lunes, 20 de junio de 2011

MI CASA

Tengo una casa en Madrid. Es un poco mía, otro poco del ingeniero y un mucho del banco.

Tengo una casa en Los Molinos. No es mía. Es de molimadre y como mucho poseo un trocito muy pequeño compartido con pobreshermanos y molihermana. Es mi casa.

No siempre ha sido mi casa en Los Molinos. Mis padres se conocieron allí. Mis abuelos maternos y mi abuela paterna tenían casa. Sé que la casa de mis abuelos, La Rosaleda, se compró cuando el hermano pequeño de molimadre era canijo porque le venía bien el aire serrano, (como todos los hermanos pequeños era un debilucho y siempre había que estar cuidándole). Primero alquilaron una casa en la zona de las Eras, que se llamaba “Villa Potita”...un nombre horroroso, al que sigo sin encontrarle explicación después de años de darle vueltas. Después y como eran ciento y la madre compraron La Rosaleda.

En Los Molinos, además del casco urbano, hay las zonas que se denominan “la colonia”...concretamente hay dos: la colonia de la Estación y la colonia de las Eras. El nombre de cada una es obvio y no hay que explicarlo. La Rosaleda está en la colonia de la Estación y es como tantas casas que hay por aquí. Una casa enorme de piedra, con grandes ventanas y grandes árboles en el jardín que la hacen oscura y fresca en el interior en verano y acogedora y cálida en el invierno. Tiene un jardín que le da la vuelta. Cuando yo era pequeña había dos estanques pero hace muchos años que uno se cegó. En el otro hay agua y para regocijo de laz princezaz y minicuñado cuando vamos allí, mi tío hace que salga un chorro como un geiser y se mueren de la emoción. Ni que decir tiene que la mitad de las veces, acaban chapoteando allí dentro.

Cuando yo era pequeña, íbamos siempre a aquella casa. En el jardín tiene una zona de pinar y allí hay otra pequeña casa, “El cuartucho”, donde nos instalábamos con mis padres. En “la casa grande” que era el edificio principal, estaban mis abuelos y el resto de mis tíos. Todo el verano se regia por una rutina establecida que molaba mucho y daba mucha seguridad, sabías lo que tocaba en cada momento. En La Rosaleda hay una pérgola con dos mesas donde nos sentábamos a hacer tareas, a leer o a mirar embelesados como los mayores jugaban a la canasta. Allí también se comía y se cenaba, una mesa de niños y otra de mayores. En aquella casa también hay una terraza palomar, un lavadero separado de la casa y una bodega a la que todavía ahora me da pánico bajar,hace frio, huele a mazmorra y hay unas arañas como mi mano de grandes. Puede hacer fácilmente 15 años que no se me ocurre poner un pie ahí.

Me encanta La Rosaleda, cada vez que voy ahora...es casi como volver a tener 8 años. Huele a pino, a lilas, a oscuro. El viento suena distinto que en mi casa y no se ven las montañas desde el jardín. Es como mi pequeño mundo de los 8 años conservado tal cual.

Cuando cumplí 9 años y nació pobrehermano pequeño, mis padres se lanzaron a comprar una casa en Los Molinos. Estaba en la otra punta de la colonia de la Estación y a mí me parecía que nos habíamos ido lejísimos. Aquello no era lo que yo conocía de Los Molinos. La casa tampoco se parecía a las que yo conocía. Era y es una casa de ladrillo blanco, con tejado de pizarra, grandes ventanales y unas vistas increíbles de todas las montañas. La luz inunda toda la casa sea la estación que sea. Tiene nombre que venía por la casa, un nombre catalán.

Nos mudamos y como la casa se la habían vendido amueblada recuerdo que la primera noche no pude dormir. Me sentía rarísima, aquella no era mi casa. Para empezar ya solo compartía el cuarto con molihermana y por la ventana no se oía el viento en los pinos. Escuchaba miles de grillos que cantaban en el prado de al lado. No había vecinos. Me pasé la noche leyendo los cuentos que los anteriores propietarios también habían dejado en la casa...incluyendo uno de una nube que luego plagié para un concurso del colegio y que gané. Ja.

