martes, 23 de julio de 2013

LOS CUADERNOS


¿Por qué lo apunté? Pues para recordarlo, claro, pero ¿qué es exactamente lo que yo quería recordar?¿Cuánto de todo aquello sucedió realmente? ¿Acaso sucedió algo? ¿Para qué tengo un cuaderno de notas? Es fácil engañarse a uno mismo en relación con todas estas cuestiones. El impulso de apuntar cosas resulta peculiarmente compulsivo, inexplicable para quienes no lo comparten y útil solo de forma accidental, solo de forma secundaria, de esa misma forma en que todas las compulsiones intentan justificarse a sí mismas”

Joan Didion. “ Los que sueñan el sueño dorado”. 

Los primeros cuadernos que tengo guardados son de cuando iba de campamento a Comillas, a la “English House”. Son 3. Uno con tapa azul, otro con tapa negra y otro con una especie de lechera holandesa muy rara dibujada encima de un fondo azul clarito.  A partir del 20 de julio, todos nos comprábamos un cuaderno ( a partir del segundo año lo llevabas desde casa) y lo pasábamos a nuestros amigos para que nos escribieran algo, un recordatorio o una frase ingeniosa y nos dejaran su dirección porque por supuesto íbamos a escribirnos. También intentabas que el que no te caía bien no te escribiera pero a veces era inevitable. En estos cuadernos yo no escribía, no hay nada con mi letra de 12, 13, 14 años...todo son dedicatorias de gente que recuerdo vagamente. “No vayas por el sol que un bombón como tú puede derretirse”. 

En el año 92, estuve de viaje por Escocia. Un viaje muy surrealista, lleno de anécdotas y aventuras.  Me dio por escribir un diario de ese viaje, un diario bastante divertido que luego presté a una de mis compañeras de viaje y nunca volvió a mí. Es un cuaderno perdido, mi primer cuaderno escrito perdido para siempre. O no. Nunca se sabe. 

El siguiente cuaderno que empecé fue en el año 97. No era un cuaderno de notas, apuntaba los días que trabajaba, los gastos que tenía  y los libros que leía. Eran anotaciones simples “Una semana en Tarrasa”, “4 días en Granada”. Era una libreta pequeña, azul con una flecha verde en la portada y anillas blancas.  

Cuando se acabó esa libreta, compré un cuaderno feo. Muy feo. Un sencillo cuaderno de anillas blancas, con cuadrícula y unas tapas negras de cartón malo. Lo compré en septiembre de 1997, empecé a apuntar cosas de unas conferencias de arte que iba en el Museo del Prado. Cosas como “Conferencia de Bernardo Atxaga. Un auténtico coñazo. Debería darle vergüenza hablar así”. Seguía apuntando los libros que leía pero sin ninguna explicación: “Diario de Anais Nin”, “La perla”. “Matando dinosaurios con tirachinas”. Nada más. Después hay páginas llenas de anotaciones sobre exposiciones que visitaba. Había empezado un master en Museografía y cuando iba a los museos, me ponía muy profesional y anotaba lo que me parecía bien y lo que no me gustaba. 

Después, en mi año negro, 1998, empecé a escribir allí cosas personales. Muy personales. Tan personales que nunca se las he dejado leer a nadie y nunca se las dejaré leer a nadie. Letra apretujada con una pluma que me había regalado mi abuela al terminar la carrera. Páginas y páginas de patéticas experiencias y pensamientos e ideas. Algunas casi ilegibles porque las escribía al llegar a casa bastante borracha. No hay una continuidad. Entre anotaciones de ese tipo, hay nombres de tíos y teléfonos. No recuerdo a ninguno pero supongo que en su día tuvieron que importarme algo si apunté sus teléfonos, aunque puede que no les llamara nunca o que los apuntara después de una única vez sabiendo que no les llamaría nunca. Es un cuaderno escrito hasta la última página, en los márgenes, en la portada, en la cara interior de la contraportada. Tiene hojas intercaladas escritas también con letra de colegio de monjas muy pegada. Hay cosas enganchadas con clips, entre ellas un poema horroroso sobre mis “pechos enharinados” que me escribió uno de esos tíos, del que si recuerdo el nombre. La portada acabó arrancada pero la conservo. Está tan destrozado y tan lleno de cosas que lo tengo guardado en una bolsa. Para que no se pierda nada y para no verlo. 

