jueves, 31 de enero de 2013

NOCHES AZULES DE JOAN DIDION


En la prehistoria de este blog, en noviembre de su primer año, escribí una entrada sobre un libro que me encantó a pesar de lo durísimo que era, “El año del pensamiento mágico” de Joan Didion.

Recuerdo perfectamente que lo vi reseñado en un periódico y podías descargarte el primer capítulo. Lo leí en el ordenador de los libros de colores y supe que tenía que leerlo. Lo saqué de la biblioteca y ahora me arrepiento porque a pesar de que copie muchos párrafos en mi cuaderno de lecturas, es un libro que desde entonces ha estado en mi cabeza y en el que pienso muchísimo y me gustaría releerlo. Es un libro además, que regalé a Molimadre, surgió luego en una conversación e inspiró el post de "El luto hacia delante" (uno de los que más me gustan de todos los que hay por aquí).

Estas navidades leí varias reseñas sobre Noches azules de Joan Didion y lo pedí a los Reyes que no me lo trajeron, pero si me trajeron uno que yo no quería leer y fui y lo cambié.

Noches azules es el libro que Joan Didion escribe a partir de la muerte de su hija Quintana. Espeluznante, ya es tener mala suerte en la vida. Su hija sufre una hemorragia cerebral y al volver con su marido cuando de visitarla en la UCI del hospital, se sientan a cenar y él muere de un infarto. Mientras trata de lidiar con su muerte, su luto y todo el barullo emocional y físico que eso supone tiene que seguir cuidando a su hija, visitando, esperando que mejore...para asistir dos años después a su muerte.

Didion decide entonces luchar contra la pena atroz, la impotencia y la paralización emocional, mental e incluso física haciendo lo mismo que hizo cuando murió su marido, escribe un libro. Un libro que ha tenido que dolerle de una manera atroz. Se sienta y con una increíble frialdad que te estremece hasta los huesos disecciona su propia maternidad y su relación con su hija.

Cuando Didion reflexionaba sobre la muerte de su marido lo hacía sobre sus sentimientos por la ausencia, observaba su pena, su luto, la tristeza, la sorpresa ante el hecho de encontrarse mirando fijamente sus zapatos y pensando que tenía que volver a casa porque sus zapatos estaban allí, la incredulidad, la sensación de vértigo del “nunca más”.

En Noches azules Didion recuerda la infancia de su hija escudriñando cada detalle, cada frase, cada foto, cada pequeño resquicio de recuerdo intentando encontrar una explicación a su muerte y a su vida en cierta manera atormentada. En este repaso vital espeluznante por supuesto se culpabiliza, se acusa de no haber estado pendiente de determinados detalles, de no haber visto las “señales”, de no haber sabido prevenir la situación. Es atroz, y terrible leerla, porque sabes que no va a llegar a ningún sitio más que a causarse un dolor aún mayor pero por otro lado sabes que es su manera de enfrentarse a esa situación.

Repasar tu propia maternidad es encontrarte de golpe con todos tus fallos ahí expuestos, es enfrentarte al hecho de que no estabas preparado aunque creyeras que lo estabas y de que nunca lo estuviste realmente y de que no lo estás haciendo bien. La muerte de un hijo además te lleva directamente a la fase del luto hacia delante. Tú te haces mayor, envejeces y tu hijo se queda anclado en la edad que tenía al morir y no hay manera de que sepas cómo sería al envejecer. Seguir envejeciendo y viviendo mientras tu hijo ha muerto es tan antinatural que pierdes cualquier anclaje, cualquier referente vital.

La segunda parte del libro es justamente eso, el desmoronamiento físico, mental y emocional de Didion que se observa a sí misma encontrándose débil, asustada, desorientada, enferma y sin un punto al que agarrarse para seguir adelante aunque realmente no sabe ni siquiera qué es adelante.
Joan Didion y su marido, adoptan una niña. Reciben una llamada y van al hospital a por ella. Didion repasa sus sentimientos y sensaciones.

