martes, 30 de junio de 2009

LIBROS ENCADENADOS.- ( Mayo-Junio)

Mi Nueva York” de Brendan Behan inauguró el mes, como ya dije en otro post no es nada del otro mundo. Brendan Behan era un escritor irlandés que vivió largas temporadas en Manhattan y este libro es una especie de diario de estas existencias. No cuenta nada especialmente interesante pero se lee fácil y mola porque hay veces en las que es obvio que su fama de borracho era real, salta de un tema a otro sin solución de continuidad, exactamente igual que hace cualquiera cuando va bolinga.

Siguiendo con Estados Unidos, leí luego “Pájaros de América” de Mary McCarthy. De esta autora ya he leído otros dos y con todos me pasa lo mismo. Me entretengo mientras los leo pero los cierro y no recuerdo absolutamente nada de la trama. He leído unos cuantos blogs de culturetas por ahí que la ponen por las nubes y no digo yo que esté mal, al fin y al cabo he leído 3 libros suyos pero no me parece nada del otro mundo. Además encuentro que su narrativa se ha quedado un poco anticuada en los temas, y no es que yo sólo lea cosas contemporáneas, me trago lo que sea, novelón decimonónico, entregas palaciegas del siglo XVI, ciencia ficción, pero eso sí que me lo crea. Las dudas existenciales del protagonista no me las creo.

Sobre "El imperio" de Kapuscinski ya hablé aquí, es muy recomendable. Apuesto a que de aquí a fin de año habré leído todos sus libros.

El premio al peor libro del mes y probablemente el peor del año es para “Mira si yo te querré" de Luis Leante. Es un regalo. Es Premio Alfaguara de novela. En la contraportada viene recomendado por Vargas Llosa, hecho éste que me reafirma en mi idea de jamás leer las contraportadas. Las contraportadas son un invento diabólico. O bien sirven para que te destripen todo el libro “ Mark no sabe que en el supermercado conocerá a una mujer que le hará la vida imposible pero que gracias a ella encontrará el camino hacia su felicidad al conseguir conocer a Meg en el programa de alcohólicos anónimos” o bien están llenos de elogios de amigos del autor o gente a la que le pagan por mentir. “ Impresionante novela que resulta imposible de olvidar” o “ Nunca como hasta ahora los sentimientos han estado tan bien reflejados”. Vale, pues este libro lo tiene todo en la contraportada: destripe y elogios. Y es una basura.

Spoiler.

Años 70. Montse conoce a Santiago cuando ambos son jóvenes y tontos en Barcelona, él es mecánico pero miente, ella sabe que él miente pero ella es rica y muy lista y no le importa. Amor y amor..y blablablabla…y follan y se preña ( no es tan lista). Montse se enfada con Santiago porque le ve con otra chica ( típico malentendido), la familia de ella se entera, se separan, sufren los dos. Él se pira al Sáhara con el ejército, ella se va a la costa brava a esperar que nazca el churumbel…pierde el niño.

Años después, Montse es médico en un hospital, su marido le ha dejado por una más guapa y más joven, su hija ha muerto, ella es un alma en pena. Un día una joven marroquí entra en el hospital y muere y de sus cosas se cae una foto, donde ¡oh milagro!..aparece el tal Santiago y la foto está fechada después de que a ella le dijeran ( no se sabe quien) que él había muerto. Por supuesto decide hacer ese viaje a los campamentos de refugiados del Sáhara y por supuesto de casualidad entonces encuentra unas cartas que el tal Santiago le había escrito y su madre le había escondido…tachánnnn..lo nunca visto en originalidad.

Como además de tonta es una pardilla, al llegar al Sáhara le roban, le timan y acaba siendo prisionera de un tratante, aquí mis carcajadas ya eran de órdago. El caso es que un día al intentar escapar, le pica un escorpión, consigue huir, la rescatan, pasa meses en un hospital y se hace amiga de una enfermera que la lleva a su casa después de que Montse le cuente su lacrimógena historia.

A todo esto Santiago en el Sáhara había llorado un poquito por Montse, se había enamorado de una saharauí y en la huida provocada por la marcha verde le cae un bombazo encima y pierde un brazo.

¿ Qué cómo se produce el encuentro?. Santiago es el tonto del campamento saharaui dónde va Montse con la enfermera y le reconoce porque está todo el día cagando al aire libre y le ve el culo blanco. Le mira los ojos y sabe que es él. Nosotros sabemos que es él porque no tiene brazo.