Poco a poco me fui haciendo a la casa. No era como La Rosaleda pero tenía muchas cosas chulas. Para empezar una piscina en forma de barbapapa a la que daba el sol todo el día, circunstancia esta que favorecía mucho el que no adquirieras un bonito tono azul al bañarte, como pasaba en la piscina en umbría total de casa de mis abuelos. Además, no cubría mucho con lo que el miedo a ahogarte quedaba limitado a que tus hermanos y amigos se pasaran con las aguadillas. Había además una antigua pista de frontón en la que se podía patinar horas y horas dando vueltas. Y la nueva casa no solo tenia cosas chulas dentro...también en los alrededores. Al estar en una zona más nueva…no había vecinos, ni casas señoriales…era campo. Justo pegando con nuestra tapia había un prado con unas rocas que invitaban a construir castillos, guaridas, escondites secretos...y encima con foso. Había una gran hondonada en medio de las rocas que siempre tenia agua...aquello era un paraíso para nosotros y nuestros amigos. Saltábamos la tapia y podíamos pasarnos horas…hasta que alguno caía al agua inmunda y había que volver a casa a sufrir la gran bronca: os he dicho un millón de veces que no os metáis en ahí.

Tenía también un pino que era como una bola, jamás lo habían podado y las ramas le salían desde muy abajo. Era pequeño y rechoncho. Mis padres lo podaron y ese pino fue creciendo y creciendo. Es una pasada de bonito, y hemos pasado mil cosas debajo de sus ramas: fiestas de mayores, fiestas infantiles, siestas, charlas…ahora es tan grande que tiene dos columpios colgados de sus ramas.

Poco a poco, la casa empezó a quedarse un poco pequeña y mis padres sufrieron un ataque de modernización. En algunos casos tenían razón, tirabas de la cadena en el piso de arriba y salía por el baño de abajo, la calefacción en invierno conseguía calentar la casa cuando el domingo tenias que volver a Madrid, la cocina era canija…en fin...que decidieron invertir sus ahorrillos y su paciencia en hacer una superreforma.

Compraron el prado de las rocas y decidieron ampliar la casa. Para entonces nosotros ya no jugábamos en esas piedras y lo que más sentimos es que durante todo un año no íbamos a poder ir a Los Molinos. Un año sin ir a Los Molinos...aquello era inconcebible...Madrid era (y es) el horror... ¿qué se hace un fin de semana en Madrid? nos preguntábamos.

Nuestros padres por supuesto pasaron millas de nosotros y se lanzaron a la obra. Lo mejor fue el comienzo. Justo al acabar las fiestas del pueblo, a mediados de septiembre...organizaron un aperitivo en casa para sus amigos y los nuestros. Comimos y bebimos y luego rompimos todos los platos de duralex verde contra una roca que hay en el jardín y con martillos y mazas rompimos paredes, moló muchísimo.

Después de un año de obra y de que mis padres bordearan el divorcio cuando no el asesinato mutuo...volvimos a instalarnos aquí. Y otra vez la sensación de extrañeza. Aquella no era mi casa. ¡¡Tenía un cuarto para mi sola!!Eso era rarísimo pero lo superé rápido y me encantaba tener un espacio solo para mí. La nueva casa era enorme con mucho espacio, una cocina gigante donde casi se podía patinar, un cuarto de juegos, un patio acristalado para el verano, una chimenea gigante y muchísimo más jardín.

Han pasado 21 años desde que se terminó la obra. 21 años...lo escribo, lo leo y alucino. La casa sigue más o menos igual. El cuarto de juegos es ahora una biblioteca desde la que ahora mismo escribo esto. El cuarto de invitados es ahora de molihermana y molicuñado. El antiguo cuarto de molihermana es el de laz princesas y minicuñado. Mi cuarto sigue siendo mi cuarto pero ya no tengo una camita como la de Julie Trinos en Sonrisas y Lágrimas. Pobrehermano mayor se ha atrincherado en el cuarto que hasta el año pasado compartí con pobrehermano pequeño y no creo que podamos moverle de ahí…La cocina sigue siendo gigante y ahora está llena de tronas infantiles y el salón sigue siendo enorme pero cambia constantemente. Molimadre tiene un enfermizo afán por cambiar los muebles cuando menos te lo esperas y de un fin de semana para otro cambia toda la distribución. Ahora que lo pienso, después de morir mi padre, molimadre y pobrehermano mayor construyeron un porche de madera chulísimo que es donde hacemos toda la vida en verano…comemos, leemos, vemos la tele, discutimos, vigilamos a las fieras en la piscina…eso si que es nuevo..aunque debe tener por lo menos 16 o 17 años ya.

