miércoles, 19 de noviembre de 2014

Coche 7. 8A


Salto de la cama creyendo que llego tarde, que perderé el tren. Me visualizo corriendo como una loca, sin duchar, sin peinar y sin café y siento que un día que empieza así sólo puede ser terrible. 

De reojo miro el reloj  y me doy cuenta de que es una hora antes y que aún puedo tumbarme (dormir sería un milagro) quince minutos más. Aún sin dormir me sabe a gloria ese ratito de más, sobre todo porque consigo bajar la adrenalina del susto anterior. 

A mi hora, me levanto, me ducho, me tomo un café y salgo con tiempo. Recorro la estación hasta la última vía, bajo al andén y al llegar al control me doy cuenta de que las tecnologías me odian y tengo que subir corriendo otra vez a buscar las máquinas de imprimir los billetes. 

Estoy empanada de sueño y de pánico tecnológico, miro la máquina y no encuentro la opción imprimir. Miro a derecha e izquierda para pedir ayuda y me acerco a ¿un hombre?, ¿un joven?,¿un chico?, ¿tendrá mi edad? 

- Perdona, ¿cual es la opción para imprimir?
- Mira, si quieres lo hacemos juntos. 

Por supuesto nada más decirme eso el cartel de “impresión” ha aparecido ante mis ojos en tres dimensiones. Quedo como una boba. Mientras tecleo, él ya ha sacado sus billetes y se queda a mi espalda remoloneando, no sé si no me ve capaz. 

Con mis billetes en la mano, me giro, sonrío y le digo “gracias”. 

Camino detrás de él por la estación y resulta que va al mismo tren. ¿Y si nos toca juntos? ¿Este mínimo contacto nos hará establecer conversación? 

Le pierdo de vista en el andén. Pantalón negro, chaqueta negra, una bolsa pequeña y el pelo bastante largo, oscuro y despeinado. A lo mejor se ha despertado tarde y ha tenido que salir corriendo. A lo mejor vamos al mismo sitio. Empiezo un hilo de pensamientos de casualidades probables y posibles.

Coche 7. 8A. Ventanilla en el sentido de la marcha. 

Me encanta el tren. Me acuna, me recoge y me resguarda. Me tranquiliza y me calma. 

Me siento y veo amanecer. 

El tren tiene sus propios sonidos. Miro por la ventanilla y es como ver una película muda. Los coches por la carretera son silenciosos, las fábricas, las casas, los tractores, la ropa tendida y agitada por el viento. Nada tiene sonido. 

Poco a poco, siento como el stress de la carrera, el madrugón y los nervios se me escurren por el cuerpo, los siento resbalar desde mi cabeza... hasta salir por los pies. Es entonces cuando me quito las gafas, aparto el texto que estoy leyendo, me tapo con mi capa de invisibilidad y mirando por la ventana me duermo. 

Amarillo, marrón, blanco de escarcha. Líneas de árboles, choperas de explotación se que se llaman, bordeando el paisaje más cercano. Bosques de pinos en las montañas del fondo. Campos arados. Rocas. 

¿Cómo será vivir en una casa que sólo se ve desde los trenes que pasan? 

En las estaciones con trenes parados pienso en refugiados. Deformación profesional de lectora de la IIGM.

Me acurruco aún más en mi asiento y  antes de deslizarme en el sueño, vislumbro que la película que van a poner es “Fronzen”. ¿Quién decide poner una película infantil en un tren a las 8 de la mañana en un día de diario?

Decido que lo pensaré al despertar...o mejor escribiré un post. 


Debería de pasar más tiempo en un tren, me sienta bien. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Una charla en Cuenca


Con una generosidad sin límites y una confianza rayana en la locura, los organizadores y participantes de Principia me invitaron este fin de semana a dar la primera charla de mi vida. Por ese motivo he estado en Cuenca y he aprendido un montón de cosas. No todas buenas, claro. 

1.- A Cuenca no ha llegado la tendencia de ración mínima en plato gigante. Han cogido solo lo mejor de esa tendencia: el plato gigante, y lo rellenan hasta los límites y desbordan. Así me enfrenté a unas tortitas con nata y chocolate que casi acaban conmigo. 

Siguiendo con el tema comida, yo me creo juvenil y jovenzuela y resulta que me siento a cenar y el comentario es "Moli, tú que eres madre corta la hamburguesa para repartir y mezcla los huevos rotos". Casi lloro. 

Más de tema comida. He conocido un jovenzuelo divulgador y cuando digo jovenzuelo me refiero a alguien nacido en 1989 que toma tortilla sin cebolla pero con ajo y desayuna cereales allbran de almohadilla rellenos de chocolate con agua con gas. Por un lado los cereales y por otro el agua con gas. Tengo pesadillas con ese desayuno. 