De traca, para fiarse de los premios literarios.

Terminamos el mes con “Postales de invierno” de Ann Beatie. Es un libro que no tiene nada, lo único que tiene es que le roba toda la gracia a “Alta fidelidad” de Nick Hornby que cuando lo leí me pareció un libro original. Vale, pues no es original, es exactamente “Postales de invierno” pero en vez de en los 70 en los 80. Todo lo que resultaba original en Alta fidelidad ya lo había escrito Beatie antes, un protagonista patético y perdedor que llora por su gran amor perdido creyendo que si vuelve con ella logrará que funcione, un amigo que pulula sin mucho que hacer más que dar conversación, unos padres patéticos, música sonando todo el rato dependiendo del estado de ánimo del protagonista..todo. Está entretenido pero poco más.

Un mes regulero, sólo recomiendo “El imperio”.
Y “Mira si yo te querré” para encender la chimenea.
Ayer repasé mi cuaderno de lecturas y se me olvidó comentar que también había leído "Inglaterra, Inglaterra" de Julian Barnes. Está gracioso, el planteamiento es original: montar un parque temático con lo mejor de Inglaterra ( incluída la familia real) fuera de Inglaterra, pero Barnes partiendo de una idea genial se desinfla y al final pierde la gracia. A Barnes le veo levantándose un día y diciendo: joder que idea más buena he tenido, luego se pone a escribir y al final no sabe como terminarlo y acaba en plan " bueno, pues así y ya". Está entretenido.

MATERNITY (XXXI): Irracional.


Todos tenemos pensamientos y actitudes irracionales aunque queremos creer que son los menos y que podemos controlarlo. ( Los ingenieros tiene muchos menos que los demás, lo comento desde mi experiencia con ese gremio).

Cuando no eres padre y vas por el mundo de flor en flor, tus pensamientos irracionales se limitan a chorradas. Te llama tu jefe para decirte de sopetón qué quiere comer contigo y según cuelgas empiezas a ver que te encanta este trabajo y que adoras a tus compañeros que hasta hace 2 minutos eran unos cabrones con pintas y que te gusta hasta tu despacho con vistas a una pared. Y todo eso porque has decidido que tu jefe te llama para despedirte. Es totalmente irracional, pero elaboras una teoría sobre porqué te va a echar, reescribes el curriculum, haces cálculos de si podrás vivir con el paro que te quede y al final vas a la comida y tu jefe sólo quiere hacerte la pelota para cargarte un marrón. Pensamiento irracional en el que has perdido toda la mañana y probablemente un par de meses de vida de la angustia que te has causado.

Otro pensamiento irracional muy común y del que además no te curas nunca a pesar de la experiencia es el famoso: si se ha acostado conmigo será porqué le gusto. Este pensamiento sólo provoca frustración y mirar compulsivamente el teléfono.

Estos pensamientos irracionales de single sin hijos son, dígamoslo así, como de peli de sobremesa, dan para un telefilm baratito sin grandes sobresaltos.

Sin embargo, los pensamientos irracionales de los padres son como una superproducción de Hollywood, a todo lujo y con todo tipo de efectos especiales y además empiezan bien pronto, desde el minuto 1.

Llegas a casa con tu bebé y estás agotado, no te da tiempo a nada, venderías una mano por dormir 3 horas seguidas. De repente, un día cuando menos te lo esperas, el bebé se duerme, tú te duermes, el ingeniero también y te despiertas sobresaltado, saltas por encima del ingeniero, miras la hora, la miras otra vez, despiertas al otro, le dices la hora que es, los dos abrís los ojos como platos ¡¡¡ 6 horas!!! y siempre hay uno que dice: “ mira a ver si respira”. Te asomas a la cuna con mucho cuidado como si fuera a saltar un bicho o algo y mientras tanto todas las historias horripilantes de muertes súbitas, ahogamientos con cuerdas de muñecos, golpes de calor y demás horrores se agolpan en tu mente. El bebé duerme y te das cuenta de que era irracional.

La primera vez que tu hijo se sube a un castillo hinchable siempre te parece que, o el niño es muy pequeño o la altura es demasiado grande o una sabia combinación de ambos factores que te llevan a imaginar al niño desnucado, la ambulancia que no llega a tiempo, los progenitores llorando…etc..todo muy grave y con muchos extras. Para cuando te recuperas de la vorágine de pensamientos irracionales en la que te has sumido, te das cuenta de que el gitano te está zarandeando pidiéndote más pasta porque a tu niño no hay quien lo baje del castillo. Irracional.