¿A qué viene este superpost ladrillo? El otro día paseaba por Los Molinos, hay muchísimas casas en venta y muchísimas casas cerradas. Casas maravillosas. No es que sean especialmente bonitas, algunas si, otras no. Algunas son muy grandes con jardines enormes, otras son más pequeñas. Unas son de piedra, otras de ladrillo, con tejado de pizarra, de tejas, pintadas de blanco y verde, de rojo...de amarillo. Casas maravillosas que están vacías.

Cuando yo era pequeña paseaba y veía esas casas llenas de gente haciendo lo que hacíamos nosotros: vivir esas casas y esos jardines. Y sentía envidia...porque me parecía que esas casas eran mejores que la mía. Luego un día, pensé que probablemente la gente que pasea por mi calle y vislumbra entre el seto la vida que nosotros llevamos aquí sentiría más o menos lo mismo.

Me dan mucha pena esas casas. Me da pena que se dejen morir, que no se disfruten, que no se vivan. Y me da pánico que eso nos pase con esta, que no seamos capaces de disfrutarla todos juntos, que nos peleemos por chorradas y al final acabemos cerrándola o vendiéndola a un extraño.

Creo que me moriría de la pena si ocurriera algo así.

Y me muero de la pena porque releo todo lo que he escrito y ni por asomo cuenta lo importante que es esta casa para mi. Mierda de limitación expresiva.

31 comentarios:

Anónimo dijo...

Si se comprende lo importante que es tu casa para ti.
Cesar

javi dijo...

Estas cosas no se hacen. ¡Ahora me dejas lleno de maguas y nostalgias!

Anusky66 dijo...

Transmites un montón de emociones que si ,describen lo importante que es tu casa en Los molinos.
Unbesazo

sin mas palabras dijo...

Esos recuerdos son los que se merecen no olvidarlos nunca

Anónimo dijo...

Pues yo tengo vivencias muy parecidas. Llevo años encargándome de ella y tengo un hijo de 23 años que no va demasiado por allí, pero que allí ha pasado la infancia y que es el único heredero de ella. A veces pienso que en los tiempos de crisis que corren le costará mucho mantenerla y venderla será una gran tentación. Allí están las cenizas de mi padre y prácticamente toda mi vida......
Me encantaría que la casa fuera siempre de la familia y desde luego me horroriza la idea de que sea vendida para hacer allí una mini urbanización de horribles apartamentos..
Francamente me he sentido muy identificada con tu post.
Un besito
Angélica

Anónimo dijo...

Es una hermosa descripción de tus sentimientos hacia tu casa. Es cierto que mientras se vive en ellas, las casas permanecen vivas. En el momento en que te marchas, empiezan a envejecer, se ponen tristes, se estropean, se deterioran... Las casas tienen alma.

Rosa

Pétalo dijo...

Si que lo cuenta, lo cuenta muchísimo. Y a mí, ni siquiera me hacía falta este post. Cada vez que nombras los molinos se nota lo muchísimo que te importa y lo feliz que es esa casa. Y ya sabes que me muero de la envidia. Y no es solo por la casa, es por lo mucho que la disfrutáis todos juntos.

Patito dijo...

Las dos casas de mi niñez ya se vendieron una para repartir el dinero entre hermanos y la otra por que lo que era un barrio tranquilo se volvió comercial y ya no se podía vivir allí. Muchas noches me sueño en esas casas y es porque allí están todos mis recuerdos de niñez.

XAqui dijo...

Tengo la cicatriz de un corte, el que segó el camino de vuelta a mi casa, cuando vine a España. Y no es que carezca de capacidad expresiva, es que nadie comparte mi experiencia. Vivir para entender.
Bonito post.
p.s., un placer asistir a tu esfuerzo contestatorio del otro día. Se entiende que no quieras entrar en bucle sin fin, aunque también es cierto que se te echa de menos a veces, para que nos digas que valemos mucho,costamos menos y esas cosas.

TXABI, dijo...

Sin querer dármelas de adivino, mucho me parece a mí que la inmensa mayoría de todas estas casas que ves "En Venta" (en Los Molinos y en tantos y tantos sitios de este lindo país) no lo son más que por pura necesidad económica... Nadie se carga de un plumazo parte de sus vidas.
Maldita crisis !.

pam dijo...

Me ha encantado y te entiendo perfectamente!!!
Muy chulo!!!

Elena Rius dijo...