Después dejé de escribir en cuadernos. Sé exactamente cuando fue. Julio de 1999. Sencillamente se terminó. Compré un cuaderno nuevo, de cuadros y tapas duras, supongo que intentando que no se rompiera como el anterior, pero está impoluto, nada escrito, guardado en la mesilla de mi cuarto de Los Molinos. 

Hace un año alguien me dijo:

¿Por qué no llevas un cuaderno de notas? 
No lo necesito, me acuerdo de todo. 
Deberías llevarlo. Se te ocurren mil cosas y estaría bien que las apuntaras. 
No lo necesito. 
A mí me gustaría que lo llevaras. 

Lo pensé durante unos meses y como no estaba muy convencida, cogí una libreta de publicidad que tenía en los libros de colores. No era un buena libreta. Tamaño ni pequeño, ni grande y con las anillas arriba. Una libreta de esas que sacan los periodistas o los policías para escribir tres tonterías pero que no sirve para escribir en plan torrente porque nunca sabes si tienes que escribir hacia arriba o hacia abajo. Yo me entiendo.  Ideas para posts en este blog, listas para la docena, dibujos de laz princesas. Notas sobre cosas que me ocurrían y que no eran para posts pero que terminaron siendo posts. Libros para leer. Direcciones. A pesar de mi poca fe en llevar un cuaderno de notas, la llené en un par de meses.

Y me compré otro cuaderno. En septiembre u octubre del año pasado. Es un cuaderno rojo, con anillas blancas, con cuadrícula y tiene divididas las páginas por colores. Me senté y lo organicé. Copié incluso de la libreta anterior las cosas que me habían quedado pendientes, las ideas que no había organizado, los libros que no había comprado. Lo llevo encima siempre, en el bolso si salgo de casa. En Los Molinos lo acarreo de mi cuarto al jardín cuando me levanto por la mañana y lo subo a la mesilla cuando me acuesto. Pueden pasar días sin que apunte nada, pero otros, como cuando estuve la semana pasada en el hospital se me ocurre una idea y tengo que apuntarlo. Tengo que escribirlo en ese mismo momento. Enganchar esa idea y escribir todo lo que se me ocurra. Me pasa en el curro y muchas veces en el coche, aunque normalmente no paro a escribirlo. Pienso “me acordaré cuando llegue a casa”. Pero luego no me acuerdo. Se pierde. 

En ese cuaderno fui durante meses completando el post que escribí para mi cumpleaños. En ese cuaderno tengo otra nueva lista de libros, tengo las docenas escritas a golpes de inspiración y de desesperación. Tengo citas apuntadas a las que llegué tarde. Tengo ideas de regalos para un cumpleaños. Tengo frases copiadas de internet (“You never have to change anything you got up in the middle of the night to write”. Saul Bellow) y trozos de artículos de periódicos. Tengo fragmentos de conversaciones en la pradera y conversaciones con laz princezaz. Entre sus hojas tengo postales de una exposición de Klee, unas cuantas fotos en papel que me hizo Morenaza, el parte del hospital, notas de C y algún artículo recortado del periódico. Tengo un poema que me escribió M por mi cumpleaños y hoy por sorpresa he encontrado una especie de poema escrito por mi el 17 de mayo. Jamás había escrito nada así. ¿Yo he escrito eso? 

Todos esos cuadernos están guardados en el baúl que me hace de mesilla, supongo que si hubiera un incendio en mi casa, sería lo único que me llevaría. 

“Pero nuestros cuadernos nos delatan, porque por muy diligentemente que anotemos lo que vemos a nuestro alrededor, el común denominador de todo lo que vemos es siempre, de forma transparente y desvergonzada, el implacable “yo”.

Joan Didion. 



19 comentarios:

Ana María dijo...