 
“ En otras palabras, soñando que yo había fracasado.
Que me habían dado una criatura y yo no la había cuidado.
Cuando pensamos en adoptar un bebé, o ya puestos, en tener hijos, ponemos énfasis en el aspecto de la “bendición”.
Omitimos el instante del escalofrío repentino, del “que pasaría sí”, de la caída libre en el fracaso seguro.
¿Y si no conseguimos cuidar a este bebé?
¿Y si este bebé no se desarrolla bien, y si no me quiere nunca?
Y lo que es peor todavía, mucho peor, tan peor que resulta impensable, aunque yo sí lo pensé, lo piensa todo el mundo que ha estado esperando para llevarse a un bebé a casa: ¿y si yo nunca consigo querer a este bebé?”


Yo tuve exactamente esa sensación y ese pensamiento. Sé perfectamente donde estaba, la hora y el día en que tuve ese pensamiento.

Reflexiona también sobre la relación con los hijos.

Cuando comencé a escribir estas páginas, yo creía que iban a tratar de los hijos, de los que tenemos y de los que desearíamos tener, de las formas en que dependemos del hecho de que nuestros hijos dependan de nosotros, de las formas en que los animamos a que sigan siendo niños, de las formas en que ellos siempre nos resultan más desconocidos para nosotros que para sus conocidos más casuales; de las formas en que nosotros somos igualmente opacos para ellos. ( ) De las formas en que ni nosotros ni ellos podemos soportar contemplar la muerte ni la enfermedad, ni siquiera el envejecimiento del otro”

Hace un fabuloso análisis de la paternidad y cómo ha evolucionado. Didion tiene 75 años pero cuando habla de su infancia se parece mucho a la mía, a la de alguien de 40..el cambio ha sido posterior.

No conozco a muchas personas que crean haber sido buenos padres. Los que si lo creen suelen citar toda una serie de criterios que implican status (el de ellos) en el mundo: la licenciatura en Standford, el master en Harvad, el verano tranbajando para el bufete de abogados blanco y conservador. Aquellos que tenemos menos tendencia a elogiar nuestro talento como padres, que somos la mayoría, nos dedicamos a recitar el rosario de nuestros fracasos, nuestras negligencias, nuestras morosidades y desidias. La definición misma de lo que es ser buen padre ha experimentado una transformación elocuente: antes lo definiamos como la capacidad de estimular al hijo para que creciera hasta alcanzar la vida independiente, es decir “levantar” al hijo, dejarlo ir”


Cuenta su infancia donde no habia esa sobreprotección que impera ahora. “ Si te tiras por ahí, te caerás y te harás daño” era la máxima advertencia que recibía...se tiraba y se hacía daño. Y así se iba a aprendiendo.

De todo aquello no queda nada. Hoy resulta practicamente inimaginable. En el programa de “crianza” actual no hay lugar para tolerar unos pasamientos tan inseguros. En cambio, los mismos que nos beneficiamos de aquella clase de abandono benigno, ahora medimos el ser buen padre como el grado en que conseguimos mantener a nuestros hijos vigilados, atados, encadenados a nosotros”

Todos estamos preparados para la muerte de nuestros padres aunque creamos que no, no lo pensamos, no reflexionamos sobre ello pero vivimos con esa realidad, con esa posibilidad. de vez en cuando y cuanto mayores nos hacemos te asomas un poquito y sientes vértigo y dejas pensarlo. La idea de que tus hijos mueran antes que tú es sin embargo inconcebible, no puedes ni siquiera formularla en tu cabeza porque sientes como si te quitaran el aire y te fueras a ahogar...nadie está nunca preparado para eso.

 
Uno de sus miedos más pertinaces, me enteré mucho más tarde, era que se muriera John y no quedara nadie más que ella para cuidar de mi.
¿Cómo se podría haber imaginado que yo no iba a cuidar de ella?
Eso me preguntaba yo antes.
En cambio, ahora me pregunto lo contrario:
¿Cómo se imaginaba que yo iba a poder cuidar de ella?
Ella me veía como alguien que necesitaba de ser cuidada.
Ella me veía como alguien fragil.
¿Se debía la ansiedad de Quintana o a la mía?
Yo me enteré de aquel miedo cuando a ella le quitaron temporalmente el respirador artificial en una de las UCI, no me acuerdo de cual”

Me ha gustado muchísimo. Me gusta como escribe Didion, con una increible frialdad, como si se viera desde fuera, pero por otro lado esa es la única manera de poder tocar esos sentimientos sin destrozarse.