2.- Una charla en un planetario me plantea problemas físicos casi insalvables. Me quedo dormida en las sillas, me cuelgan los pies y necesito casi una catapulta para conseguir levantarme. 

3.- ¿En qué momento pasé de ser la niña que nunca preguntaba en clase a levantarme coger un micrófono y soltar un speech sin ningún tipo de vergüenza?

4.- He aprendido un montón de cosas de ciencia explicadas por divulgadores maravillosos que se suben a un escenario y lo hacen parecer fácil y sencillo. Me gustaron todas las charlas pero quiero mencionar la fabulosa charla de un para mí desconocido Antonio Pérez Verde  sobre la misión Rosetta que consiguió apaciguar parte de mi vértigo cósmico. Me fascinó también la increible habilidad con la que es capaz de pronunciar  cometa Churyumov-Gerasimenko sin trabarse ni una sola vez. He aprendido de ciclodextrinas y torrijas para diabéticos, de venenos y como para envenenar a alguien con cianuro no debo dárselo en una tarta dulce, de vampiros virales y películas malas, de los Simpsons y la química de Breaking Bad, de medios para implicar a los estudiantes de secundarias en la ciencia, de iniciativas de comics para explicar las células como una aventura , del cerebro y de ratones verdes, he aprendido lo que son los Lagerstätten y un montón de cosas más. 

5.- Lo he pasado genial, me he reencontrado con personajes maravillosos que ya conocía y que me han demostrado un cariño y un aprecio totalmente inmerecido por mi parte, y he conocido a muchos otros que por alguna extraña razón también me han acogido como una más de su gran familia de científicos. Casi casi estoy a punto de arrepentirme de haber elegido historia. 

Ha sido una experiencia maravillosa con gente estupenda. Con entusiasmo y mucho trabajo muchas cosas  han salido fenomenal. Algunas otras han salido regular y  ya estamos tratando de arreglarlas en una cadena de mails que será infinita para que la próxima edición del SciFest sea un nuevo éxito. 

Ah si, también he aprendido al verme en las fotos que no sé estar quieta con las manitas y que no paro de gesticular y sonreír. Subo al escenario y me transformo, no sé si para bien o mal. 

Gracias a todos por la acogida, el cariño y por no lincharme cuando me meto con vosotros. Lo hago con cariño, con un poco de cariño y otro poco de... eso que me caracteriza.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Queridos publicistas: así se vende lotería


Lotería de Navidad: juego de azar al que se juega una vez al año por la absurda y completamente idiota sensación de que si no compras, tocará debajo de tu casa y te sentirás gilipollas. 

El problema es que "debajo de tu casa" incluye muchas veces: tu curro, el de tu pareja, el gimnasio, el bar de la esquina, la peña de tu perro, el colegio de tus hijos y  la casa rural en pueblo perdido de la serranía de Cuenca dónde fuiste a pasar un fin de semana en septiembre. 

Podemos tomárnoslo de otra manera: tradición navideña que consiste en gastarte 20 euros en un décimo comprado en el lugar donde más odias a la gente que te rodea para que en el hipotético caso de que toque no ser el único idiota que no juega. Es decir, todo el mundo compra la lotería de su curro. 

El anuncio de este año de la lotería de navidad está mal planteado por eso. 

¿Cuál es el propósito del anuncio? Vender más décimos, vender todos los décimos que se pueda. 


No lo creo. 

¿Qué queremos?
Acabar con las existencias de décimos.
¿Cómo lo queremos?
Cómo sea, haciendo lo que sea. Todo vale. 

Vamos a ver, señores publicistas. Vamos a dejarnos de sensiblerias patéticas, irreales, efectistas y de mucha vergüenza ajena y vamos a pensar como auténticos cabrones del márketing. 

El viejales del anuncio se despierta en su casa el día de la lotería que recordemos es laborable. Se va al curro, se zampa un atasco de mil pares de cojones mientras llueve a mares (recordemos que no es Berlín, es Madrid, o Cuenca, o Albacete o Pontevedra). Llega a su curro, entra en un edificio deprimente, se sienta en su ordenador y se abstrae a currar. Va llegando gente y cada vez hay más barullo. 

De repente alguien grita ¡NO PUEDE SER! 

¿Qué pasa?
Ha salido el gordo y es el 14711. 
No puede ser. 
¡qué si coño! ¡Es el nuestro! El número que lleva colgado en la puerta de entrada desde septiembre para que compráramos todos. 
¡De puta madre! ¡Somos ricos! A tomar por culo el curro... vámonos a celebrarlo. 