Como comenté hace poco en una entrada del blog, siempre llevo cuadernos o libretas allá donde yo voy. Tengo retazos de ideas en montones de libretas, relatos, impresiones, recuerdos, frases... Me gusta volverlos a leer al cabo de un tiempo, porque es "casa". Veo cómo estaba entonces y veo cómo estoy ahora. Ninguna está terminada. Las llevo conmigo a lo loco, tengo una fija en el coche y media docena por casa, para meter en bolsos más o menos grandes, las hay gruesas de tapas duras, o finitas, de tapa blanda. De las de periodista o de las otras.

Por mi cumple me regalaron mis amigos un cuaderno de tapa dura, y lo estoy escribiendo con una pluma, hecha con una caña de bambú, con mi nombre, que me regaló J.

Y sí, cada palabra, cada cosa que apuntas, que recuerdas, que te hace feliz o desgraciado y queda plasmada en alguna de ellas son implacablemente uno mismo.

Espero que tu recuperación esté yendo bien; mientras nadaba esta mañana me acordaba de ti, y pensé que te deben tirar mucho los puntos en el abdomen.

Muchos besos :*

DosFlores_ dijo...

Yo tengo una agenda, una de esas molonas de tapas negras en la que escriben los famosos. De rayas (mi pareja dice que soy como una niña pequeña con eso, no se escribir recto :D)

Al principio la compraba en rojo, por "ser diferente" y ahora la llevo de StarWars, porque me moló.

Cuando la estreno siempre hago lo mismo: pego una copia de la lista de medicamentos que no puedo tomar y anoto las direcciones de familia y amigos para enviarles postales desde los viajes (y para encontrar su casa si hace mucho que no voy)

A partir de ahí, el caos: recetas que me molan, libros de los que he leído críticas y pienso leer algún día, listas de asistentes a fiestas y cenas, listas de regalos de Reyes (los empiezo a comprar en septiembre!).

En general, la agenda del bolso es práctica.

Mis CUADERNOS son los que hago como diarios de viaje. A la vuelta de todos los viajes, con los millones de papelitos, facturas, tickets, tarjetas, envoltorios y las fotos impresas en pequeñito, cuento lo que hemos/he hecho en el viaje. Pego cosas, hago dibujos, esquemas, mapas, tablas resumen con los km recorridos, alojamientos....
Con ellos, con estos cuadernos, me he vuelto muy maniática. Tienen que ser de un tamaño determinado, con un tipo de hoja determinada y por supuesto, ¡con rayas!

Me ha gustado mucho mucho esta entrada :D

valpertuna dijo...

De verdad sirve de algo leer algo escrito x anos antes fuera de contexto y situacion?
Cuando se leen esos cuadernos?
Estoy convencido que solo cuando estas hecho fosfatina con el animo de rebozarte en dolor y pena.
No sera mejor dejar los recuerdos al criterio selectivo de la memoria y cuatro fotos que el tiempo amarilleara?
Otra cosa es recoger ideas "llave" que llegan fugaces para un informe, un fundamento una presentacion etc. para eso uso la grabadora

NáN dijo...

Si no fuera por los cuadernos, no escribiría. En ellos encuentro, como mínimo dos años después, el esqueleto, los nervios o el corazón del texto que escribo. El cuaderno lo he encontrado al azar, porque los dejo desperdigados por toda la casa; a veces completos, otras veces mediados.

Encuentro en lo que escribí en ellos, más que la idea, un ritmo que es el único que permite expresar esa idea. Es decir, lo más importante está en ellos: el "suceso" lo recuerdo bien; es el ritmo lo que había perdido: la marca del "yo" de ese momento, como dice requetebién Joan Didion.

Juan Car dijo...

Yo no he tenido ese tipo de cuaderno nunca, solo los de los deberes del colegio. Cuando era aún más joven que ahora no me hacían falta para recordar nada, ni siquiera direcciones o números de teléfono. Ahora suelo tener un folio doblado en dos debajo del teclado y voy apuntando cifras, cosas pendientes... Cuando está lleno que no cabe más, lo reemplazo por otro. Me hubiera gustado hacer de esas libretas de viaje que se cierran con una goma y que se llenan con pensamientos sesudos y dibujos a carboncillo maravillosos, pero par eso hacen falta un par de virtudes que no me adornan,
Me ha gustado mucho el post. Espero que ya estés recuperada.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Te lo repito desde entonces: la entrada de tu cumpleaños es excelente. Es la mejor de todas las escritas en un blog hasta el momento, y si no, que alguien me demuestre mi error.
felicidades por ella otra vez.
...y ahí no se llega de casualidad.