“Sé que ya no puedo llegar a ella.
Sé que si intento llegar a ella - si intento cogerle la mano como si ella volviera a estar sentada a mi lado en la cabina a oscuras del piso de arriba del vuelo vespertino de la Pan Am de Honolulú a Los Ángeles, si intento cantarle la canción del papá que se ha ido a buscar el pellejo de conejo para envolver a su conejita- ella se me deshará en las manos.
Se esfumará.
Se adentrará en la nada: el verso de Keats que la aterraba.
Se apagará como se apagan las noches azules, se irá igual que se va la claridad.
Se volverá al azul.
Yo misma coloqué sus cenizas en el muro.
Yo misma vi cerrarse a las seis las puertas de la catedral.
Sé qué es lo que estoy experimentando ahora.
Conozco la fragilidad y conozco el miedo.
Uno no teme por lo que ha perdido.
Lo que ha perdido ya está en el muro.
Lo que ha perdido ya está al otro lado de las puertas cerradas.
Uno teme por lo que todavía no ha perdido.
Puede que ustedes todavía no vean nada por perder.
Y, sin embargo, no hay nada en su vida en que yo no lo vea”.

Es un libro estremecedor y trágico. Hay que leer a Didion aunque se pase miedo. 

44 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Lo que no acabo de entender es por qué hay que leer el libro para pasarlo mal frente a una situación hipotética que no estamos preparados para afrontar. No sé en qué ayuda aparte de comerte la cabeza.

A mí no me da ninguna gana de leerlo.

molinos dijo...

Hay que leerlo porque es un libro cojonudo.

Ese razonamiento no tiene sentido..y menos viniendo de ti que lees de la IIGM compulsivamente donde se pasa de angustia leyendo.

el chico de la consuelo dijo...

ganicas d sufrir.

Mar dijo...

Lo pongo en mi wishlist

Anónimo dijo...

Yo lei "El pensamiento mágico" tras leer tu crítica-recomendación en un momento de pérdida y me gustó a pesar del dolor que lleva, de esa frialdad que comentas, peroes tan clara,tan eficiente transmitiendo con su escritura ...
Este me lo compro y ya lo leeré porque de verdad aterra leer (o pensar, o ... lo que sea)sobre la muerte de los hijos.
Otra vez gracias por este post de libros. Aunque e faltan los encadenados de este mes;)

Nisi dijo...

Me ha dejado la piel de gallina. No lo conocía, tengo que leerlo. Éste y el otro.
"Uno teme por lo que todavía no ha perdido". Gran verdad.
No estamos preparados para enfrentarnos a la muerte, vivimos como si no fuera algo real, es un tema totalmente tabú. Es como si no existiera la posibilidad de que nosotros o nuestros seres queridos pudieran morir. Creo que eso nos hace débiles e incapaces de reaccionar ante una muerte, sobre todo si es inesperada. Tendríamos que leer y asumir más libros como éste, en los que se hablara claramente de la muerte y de todos los sentimientos que rodean a los que se quedan.
Gracias Moli por compartirlo. Me ha encantado.

Anniehall dijo...

Sospecho que en general, repito en general, este post va a dar lugar a comentarios bien diferentes entre hombres que entre mujeres. Ellos dirán que qué motivo hay para pasarlo mal y nosotras que nos han entrado ganas de leerl el libro. En algunas cosas, en general, somos muy distintos.

A mí sí me apetecería leerlo, pero tengo que coger ritmo. Y elegir el momento.

A. Sandler dijo...

Leerlo acojona pero debe ser una experiencia bastante brutal!

me lo apunto.

Biónica dijo...

Jo. Yo estoy un poco con El Niño Desgraciadito... y pasando la época que paso que no me resulta muy difícil ser consciente de esas cosas...

Me abrumaría. Ya me abruma leer tus fragmentos...