Cuando tu hijo va al cole y empiezan los cumpleaños, de repente un día tu hijo te dice que fulano ha repartido invitaciones y a él no le ha dado. Es una chorrada, sabes que es una chorrada, que hay mil cumpleaños y que a tu hijo no le va a pasar nada porque no le inviten, pero la siguiente vez que ves al padre de fulano…te cae peor, es más..si ves que tropieza con la acera y se cae y se le rompe el pantalón del traje te alegras y eres feliz si llega la poli y le pone una multa por aparcar en segunda fila. Es irracional, porque al padre de fulano le da igual que inviten a tu hijo que no..pero claro estaría mal cargar tu irracionalidad en fulano que sólo tiene 3 años.

El médico es un sitio estupendo para la irracionalidad. Vas al hospital con tu hijo por algo que no es de vida o muerte, pero te da igual..tú vas sufriendo. Llegas al médico e instintivamente te pones irracional: no le está haciendo suficiente caso, le está haciendo daño…todo es irracional. Ni el médico te odia, ni le tiene manía a tu hijo y además está haciendo lo mejor para él. Todo eso lo sabes, pero no puedes evitar ser irracional y pensar que son malos malísimos.

Ayer odié a todos los que sujetaron a M. para meterle un tubo por la garganta mientras lloraba desconsolada. Era lo que había que hacer y lo hicieron muy bien pero me permití ser irracional y les odie a todos.

viernes, 26 de junio de 2009

1999 -2009


Hace 10 años pesaba 4 kilos menos.

Hace 10 años no tenía mi Ibiza.

Hace 10 años no me teñía el pelo, evidentemente porque tenía menos canas que ahora.

Hace 10 años me daba vergüenza que la gente se fijara en mi pecho

Hace 10 años pagaba en pesetas.

Hace 10 años era otro siglo.

Hace 10 años tenía otro curro, uno en el que viajaba mucho, hacía como que sabía de titulización y me pagaban una pasta.

Hace 10 años vivía con mi madre y mis hermanos.

Hace 10 años la ciudad donde trabajo me parecía un destino cultural ideal.

Hace 10 años no sabía lo que era un blog y no pensaba en tener uno.

Hace 10 años F. vino a buscarme para ir a una boda, me dijo “ estás guapísima, seguro que ligas pero cuidado con esa lengua”.

Tenía razón, estaba guapísima y ligue.

Hoy hace 10 años que estamos juntos.
Gracias A. por el montaje.

jueves, 25 de junio de 2009

FUEGO

En mi vida he tenido dos experiencias con incendios, ambas acorde con mi esencia, es decir absurdas.

La primera de ellas fue con 14 años o así. Mis padres salieron a cenar con sus amigos y me dejaron al cargo de mis hermanos que tenían 14, 11 y 4. Con dos cojones, eran otros tiempos. Nos apetecían patatas fritas, así que encendimos la superfreidora que mi madre había puesto en Los Molinos ( de esas grandotas) y nos fuimos a ver una peli de Paco Martínez Soria en lo que el aceite se calentaba. Y vaya si se calentó, cuando volví las llamas llegaban al techo, imbuida del espíritu de los Hombres de Harrison, les dije a mis hermanos que salieran al jardín y después impartí instrucciones.

- E. quédate aquí cuidando de G.
- B. sube a casa del vecino e intenta llamar a casa de los abuelos para que venga alguien.

En casa no teníamos teléfono porque a mi padre le parecía innecesario, pero esa es otra historia.

Mientras tanto y armada con mis conocimientos sobre incendios adquiridos en pelis, comics y documentales de la tele intenté enfrentarme al fuego. En algún sitio había oído que no se debía echar agua al aceite y que era mejor echar una manta o algo que “ahogara” el fuego. Era verano y no sabía donde estaban las mantas así que arramplé con las toallas de la piscina y desde una distancia prudencial las arrojé al fuego.

Ardieron como papel.

A todo esto había llegado mi hermano que carecía de mi débil pátina de conocimiento sobre incendios y decidió enchufar al fuego con la manguera desde la ventana….le dejé probar y montamos un cirio del 15. Ya ardía la campana extractora y todo.