los cuadernos definen tanto a la persona que ls ecribe, que da miedo. yo necesito una cierta estética en ls míos, unos colores, girasoles, ..., pero donde mejor escribo ( más espontánea, natural) es A SUCIO.

siento las mayúsculas pero la configuración de este ipad es rarísima.

yo mis cuadernos personaleslos leí un día y los tiré, donde nadie pudiera encontrarls, por miedo a que alguien los leyera. Tú eres muy valiente.

sigue cuidándote y recuperándote, que en nada ya es agua pasada!

un abrazo.

Anónimo dijo...

Que post más chulo.

Me he sonreido cuando he visto que leiste "Matando dinosaurios con tirachinas". Yo lo he leído todo de Pedro Maestre. Ya no escribe. No se porqué.

_Xisca_ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
anonima olga dijo...

moli una vez mas me asombra y me encanta tu post...
me encantan los cuadernos yo tambien los tengo de miles de colores formas me encanta comprar cuadernos para el futuro para escribir en ellos ..en mi adolescencia empece a escribir como tu ...direccione sy telefonos y dedicatorias de camapamentos y viajes a inglaterra ..luego pase a los diarios mas ñoños y adolescentes ...mas adelante he escrito reflexiones o momentos vitales y me gusta y me averguenza a partes iguales releerlos ..pero creo que es muy necesario para saber donde estas y donde has estado ..la memoria es muy fragil y voluble ..
y eso que yo tengo muy buena memoria ..pero me gustaria escribir mas ...para tener mas asideros de mi realidad ..
en otro cuadernos ,los del dia a dia, escribo cosas que hacer listas de libros leidos o pendientes ( entre los que ahora estan algunas de tus recomendaciones)
de peliculas que ver ..recados personas a las que llamar ..basicamente listitas ..mis listitas en las que intento acotar mis pensamientos sentimientos y mi dia a dia ..
me ha encantado tu post
un beso y enhorabuena

HombreRevenido dijo...

Jo.
Los cuadernos. Este tema me ha llegado al corazón.
Mira que estoy enamorado de mi móvil, pero si tuviera que elegir una única cosa, lo cambiaría por un cuaderno (y un boli, claro).

Yo escribía un diario con 11 años, días sueltos de verano. La temática era prosaica "He comido sopa y lomo". Pero lo increíble es que me reconozco en el estilo, escribo muy diferente pero igual.

Ahora emborrono cuadernos como si fuera un deporte. Y también lo mezclo todo.
Si tuviera que lanzar el portátil por la ventana para salvar uno de mis cuadernos... daría un grito antes para avisar a los viandantes.

Bichejo dijo...

La costumbre del cuaderno mola mucho. Yo sigo con el primero, uno de Strand chulísimo, en el que de momento sólo hay frases de libros que me hayan gustado.

Me falta perseverancia para mantenerlo como se merece.

Hans dijo...

Ahora tengo un cuaderno azul Moleskine de tapas blandas. De rayas. Empecé a anotar cosas caóticamente el verano pasado. No está mal. De llvarlo de aquí para allá se ve ajadillo. Me gusta la textura de su papel.

sasadogar dijo...

Ciao,
yo llevo unas libretas infames para apuntar canciones que me gustan, libros que quiero comprar blog que quiero visitar, donde apunto frases que me gustan o ideas para historias que nunca escribiré.
Pero llevo con especial cariño dos cuadernos, preciosos, con tapas duras y con dibujos troquelados y con solapa para cerrarlos tipo diario, que intentan ser una especie de diario mio sobre mis dos hijas, donde voy contandoles anécdotas de su infancia; como dormían, como fue su parto, mi embarazo, cuando les salió el primer diente, cosas prosaicas o destacables.
Ahora me siento algo culpable porque los tengo un poco abandonados y con mi segunda hija está siendo más dificil escribir un poco, porque no me da el tiempo.
Pienso que será una cosa que luego guardarán con cariño y puede serles util si llegan a ser madres ellas.
Un saludet Moli desde Valencia.