Mar dijo...

uf, a pesar de que te dije que copiaba en una lista tus recomendaciones literarias para leerlas en algún momento, creo que de éste voy a pasar. Tengo un bebé de 7 meses y no me veo capaz de pensar en algo tan triste.

Bichejo dijo...

He sufrido por si se muere el hijo que no tengo sólo con leer la reseña. Yo éste me lo voy a saltar y mira que es un molilibro de manual (se te nota el entusiasmo) pero no es el momento para este libro.

Núria Ramos Motjer dijo...

La muerte de mi madre me dejó con un sentimiento de soledad inmenso con el que despues casi 3 años aún estoy luchando. A pesar de tener un buen marido y dos hijos excepcionales.
No existe una cultura de la muerte, el siglo pasado la muerte estaba muy presente en la vida de las personas, habia guerras, hambrunas, esperanza de vida corta,... y la muerte se aceptaba al igual que la vida. Pero la evolución nos ha puesto una venda en los ojos en lo que ha muerte se refiere.
Algún día leere a Joan Didion. Gracias por la recomendación

Bichejo dijo...

Seguimiento...

Oswaldo dijo...

¡¡¡Uufff!!!

Shubby dijo...

Descubrí tu blog hace un par de días. Evidentemente, no he tenido tiempo de leerlo todo, pero sí he leído algunas entradas al azar y todas las de Maternity, que me han encantado. No tengo hijos y no quiero tenerlos, pero si los tuviera creo que coincidiría contigo en casi todo lo que dices.

Me han entrado muchas ganas de leer estos libros. No los conocía, a ver si los encuentro en la biblioteca. Y me ha gustado mucho tu entrada de "El luto hacia delante".

Ah, y entiendo la frustración con las las alergias de tu hija. Yo soy alérgica al huevo y sé el coñazo que es estar leyendo siempre las etiquetas de los envases... no quiero ni imaginarlo si además tiene alergia a otras cosas y es celíaca. Al menos ahora la gente está muy concienciada con el tema, sobre todo en los restaurantes. Cuando yo era pequeña y adolescente, cuando decía que no podía comer huevo me miraban como si fuese de otro planeta.

Me encanta como escribes, seguiré leyendo tu blog, que aún me queda mucho para ponerme al día.

Jesús Miramón dijo...

Este post me alcanza hoy especialmente porque ayer se suicidó en Lérida la hija de una querida compañera del coro donde canto hace muchos años. Se tiró por la ventana de su lugar de trabajo. Tenía marido y una hija de 17 años. Luego, dentro de un rato, saldré a la carretera y conduciré hasta el tanatorio para abrazar a mi compañera y darle dos besos. Su hija, a quien yo no conocía, estaba deprimida desde hacía meses, pero nadie podía esperar que fuese a quitarse la vida. Todos estamos desolados.

Leeré ese libro, Moli. Es duro pero, por los párrafos que has copiado, está maravillosamente escrito y habla exactamente de la vida.

Mariló dijo...

A los 20 días de nacer mi hija enfermó gravemente. En el hospital me dijeron q se moría... yo pensaba que sólo tenía un " resfriado de vías altas" como me dijeron horas antes...Han pasado más de dos años y mi hija rezuma salud x todos los poros de su cuerpo... pero a mi me asalta muchas veces un escalofrío y todavía no me ha abandonado el sentimiento de culpa por no ver lo q pasaba en las horas previas...
Lo leeré... cuando me encuentre con ánimo. Gracias

Kermita dijo...

pues yo soy tia y no me dan ningunas ganas de leerlo y tambien creo que depende de tu situacion. Yo tengo un bebe de 11 meses y no me quiero ni plantear estos temas. Ya me duele la cabeza bastante por la culpabilidad de salir a trabajar y dejarla con otros...

El niño desgraciaíto dijo...

Vamos a ver, es que son cosas distintas. Yo no tengo nada en contra del libro, pero las reflexiones que haga esta señora en esa situación en la que yo espero no estar nunca no creo que me vayan a resultar de más utilidad que lo mal que lo voy a pasar. No sé si me explico, seguramente no. Tal vez sea que sí soy padre y veo que eso podría pasar y por otro lado veo el campo de exterminio un poco más lejos, siendo también horrible.