Cuando parecía que todo estaba perdido y nos veíamos ya negros y tapados con mantas de esas de las pelis mientras veíamos arder nuestra casa y tratábamos de explicárselo a nuestros padres, se me encendió una luz y me acordé de una cosa que había visto en la tele: los helicópteros echaban tierra en los incendios. Cogí la pala, la llene de arena y me acerqué a la freidora para intentar echar ahí la arena, en el foco del fuego. Funcionó y las llamas se apagaron.

La segunda parte de esta historia es la bronca que nos cayó por hacer patatas sin permiso, por haber dejado la cocina sin vigilancia y por haber quemados las toallas..pero eso no viene al caso.

Mi segunda experiencia con el fuego ya la conté aquí y es tan absolutamente surrealista que me da hasta vergüenza.

Considero que con estas dos experiencias tengo un bajage suficiente como para saber enfrentarme a las llamas. Es una lástima que el Director de RRHH de mi empresa de colocación de libros no lo vea así y me acabe de llamar para echarme la bronca por fumarme la charla de una hora de duración sobre cómo actuar en caso de incendio.

- No te he visto en la charla.
- No me extraña, no he ido.
- Pues tienes que ir porque además te voy a nombrar J. E. de tu área.
- ¿ Qué es J.E? ¿ Me pagan más? Responde primero a la segunda pregunta.
- Es Jefe de Emergencias de tu área.
- Pues menos mal que no he ido, porque paso de ser J.E.
- Tienes que ser tú porque cuando gritas la gente te hace caso y organizarías a todos en caso de incendio.
- Sinceramente si hay un incendio en el edificio yo salgo corriendo y paso de los demás.
- ¿ Y si hay fuego en el despacho del Jefe Supremo? Si vas al curso aprenderás donde tienes que poner la mano en la puerta para saber si hay mucho fuego o poco.
- Jajajajaja..¿ me lo estás diciendo en serio? De verdad te crees que si pensara que hay fuego en el despacho del J.Supremo iba a hacerme la heroína e intentar entrar? No me conoces en absoluto. Yo salgo y que vengan los bomberos.
- ¿ Y dejarías ahí a tu jefe?
- Si las posibilidades de mi jefe de salir indemne de un fuego dependen de que yo entre a salvarle…se puede dar por asado. Dejando de lado el hecho de que yo mido 1, 60 y él 1,90 y sería completamente imposible para mi hacer nada.
- Pues tienes que ir.
- Pues no voy a ir. Ya sé de incendios todo lo que tengo que saber.

A lo mejor si le mando este post ve que estoy preparada.

miércoles, 24 de junio de 2009

PALETOS Y GARRULOS

Ayer por la noche haciendo zapping llegué a un documental en la 2 titulado “ España destino gay” y me quedé viéndolo. Estaba curioso. Según las parejas gays que entrevistaban ayer en el reportaje resulta que somos el país ideal para vivir si eres gay porque no sólo te puedes casar sino que además la gente no te insulta por la calle, ni se mete contigo ni nada por el estilo. El ingeniero justo antes de quedarse dormido en el sofá se giró y me dijo:

-¿ qué te parece? Nosotros creyendo que somos unos garrulos y somos un ejemplo de tolerancia y educación.

A las 3 de la mañana cuando me he despertado por la caloreta me he puesto a pensar en si somos o no somos garrulos y yo sinceramente creo que el garrulismo está en nuestros genes. Los españoles somos gritones, maleducados, cruzamos la calle en rojo, en un restaurante hablamos para que toda la gente se entere de nuestra conversación y si reunes a más de 6 cualquier cosa se convierte en motivo de risa absurda y facilona.

Te vas de viaje. Te montas en el avión. Ves con horror llegar un grupo de 8 parejas de gente de más de 50, bien vestidos, limpios y aseados. Se sientan y a los 30 segundos empiezan´: Manoliiiiiiiii….¿ a qué te da miedo? Pacoooooo no le mires el culo a las azafatas. Azafatas no se dice,son auxiliares. Pues que me auxilien a mi que con esta tripa no me abrocha el cinturón.A ver si no va a ser la tripa lo que no te cabe.


Grandes carcajadas y vergüenza ajena.

Los españoles somos exhibicionistas. Nos encanta hablar de nosotros mismos aunque sea con cualquier desconocido al que por supuesto le interesa cero.