No sabes hasta qué punto me he visto reflejada en tu post. Yo también tuve una casa en un pueblo rodeado de montañas, una casa con un gran jardín donde jugar y soñar y con un sótano con olor a humedad y lleno de telarañas donde daba miedo aventurarse. Ahí están todos mis buenos momentos de infancia y juventud, la mesa de los mayores y la de los pequeños, las largas sobremesas, el olor de la hierba y el zumbido de las moscas. Todo esto lo perdí hace 12 años, cuando mi madre decidió venderla. A pesar de lo mucho que me gustaba el lugar, desde entonces nunca he querido volver a ese pueblo, porque para mí la casa era lo importante, y no creo que soportara ver a otra familia ocupándola. Muchas veces, aún ahora, sueño que vuelvo a estar allí, y es lo más maravilloso del mundo.

JuanRa Diablo dijo...

Puede que no hayas podido expresar con toda la intensidad que te hubiera gustado lo que esa casa significa en tu vida, pero yo leí una vez cómo decías "Los Molinos soy yo" y ya entonces lo imaginé perfectamente.

Tenemos un punto en común en ese disponer de lugar de encuentro familiar (lo de la cocina llena de tronas me ha hecho mucha gracia por el calco) Nuestro Hotel Cabrerator, que también ha ido cambiando mucho con el tiempo, nunca ha dejado de tener el mismo espíritu acogedor de cuando éramos pequeños.
Y los recuerdos...

Bichejo dijo...

No sólo se comprende lo importante que es para ti sino que además me has hecho acordarme de la casa que ya no es mía y en la que vive otra gente que no somos nosotros.

Mezcla de penita, nostalgia y sonrisas

Burbuja dijo...

Perfectamente transmites todo lo que significa para tí Los Molinos. A mí me encantaría en un futuro (que pinta bastante lejano, por cierto) poder comprar algo así y vivirlo y disfrutarlo de esa manera, porque en mi familia materna tenemos algo así y el día que se venda, a mi me dará algo...

Besos

Tita dijo...

¿Has pensado el amor que seguro ya le tienen ya tus hijas a la casa de nombre catalán, como tú se lo tienes a la Rosaleda?

A mí me encantan las casas típicas de la sierra de madrid, esas grandonas de piedra gris. Y sí, es una pena que haya tantas cerradas. Mi sueño es acabar teniendo una así, pero ¿sabes cual es el problema en muchos casos? además de la falta de pasta, la falta de alguien a quién pagársela. Algunas tienen decenas de herederos que por lo que sea (falta de amor, debe ser) pasan de juntarse para venderla. Una lástima.

Pero ese no será vuestro caso, estoy segura.

Un post precioso. De los que me encantan ;)

Esther dijo...

Pues será que sí, porque me han entrado ganas de comprarme una de esas casas abandonadas de Los Molinos!

Alber dijo...

Algo parecido me pasa a mi con "mi casa". Esa casa es la de mi padre, en Puertollano. Es en la que nací, crecí y me hice mayor, y de la que decidí irme voluntariamente en busca de una nueva vida en Pamplona. Desde que murió mi madre, algo en esa casa empezó a resultarme extraño, y era su ausencia. Poco antes de que ella se fuera, mis padres habían arreglado todo el patio, dejándolo precioso, al gusto de mi madre, con cocina campera y una ampliación de la cochera con chimenea y todo. Mi madre no pudo disfrutarlo apenas, y eso me llegó al alma. A los dos años muere mi hermano y el reducto musulmán que era su habitación se quedó vacio, yermo, con los regalos que le traje de Chicago en el mismo sitio donde yo los dejé para que el los viera al volver del hospital...del que nunca volvío. Lo que era "la casa de la familia féliz" ahora es una casa enorme de más de 200 m2 vacía, en la que mi padre pasa algunas de las horas en las que no está trabajando. Adoro ir a mi pueblo, pero me da pena y angustia ir a "mi casa"...pero de ninguna manera quiero perderla. Cuando mi padre no esté, esa casa será mía, jamás la venderé e intentaré disfrutarla como se merece, acompañado de todos los recuerdos que en ella tuve.

Nauglin dijo...

Joder, y luego dicen de la envidia de pene... Envidia es lo que tengo yo ahora, porque quisiera tener un lugar así al que volver, una Historia, un pasado con esos olores de los que hablas, y que además es un pasado infinito y vivo cada día en el presente. Qué bonito, Moli, hostias.