Anónimo dijo...

Moli tienes que leer a Foster Wallace. Para animarte has de saber que tenia a Joan Didion entre sus escritoras favoritas de no-ficcion. Este no lo he leido y me lo apunto.
No entiendo la postura de no querer leer cosas solo porque los temas sean desagradables. Aplicando ese criterio...no a cormac mcarthy, no a carol oates, no a carver, no a david vann, y no a tantos y tantas... no a tanta buena literatura. Sea ficcion o no lo sea.
Foster Wallace es divertido y....un poco triste, tambien. Como Didion, indispensable.

NáN dijo...

Los que me conocen (sobre todo los que están en los cuarenta, porque así les endoso a ellos la molestia que me produce la situación y que mi hijo no acepta abordar), saben que una de mis cantinelas es que ha cambiado “algo” entre mi generación y las siguientes que hace que estas no acepten algo tan evidente como la muerte; así como el hecho diferencial de que hay morir en el orden de edad correcto.

Veo en los jóvenes, de 50 para abajo, una ansiedad por no querer aceptar que los padres nos moriremos (no hoy ni este mes, probablemente), pero algún día que cada vez está más cercano. Se ha perdido la “cultura de la muerte” o, dicho de un modo que significa lo mismo pero parece más neutral, “la idea de la muerte en la cultura de la vida”. La muerte está fuera de todo, lo que es un error, porque siempre ha sido un referente vital para vivir con tranquilidad y dignidad. Por todo lo anterior ECDC, deberías leer estos libros, para no dejar huecos por los que entre el pavor en el momento menos deseable.

Pero lo de que muera primero el hijo está más allá de lo concebible: entra en la esfera de la maldición de los dioses. He visto a muchos padres, como los que verá estar tarde Miramón en el tanatorio, que ni entienden lo que ha pasado ni lo entenderán nunca. Se van haciendo pequeñitos, mental y físicamente.

Por eso leeré el libro cuando pueda, como leo los de muertes escritos por gente literariamente valiosa. Porque en la cultura de mi generación es algo sano y necesario. Y porque lo que ha transcrito Moli me parece bueno. Aunque no me atreva ni a pensar que mi hijo pueda morir antes que yo. Por eso.

NáN dijo...

Juá, Anónimo, bienvenido al club. Tengo refrita a Moli con DFW.

Perri (meison) dijo...

Yo, sinceramente,no estoy preparada para leer algo así. No tengo hijos, pero se que sufriría igual y lo pasaría muy mal, no por la pena, sino por el miedo de la muerte...de la mía propia, también. Uff...es que me ahogo solo de escribirlo aqui.

Anónimo dijo...

Привет! Вы знакомы с биржей sape? [url=http://tutledy.ru/muzhchina.html]мужчина[/url]

Bln Lysh dijo...

Yo soy mujer y no quiero leer este libro, no creo que tenga que ver con el género.

Tengo hijos adolescentes, cuando eran bebés y niños jamás tuve miedo, no me planteé siquiera que pudieran enfermar o tener un accidente.

En 2010 mi hijo Erik provocó un incendio en casa cuando sólo estaban ellos dos. Por fortuna salieron ilesos.

Pero ahora sí que tengo muchas veces miedo, porque salen de casa y no sé qué hacen ni a dónde van y el mundo adolescente hoy y siempre ha sido muy peligroso.

Pero claro, hay que dejarles crecer y no hiperprotegerlos!

Chirly dijo...

Buf! Qué pereza me da. Tiene pinta de ser de mucho mal rollo y nada constructivo. Perdón si parezco un insensible y tal.

S.D. dijo...

Leí este libro hace un par de meses y entró directamente en mi top (no digo top qué porque no lo tengo nada claro). Es de una honestidad brutal, con el lector y consigo misma. Además, claro, leerlo, sólo por leerlo, es una gozada. Y no entiendo esto de ''no voy a leerlo porque, a ver, sufrir para qué''. Desechamos enseguida sentimientos ''negativos'' sin pararnos a considerar que sólo del disfrute no se construye el hombre. Además, personalmente, leer este libro fue un sufrimiento gozoso porque, vaya, sufrir con distancia y estilo tiene su aquél.