- ¿ Tiene zapatos púrpura?
- No, no tengo.
- Vaya, es que mire los necesito púrpura porque se casa mi prima en Asturias que a quien se le ocurre con este tiempo, y en Asturias con lo lejos que está. Lo único que tengo de manga larga es púrpura y quería unos zapatos de ese color pero no los encuentro por ninguna parte, aunque claro estoy pensando que podía comprarme algo que me contrastara pero que no fuera muy cantoso y que resistiera la lluvia porque en Asturias lo normal es que llueva pero claro, el novio es de allí y al fin y al cabo no está tan mal, hay sidra y cabrales, aunque a mi el cabrales me da ardor y no entiendo porqué tiene que oler tan mal que me recuerda cómo le olían los pies a mi hermano cuando venía de correr la media marathon.

Y así podemos seguir hasta caer fulminados por un rayo.

Los españoles tendemos mucho al paletismo. Salimos de viaje y todo es: en España se come mejor, en España las copas son más grandes, en España puedo cenar a las 11 de la noche. Es una actitud que me pone de los nervios, la falta de criterio me pone enferma. Creer que todo lo tuyo es mejor sólo porque es lo que conoces es tan triste y tan empequeñecedor que cuando viajo con alguien así siempre acabo contestando: pues la próxima vez que me digas que te vienes conmigo de viaje te pongo una tienda de campaña en la Puerta del Sol.

Puedo entender que te guste más la paella que el cuscus o que prefieras una copa con muchos hielos a un chupito de whisky calentorro, entiendo que te guste más torrarte al sol 10 meses al año que chapotear en los charcos pero no me seas paleto, no es ni mejor ni peor es distinto.

La tele que tenemos es el reflejo de lo garrulos y paletos que somos. Los periódicos que tenemos son el reflejo de nuestro ínfimo nivel cultural y las tertulias de la radio llenas de opinadores profesionales son la imagen de los corrillos que nos encantan: hablar por hablar de lo que sea sin tener ni puta idea. Eso sí, decimos las mayores majaderías, opinamos del calentamiento global, de Sarkozy y de las células madres con autoridad para luego terminar diciendo “ a mi me da igual”.

Porque esa es otra, todo nos da igual. Si no nos afecta personalmente “ nos da igual”. Nada nos perturba hasta que nos tocan algo nuestro que entonces cualquier minucia se convierte en una cuestión de estado y se nos llena la boca de “tendrían que hacer algo”. Y ahí estamos otra vez, siempre es otro el que tiene que hacer algo, tú no. Me canso de oir que en Europa hay miles de ayudas si estás embarazada, si tienes niños, si eres familia numerosa, si quieres estudiar violín o lo que sea…y claro aquí no y que vergüenza y blablablabla, pero cuando nos dicen que vale, que nos van a subir los impuestos para conseguir todo eso, entonces no. Que me den pero sin quitarme. Ahí estamos como niños pequeños, lo queremos todo pero sin sacrificios, ésos que lo hagan otros.

Que conste que de todo esto tampoco se libran los gays. A mi personalmente hacer hoteles para gays, librerias para gays, peluquerias para gays me parece el colmo del paletismo y de la falta de criterio empresarial.

Pero puede que yo no tenga ni puta idea y la verdad sea que todos los gays son tan estupendos como los que salían ayer en el documental y los españoles seamos un ejemplo a seguir por la humanidad.

martes, 23 de junio de 2009

MATERNITY (XXX): Desesperación.

Cuando tienes tu primer hijo todo es nuevo, emocionante y da mucho miedo. Tiendes a creer que está malo al primer moco verde que asoma, si llora mucho es que le pasa algo y cada nuevo avance lo pregonas a los cuatro vientos como si a la gente le interesara si tu hijo come gluten o no. Poco a poco y según va avanzando la crianza te das cuenta de que tu hijo es lo más y el top de la gama pero es como todos, mejor pero como todos. Ya se pone de pié, ya come huevo, ya come pescado, ya toma gluten, ya come yogur..todos son avances y estás contento y orgulloso como si el que tu hijo coma cosas nuevas fuera mérito tuyo y no de la evolución de la especie.

Y de repente STOP. Vamos hacia atrás. Tu hija no quiere comer, no es que no quiera comer es que para hacerle tragar una cucharada de puré hay que sujetarle entre tres, cantarle los cinco lobitos, distraerle bailando un rap, meterle la cuchara en una hábil maniobra y con un juego de manos que ni David Copperfield clavarle el chupete antes de que consiga escupir. Por supuesto antes de acometer esta tarea hay que forrar la habitación y a los participantes en plástico. Es un momento de comunicación materno filial idílico.