Antónimo dijo...

¡Qué bueno! Es cierto que nuestros cuadernos nos delatan.
No se muy bien el porqué pero no guardo ninguno, me pasa igual con las fotos.
Es un desapego extraño y contradictorio, porque el caso es que después me encanta encontrarme con algo que me transporte a algún momento de mi historia.
Ahora en el trabajo, entre la pantalla y yo, tengo un enorme cuaderno que utilizo constantemente a modo de bloc de notas. En el conviven de manera caótica pero a la vez en curiosa armonía: esbozos de ideas (la mayoría absurdas), garabatos y bocetos de proyectos, muchos números, algún intento de caricatura, títulos de libros o música que acabo de escuchar en la radio y que tienen buena pinta, ...

nanu dijo...

Una palabra: Moleskine. Rigurosamente negro 9x14. Tapa blanda. Hoja blanca o a rayas. Con su gomita y su bolsillito al final. Engancho siempre un montoncito de pos-it en una de las tapas por si acaso.

Escribo a random sin orden ni concierto, pero me acuerdo que lo he escrito y he ido a buscar mis cuadernos viejos para comprobar cosas.

En italiano les llaman "taccuino", mola.

Beso

ANuRa dijo...

Mi cuaderno es un diario de viajes, en el que apunto citas de cientificos (Einstein, Kawazawa...), datos curiosos (Mafalda vivia en la calle Chile 371 en Buenos Aires), suenyos, titulos de libros y canciones, anecdotas de personajes famosos, recetas, sitios donde estado, cosas que mis amigos han dicho que les gustaba (para tener ideas de regalos)... Siempre que acabo una libreta me compro otra, con goma, porque a medida que pasa el tiempo pego fotos, plumas, flores, recortes, dibujos, notas que me ha escrito otra gente... cada vez cuesta mas cerrarla.

Burbuja dijo...

Tengo un par de diarios de cuando era enana y por supuesto, unos cuantos cuadernos de mi época adolescente llenos de dedicatorias y frases que me gustaban...

A veces da vergüenza leerlos por lo pava que se puede llegar a ser jajaja pero siempre es agradable reencontrarte con tu yo del pasado, cómo sentía, cómo veía las cosas, cómo le afectaba todo...

Sigo teniendo cuadernos más grandes y más pequeños donde apunto mil chorradas. Y un par de "diarios" de viaje. Uno del viaje a NY de luna de miel y otro de una escapada a Londres. Ambos con cosas que vi y me impactaron, que me gustaron y no, comidas que probé... y ambos con tickets de metro, entradas de museos, recibos de restaurantes

Paz dijo...

Mi experiencia 'cuadernil' es bastante caótica.
Están en la casa de mis abuelos y en cajas en el trastero.
Desde un cuaderno que hice con 15 años con letras de las canciones del momento y sus correspondientes fotos sacadas de la Super Pop y similares que me da mucha ternura cuando lo veo (una vez al año aprox.) a libretillas en las que apuntaba frases en clave porque me daba vergüenza que alguien las encontrara...
Pero no suelo apuntar nada, porque me parece que si lo apunto se me olvida, no sé usar las agendas.

En la era predigital me encantaba escribir cartas y supongo que sería curiosos volverlas a leer, pero es imposible, primero porque el destinatario es el dueño y segundo porque a algunos destinatarios no sabría ni dónde encontrarlos.

Yo soy más de guardar objetos, cada uno con su historia y contarla cuando proceda y a quien proceda.

Espero que estés pronto corriendo por los montes...





Nisi dijo...

Me encantan los cuadernos, tengo bastantes, para cosas diferentes. Curiosamente, los que mejor conservo son los del trabajo: cuadernos de cuadrícula, en el que anoto mil cosas laborales. Tengo cuadernos de citas que copio de libros. Un cuaderno de recetas. Un moleskine maravilloso para los viajes. Un cuaderno casi diario de los 4 meses que pasé en Creta. Un cuaderno para los proyectos de tejer. ¡Y creo que me olvido alguno!