Pero bueno, que yo pasaba a decir, y al final he soltado un discurso, que totalmente de acuerdo contigo y que gracias por esta entrada en concreto y por el blog en general; lo he descubierto hace relativamente poco y estoy enganchada, leyéndolo desde el principio como una novela (ha sido un alivio ver leer que no soy la única zumbada que hace eso).

Un abrazo.

Bichejo dijo...

He intentado sufrirlo en silencio pero mi parte tiquismiquis ha podido más que yo: el apellido de DFW es Wallace, Foster es su segundo nombre.

(ya me he quedado tranquila)

Jesús Miramón dijo...

Dos obras: el Réquiem de Mozart y las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Ambas se nutren de la muerte.

Lo valioso de un libro, una obra musical o un cuadro no es el tema del que trata sino su capacidad para alcanzar nuestro corazón y transformarnos.

Tita dijo...

No soy capaz de imaginar esa frialdad sin que el primer escrito haya sido escrito entre lágrimas. Solo éstas eliminan la inflamación del dolor intenso, estoy segura, para poder poner las palabras, las que alivian si no curan...aunque hay cosas que no curan nunca.

Cuando no tenía hijas, Paula de Isabel Allende era uno de mis libros favoritos, como Mortal y Rosa de Paco Umbral. Ahora me resultan tan intensas sus experiencias que su angustia y dolor me asfixian.

Me pica mucho la curiosidad, pero no creo que sea capaz de leerlo. Ni aunque sea bueno. Me podrán las emociones, y seré incapaz de leerlo...desde fuera.

jota dijo...

En muchas cosas no estoy de acuerdo con NáN, pero el comentario es superior.

La muerte hay que llevarla de compañera en la vida pero sin obsesiones, como algo natural que es lo que es. También hay que educar a los hijos con esa idea.

Juliet dijo...

Pelos de punta.

Anónimo dijo...

Hola moli,yo si tengo la noche del pensamiento magico en papael y en espera de comprar las noches azules .
El solo hecho de abordar la muerte de un hijo merece su lectura,de afrontar en descarnado la idea de injusticia vital ,de gratuidad de sufrimiento ....que supone la muerte de un hijo,es un libro qu enlaza con la memoria y el olvido,con la idea de que la comprension intelectual es el ultimo amarre cunado no cabe la posibilidad del consuelo.Quiza me equivoque pero enalza con la literatura biografica de los supprevivientes de la Soah,y su idea de la indignnidad de la supervivencia un abrazo

Anónimo dijo...

Medio muerta me he quedado después de leer este post, no me apetece nada leer el libro, soy madre, y sé que hiba a sufrir desde el momento cero,seguramente que será un gran libro y Didion, debe de escribir que te mueres, pero ahora mismo me apetece más matarme a reir que matarme llorando.
De todas las maneras, me ha gustado el post.

Descerebrada y anónima, por supuesto : Rita.

_Xisca_ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anna JR dijo...

Me lo voy a leer. Sin duda. En cuanto acabe con ‘El desencantado’ de Schulberg y su patético (en el buen sentido de la palabra) Manley Halliday y dos Doctorows que tengo pendientes, me lo compro. Hace justo un año murió mi suegro. El luto ha sido llevadero. Hace 4 murió mi abuelo y durante 3 meses me inundó la tristeza: acababa de nacer Ladecuatro y entre las hormonas y el viaje sentimental a la infancia escribí y lloré un montón. Por suerte, de momento, son mis contactos más cercanos con la muerte, además de padres de amigos… que últimamente hemos ido mucho al tanatorio. Pero a una ex compañera de trabajo se le murió su niño de 4 años de leucemia. En sus brazos. En el hospital. Ahora tendría la edad de la mía mayor. De Ladeseis. Al poco tiempo, Mayte, q así se llama mi ex compañera, escribió una especie de obtiuario en un periódico. Decìa que no podía imaginarse nada peor que lo que le había pasado y que, por lo tanto, a partir de ahora iba a vivir. Que sentía paz y felicidad en el dolor porque sabía que lo había hecho todo por un niño que conoció más el hospital que su casa. Tiene un niño mayor. Supongo que eso te fuerza a hablar así. Eso y una lucidez que sólo se debe de manifestar en circunstancias extremas.
Por eso siempre me genera tanto miedo el simple hecho de leer experiencias parecidas. Pero hay que ser valiente. Aunque sólo sea para darle valor a las cosas.
Por cierto, mi ex compañera se ha dejado el trabajo y se está dedicando a escribir. Le voy a recomendar este libro. Certifico que es una tía muy valiente.