Poco a poco vas pensando que esto no es normal. No es normal que no coma, le das puré de pollo con acelgas, acelgas con ternera, ternera con pollo, zanahorias con patata, patata con acelgas y con pollo, pollo con ternera. Te haces una hoja de excel para intentar controlar las variables y saber qué coño quiere comer tu hija. Nada funciona y lo único que consigues es que cuando ves que se acerca la hora de la comida te den taquicardias.

Así que superando tus principios de no ir al médico a no ser que sea grave, decides ir y le dices al pediatra: mire, yo es que creo que es alérgica a algo. Primero te miran con cara de “ ya tenemos otra histérica” pero luego cuando le enseñas una foto de los sarpullidos en la cara de la niña decide que a lo mejor no eres una paranoica y te manda unos análisis.

BINGO. Han cantado BINGO. Tenemos en el cartón de M: huevo, patata cruda, ternera, lentejas, frutos secos, frutos rojos y pescado. Aparece superada la alergia a la leche, que parece el motivo por el cual la princesa no era muy fan de los biberones.

¿ Alergia alimentaria? Otra cosa nueva. No tienes ni puta idea y al principio te parece fácil, total, los bebes no comen merluza ni huevo frito. Esto está chupado. ¡ que pardillos éramos! Bienvenido al mundo de leer los ingredientes de todo lo que compras y ¡sorpresa! Miles de cosas llevan huevo o frutos secos u omega 3, así que estamos jodidos. La compra se convierte en una ginkana.

Y luego tenemos el tema de la “contaminación cruzada”. La primera vez que oyes hablar de eso piensas que es algo de lo de Greenpeace y no tiene nada que ver contigo, bastante lío tienes, que se ocupe Al Gore. Pero no..la contaminación cruzada está en tu casa y consiste en que si con un tenedor pinchas un rebozado con huevo y con ese mismo tenedor pinchas un trozo de pollo para M. a M. le saldrá una roncha como un campo de fútbol. Lo mismo pasa con los cacharros donde cocinas o con el aceite donde fríes. Un stress.

Te acostumbras. Y entonces nace C. y ya estás con la mosca tras la oreja e insistes en que le hagan los análisis. “ no tiene nada que ver que la hermana lo sea”, “ no tiene ningún síntoma”, “ es muy pequeña”…bla, bla bla.

BINGO. Tenemos alergia a la leche.

Festival de la imaginación culinaria, cocina sin leche, sin huevo y sin pescado. Festival del intercambio de cubertería, este cuchillo es de M no cortes la carne de C, ese vaso tiene leche de soja es de C., la sartén tiene restos de huevo, no pongas ahí la ternera. Poco a poco el ingeniero, la cuidadora y yo elaboramos una coreografía en la que todo encaja y no cometemos errores.

A los dos años, C. como va sobrada, supera su alergia. Ole, ole..damos saltos de alegría. M. supera la alergia a las lentejas, ya puede comer calamar, ya puede tomar ternera. Ole, ole, la vida es bella. La alergia al huevo son minucias, lo llevamos de puta madre, incluso nos dan un un punto para entrar en el colegio. Algo bueno tenía que tener.

Todo iba rodado. Todo estaba controlado. Ella sabía lo que podía comer, lo que no. Ella sabía que siempre hay que salir de casa con su inyección de adrenalina, ella sabía que si vamos a un restaurante sólo puede comer carne con patatas y todos lo llevábamos lo mejor que podíamos.

La vida nos sonreía hasta ayer que se confirmaron nuestras peores sospechas, M. ha dado positivo para celiaquía.


Ayer fuimos a comprarle comida especial, la buena noticia es que hay muchos productos para celiacos, la mala es que más de la mitad de ellos llevan huevo.


Estamos en éxtasis.

lunes, 22 de junio de 2009

ES LA GUERRA, MÁS MADERA ( otra más con el de mantenimiento)

Llego a mi trabajo y me siento en mi despacho. No bajo a desayunar, no voy a la máquina de café, no salgo a fumar. Estoy sentada delante de mi ordenador hasta que bajo a por el rancho hacia las 3. Es lo que quiere mi jefe, para eso me paga y además si no estoy se pone muy nervioso. Si por casualidad me llama y en vez de estar sentada estoy de pié guardando algo en un archivador y tardo 3 tonos en cogerlo, al descolgar oigo:

- ¿ Dónde estabas?
- Sujetando un archivador antes de que se me cayera y me destrozará el pie.
- Ah vale.