Chirly dijo...

Un día que recuerdo bien, hace unos meses anduve por ahí y me llamó la atención que hubiera tantas casas a la venta. ¿como puede haber gente que prefiere comprarse adosasdos, pareados, clónicos en urbanizaciones infinitas y asquerosas en vez de una casa con historia y llena d eencanto en un sitio así?

Si viviera en Madrid estaría muy tentado.

Y por cierto, ¿no piensas hacer lo mismo que hicieron tus padres y comprar la tuya propia ahora que es la ocasión? leyéndote sobra la respuesta: está claro es que te molaría que aquella casa siguiera siendo sempre lo que es hoy un lugar de reunión de todos, que todas disfrutan... pero ocasiones como ésta solo pasan una vez en la vida.

madamer dijo...

Yo también tengo un sitio así, pero en la playa...y aunque tengo muy buenos recuerdos, tantos como se puden acumular durante 30 años, le faltan todos los elementos bucólicos que tú describes.
Felicidades por conservar tantos y maravillosos recuerdos :)

XEIA2410 dijo...

Es de aquellas situaciones que envidio por no haber tenido. Nací en un piso donde viví 10 años. Luego en una casa, otros 10. En un piso, 5. En otro piso,3. Luego, me caso y voy a una quinta vivienda (otro piso), donde YA LLEVO 15 AÑOS!!!!! Todas las anteriores viviendas, vendidas (la vida es así!!!). Ahora, de ésta (donde han nacido mis dos hijas y donde más años he vivido) NO ME ARRANCA NADIE!!!!
Me encantaría tener recuerdos como los que describes!!!!!. Creo que es la primera a la que llamo "mi casa" con un mínimo de seguridad....

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

En mi "Los Molinos" solo quedan dos casas abiertas...

Pikifiore dijo...

Tienes razón, yo pensaba "¿que narices se puede hacer un fin de semana en Madrid?", cuando por causas ajenas a mí no podía subir a la casa de la sierra, te entiendo perfectamente porque yo lo sentía igual. Qué diferentes es la concepción del tiempo allí, aunque mi casa no es tan grande ni tan antigua, sí que moriría si dejara de ir, no me siento nunca tan bien como cuando veo las montañas desde allí.
Creo que sé por donde está tu casa de la Rosaleda, he paseado bastante por allí, siempre me ha gustado mas el encanto que tiene los Molinos, que el de mi pueblo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Esas casas serranas son tentadoras, desde luego, pero también tremendamente caras. Lógico que nadie las compre, según están las cosas. Si es difícil comprarse una primera vivienda, como para meterse en un chalet enorme con un montón de terreno. Esas casas cuestan desde medio millón de euros las más sencillitas.

Pilar dijo...

Menos mal qque te explicas mal, he estado a punto de tropezar con el sofá que tu madre movió la semana pasada.
Mucha suerte con el amor familiar, es la clave de todo.

Juanjo ML dijo...

Muy bonito. Es de estas veces que dan ganas de quererte, tú ya me entiendes.

Anniehall dijo...

¿Ni por asomo se nota lo importante que es esa casa para ti? Parafraseando a los grandes: ...mmm....tururu...

Luis Javier dijo...

Tengo una sensación bastante similar, pero con "mi pueblo"...

menos mal, que no has trasmitido todo lo que querías...

Laia... dijo...

Sí lo cuentas. Quizás no lo escribes, pero lo cuentas de sobras, creeme.

molinos dijo...

A ver..contestación un poco general porque no me da la vida.

Me alegra saber que parece que he conseguido transmitir algo de todo eso.

Cuando molimadre ya no esté, espero que seamos capaces los 4 de llegar a algun tipo de acuerdo como hicieron con la casa de mis abuelos, que se la quedó uno de mis tios y sigue siendo la casa familiar para muchas cosas. Me hubiera muerto de pena si La Rosaleda hubiera pasado a otros.

me encantaría comprarme una casa en Los Molinos pero no tengo dinero. Durante un tiempo nos planteamos vivir alli e ir y venir a currar pero de Los Molinos a Mordor hay 130 km y son muchos km para hacer al dia sobre todo en invierno asi que no podía ser. Aún así, si me toca la bonoloto es lo primero que haría.

Me he dejado un montón de recuerdos que tendrán que ir en otro post.

y como dice pasaba X aqui..soy todos eztupendoz.