NáN dijo...

Me he dado cuenta de que soy un pequeño kabrón (y eso que mis allegados me lo dicen con frecuencia). Resulta que hay un autor que está en mis altares y no le doy la vara con él a nadie. Me lo guardo para mí. Me limito a releer toda su obra más o menos cada cinco años (4 libros de ficción, tochos dos de ellos) y uno de no ficción: Harold Brodkey.

El de no ficción se llama “Esta salvaje oscuridad” y lo empezó en la primavera de 1993, cuando se enteró de que tenía Sida, y el libro mantiene sus lúcidas anotaciones hasta el final.

Por ejemplo:

“Me toca morir; comprendo que para algunos el hecho sea interesante, pero no que sea trágico. Sí, me privaron de algunas y toda la vida me engañaron de mala manera, pero ¿a quién no?; y en todo caso, ¿y qué? También tuve un montón de privilegios. A veces me pone triste que se termine, pero lo mismo me pasa con los libros, las puestas de sol y las conversaciones”.

La Madre Tigre y Otras Bestias dijo...

Yo me he leído los dos libros este fin de semana. Uno detrás del otros. Sin poderlos dejar. Son buenísimos. Los dos.

Es cierto que son duros, que están escritos sin remilgos y sin florituras. Como es el dolor, descarnado.

Sin embargo a mí me han dejado muy buen sabor de boca. Son preciosos. Cuentan la ausencia a través de los recuerdos. Recuerdos de una vida llena de detalles, de giros, de libros y citas preferidas.

Recuerdos que nos dan una idea de la complicidad y de la vida de una familia muy unida.

Son libros que más que de la pérdida hablan de la necesidad del otro por todo lo que representaba en nuestra vida.

Hay que leerlos y disfrutarlos.

Ana dijo...

No creo que vaya a ser capaz. Me los apunto, por si algún día amaina la parte oscura de mi vida y me atrevo con la de otros...

Anónimo dijo...

Moli! Leí tu entrada el jueves, compré el libro ese día por internet, me llegó el viernes y por la tarde me lo leí (estaba medio enferma, así tuve licencia para tumbarme a leer mientras mis mini gremlins jugaban en su cuarto). Es buenísimo, me encantan tus recomendaciones! Mil gracias!
Descerebrada anónima compulsiva

Lola dijo...

Me lo apunto. Escalofriante, se me ha puesto la carne de gallina.

Gracias

Laura von Atomarporkulen dijo...

Buuuuuf... lo apunto a la lista pero con un asterisco que indique que es para leer en verano... la falta de luz de aquí me deprime un montón y no quiero terminar pensando si cortarme las venas o dejármelas largas :-/

Carioca dijo...

Pues me lo he autorregalado por el día de la madre (mis hijas me lo daran, pero todavia son muy pequeñas para compramelo ellas y mi marido necesita que se le faciliten las cosas mucho mucho, asi que lo he comprado yo), despues de leer tus entradas me entro una curiosidad increible sobre esta mujer (al parecer no soy la única por lo que he podido comprobar...). Ya te contaré. Gracias por las recomendaciones literarias.

Anónimo dijo...

@sdiezmene.
Ya lo he acabado!
Me ha gustado mucho!, me ha encantado su forma de escribirlo a pesar de la frialdad aparente, pero al final es la única forma de poder contar la historia sin quedarse en el intento.
Es un "mea culpa", a través del cual intenta mitigar y sacar su dolor.
Gracias por la recomendación.