Si por ejemplo he ido a la fotocopiadora que está exactamente a 20 metros de mi despacho y me llama desde su mesa, si no lo cojo a la tercera llamada..oigo como cuelga y sale andando de su despacho, asoma la cabeza para ver dónde estoy.

Hace poco le dí a elegir entre sondarme o avisarle cuando voy al baño para evitarle una crisis de ansiedad. Gracias a Dios eligió el aviso.

Bien, es evidente que mi sitio está en mi despacho. No me puedo mover de aquí y para eso me pagan. Hay gente que no lo entiende, por ejemplo las tías de “ control de accesos”, es decir, las recepcionistas de toda la vida que ahora son controladoras de accesos. Supongo que es para darse importancia, controlan los accesos cómo si hubiera peligro de invasión por parte de gente deseosa de ver una empresa de colocación de libros por colores o espías industriales que quisieran conocer nuestros secretos.

Me llaman:
- Hola guapa
- ¿ Perdón?
- Te llamo de control de accesos.
- Ah si, las de la portería.
- No, perdona, control de accesos.
- Vale, si, las de amarillo detrás del mostrador. Dime
- Que ha llegado un paquete.
- Vale
- Tienes que bajar a buscarlo.
- Jajajajajajajaja ¿ perdona?
- Tienes que bajar a buscarlo porque
no podemos tenerlo aquí.
- Pues subídmelo.
- No es mi trabajo

- Mira controladora de accesos, la importancia de nuestro trabajo es directamente proporcional a la distancia que hay desde nuestro puesto de trabajo al despacho del jefe supremo y mira tú por donde yo le tengo aquí delante mirándome y tú no.
- Vale, ahora te lo subimos.

Por supuesto me odian, pero es que coño, le das a alguien un uniforme, un ordenador y un tarjeta identificativa y se creen los amos del calabozo.

La semana pasada tuve otra bronca con ellas que está teniendo desagradables repercusiones en mi entorno laboral. Me llama mi jefe hecho una furia:

- ¿ Porqué no me has avisado de que me había llegado un paquete? He quedado fatal con un tío
- Aquí no te ha llegado nada
.

Llamo a las controladoras de accesos y con voz dulce pregunto:

- ¿Ha llegado algo para el Jefe Supremo?
- No, no ha llegado nada, te habríamos avisado.
- ¿ seguro?
- Si, si seguro. Aquí no hay nada y no hay nada apuntado.
- Vale, pues cuando llegue sea la hora que sea
( era viernes y yo iba en el coche ) me llamáis, a la hora que sea.
- Vale, vale.

A los 10 minutos me llaman.

- Oye, que si hay un paquete, que llegó antes de ayer.
- ¡PERDONA?
- Si, es que es muy pequeño.
- ¡ MUY PEQUEÑO? No he hablado contigo hace 10 minutos y me has dicho que no había nada y que no había nada apuntado?
- Te avisamos el otro día.
- MENTIRA. Y LO SABES.

Llamo a mi jefe:

- El paquete llegó hace dos días pero no me habían avisado

MI jefe suelta todo tipo de exabruptos malsonantes y sé que si tuviera a las controladoras a mano las fulminaba.

- ¡¡ voy a llamar a su jefe!

El jefe de las controladoras es a su vez mi archienemigo el jefe de mantenimiento al que por supuesto le ardió el pelo de la bronca que le cayó sin comerlo ni beberlo. El lunes siguiente vino a verme para ver qué problema había habido, o a ver cómo con una maniobra de arabesco lateral conseguía que la metedura de gamba de sus chicas fuera mía. Discutimos mucho y gane yo pero en venganza ha bajado la temperatura del comedor a 15 grados y me mira con odio cuando entro a comer.

Lo que no sabe es que estoy maquinando mi venganza. Hoy bajaré a comer con mi jefe y le pediré que me deje su chaqueta del frío que tengo. Pareceré un pingüino pero le daré pena y cuando suba dira: llama al de mantenimiento y le echará otra bronca porque la gente pasa frío en el comedor y estamos gastando mucho en aire sin necesidad.

La venganza es un plato que se toma frío y nunca mejor dicho.