris dijo...

Es precioso, buenísimo.

Es la pura realidad. ... un libro, un tesoro con cualquier postura de esas y en cualquier momento de esos.

FELICIDADES x este post!

Nemo dijo...

Preciosa entrada, como amante de la lectura ("amante de la lectura", me encanta esa expresión en su doble sentido, le pongo a "la lectura" un cuerpo clásico de escultura griega y me imagino... en fin, por dónde íbamos?) es delicioso leerlo, e imposible no sentirme identificada con tantos momentos. El que más, como madre primeriza y "reciente" (se acostumbra una a esto algún día?), con el de los ratitos robados en los transportes, paradas, colas, esperas. Es la manera en que menos me gusta leer, pero la única manera que a veces nos queda para no dejar de leer.

Y echo de menos uno, el de las bibliotecas y librerías. Andar brujuleando por las estanterías, encontrar un libro que te llama, abrirlo y empezar a leer. Si estoy en una biblioteca guay, me siento y me pongo a leer y si el libro lo merece, que suele merecerlo, el tiempo se me pasa volando sin problemas, hasta que miro el reloj y me asusto por lo tarde que se me ha hecho. Si estoy en una librería, me suele sacar de mi trance la tosecilla del dueño, entonces levanto la vista del libro, me sonrojo, lo compro y salgo deprisa de la misma, deseando llegar a casa y seguir leyendo.

No sé si lee tan bien rodeada de libros porque te olvidas del resto del mundo, no existe nada más que los libros y la lectura, o quizás porque el olor tan intenso a libros sea embriagador, o es porque la llamada de determinados libros es tan fuerte que te doblega hasta que lo tomas, porque no puedes dejar de tomarlos.

Saramaga dijo...

Joder... que identificada! Me ha encantado esta entrada...

Chukita dijo...

¡¡¡ También cumplo todos los momentos!!! Ya me siento menos incomprendida...
Muy bueno..

Ponme otra copa dijo...

Muy identificada. Salvo xq me encanta volar y en los aviones no suelo leer hasta que puedo bajar la mesita y apoyar el libro (aunque al aterrizar siga leyendo sin tener donde apoyarlo)

Fani TT dijo...

ME gustan todos los que describes.

Deliciosos momentos

http://laisladegrandejatte.blogspot.com.es/

Anónimo dijo...

Ser un friki de la lectura y compartirlo con otros frikis es lo que tiene. Por mucho que se lea, siempre habrá muchísimos libros pendientes, así que menos apología del equilibrio y las posturas incómodas hasta que no se pueda más, que la página manda. Y el capítulo. Y el libro. Y la colección. Y la foto polvorienta de la entrada. No queridos. No sabeis que en una puesta de sol desde un avión, o en un observar a tu familia en sus juegos, o en un balanceo de las olas del mar, por poner algún ejemplo cotidiano, hay más sabiduría y belleza - que es parte de la sabiduría- que en muchos momentos malgastados en leer una paginita más.
Saludos y medida.

RS dijo...

Desde que estoy en modo "madre de trol", no leo ni una millonésima parte de lo que leía antes del parto. Fijaos que, ilusa de mí, hasta me llevé un libro al hospital en la maletita para dar a luz. Sí, ilusa a más no poder. En fin, el caso es que siempre ando buscando minutos o segundos para leer. Yo que devoraba tres o cuatro libros por mes, me he tirado un año con dos libros. Gordos, muy gordos, pero dos libros. Y millones, qué digo, trillones de cuentos infantiles. Al trol le gusta que le lean y a mí me gustaría que supiera ya leer por sí misma, aunque biológicamente es imposible (no es una superdotada).

Así es que sí, añoro esos momentos de los que hablas. Me reconozco en casi todos, aunque las posturas difieren. No me gusta leer acostada boca arriba, ni en el sofá, ni en la cama, ni en la playa. Son manías. Por lo demás, mis mejores momentos son las lecturas en los tiempos muertos. Esos que o matas leyendo o te mueres del asco: una cola de organismo público o en la tienda del barrio, los viajes en bus al curro, los trenes, aviones, barcos, coches, etc.

Me encanta dormirme leyendo. Que justo te dé tiempo a poner la marca o ni siquiera eso y al día siguiente andes buscando dónde lo dejaste. A veces, sabiendo que no avanzaste ni una línea porque estabas tan cansada que fue abrir el libro y dormirte.

¡¡¡Vivan los libros!!!