El viejales teclea como si de ello dependiera su vida, la pradera se queda vacía. 

Notificación de wasap: 

- "Cariño, acabo de ver que ha tocado en tu curro"
- "No compré este año, estaba harto de comprar todos los años". 
- "Tú eres imbecil."

El viejales mira la pantalla, escucha unos pasos a su espalda, un compañero se le acerca y le dice: 

- Martínez, te lo dije. Y total eran 20 euros. 

Sobre impresionado el slogan "¿Quieres ser el que escuche "Te lo dije"? que es muchísimo más efectivo que la trola esa de cuento de hadas de "el mayor premio es compartirlo". 

Este anuncio sí que movería en masa a comprar décimos de lotería. Hordas de gente corriendo a comprar los décimos de sus curros, despertándose por la noche sudando sólo de pensar que Martíenez pueda ganar la lotería y ellos no. Gente pensando en sus jefes comprando décimos y ellos no. Hasta madrugarían para llegar antes y no quedarse sin ellos. 

No entiendo como no soy publicista. 

Eso sí, Berlín en 1989 está precioso. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Lecturas encadenadas.- Octubre (y II)

Vamos con los últimos cinco libros de octubre que quedaron pendiente en la anterior entrega de los libros encandenados.

De Neguri a Lausanne - diarios de una transicion 1977-1980, de Alejandro Gaytán de Ayala. De este libro me habló Juan Ignacio Pérez Iglesias mientras paseábamos por San Sebastián arriba y abajo hablando de Pinilla, de museos y de un millón de cosas más. Luego, tuvo la gentileza de enviármelo. Mil gracias Iñako. 

Es un libro muy curioso. Son las memorias de un señorito vasco de Neguri en los años de la transición, cuando todo su mundo y su posición económica y social se desmoronan. Es culto, católico, de familia del Opus, de derechas, jugador de bridge, anglófilo, aficionado a la ópera y a la música clásica, viajero, depresivo y homosexual. Es una especie de Oscar Wilde o de personaje de novelón inglés del periodo de entreguerras. Refinado, infantil para muchas cosas, observador de la realidad política y social que se va imponiendo en el País Vasco. Es clasista, casi racista, profundamente egoísta, y está asustado porque todo su mundo y sus certezas se desmoronan con 37 años.

En algunos momentos y salvando las distancias, me recordaba al Sandor Marai del primer tomo de sus memorias que son también las de un señorito quejumbroso y elitista que a veces resulta cargante e insoportable, y que es incapaz de valorar lo bueno de los cambios que se producen a su alrededor independientemente de los perjuicios que le ocasionen a nivel material. Repito que es un libro curioso y tiene su mérito el que se haya atrevido a publicar esos diarios casi sin editar, enfrentándose a esa realidad 30 años después. Es un poco una mezcla de Dowtown Abbey y el Hola con unos toques de realidad política.
"En realidad, la naturaleza humana se acostumbra fácilmente a la desaparición de los demás, por muy queridos que sean, que es la única manera de seguir viviendo". 
"Verdaderamente, las mujeres vascas viejas son de una elegancia natural extraordinaria, por muy bajo que sea su nivel social. La mujer humilde cursi es un producto de otras latitudes". 
Catedral  de Raymond Carver.  Colección de relatos que saqué de la biblioteca y que no recuerdo de dónde me llegó la recomendación. Todos los relatos son bastante deprimentes y tétricos. Algunos angustiosos. En casi todos aparecen niños en circunstancias tristes, dramáticas o incluso terribles.  Con los relatos siempre tengo la misma sensación de inquietud y asombro. Me intriga cómo los autores son capaces no de contar una historia completa sino de transmitir la sensación de que han observado una vida, a unos personajes y ha cortado un pedazo de esas vidas para mostrárnoslas, transmitiendo la sensación de que hubo algo antes del trozo que nos muestran y habrá un después que nos veremos, que no se nombra pero que aún así, los lectores sentimos real.

Llegados a este punto del mes, pensé en que todo lo que había leído hasta ese momento era pelín deprimente y que a lo mejor me convenía leer algo más ligero, menos dramático así que fui a la biblioteca, busqué a David Lodge y saqué Pensamientos secretos . Lodge escribe otra vez el mismo libro; una universidad inglesa, un profesor casado e infiel,  intrigas académicas, vida inglesa. Los escribe como churros y se leen exactamente igual, como un entretenimiento fácil y sin complicaciones. Un pasarratos sin más.
"Es un buen ejemplo de lo que estábamos hablando esta tarde, la intimidad de la conciencia, el secreto del pensamiento, es el archivo del que sólo nosotros tenemos la llave, y menos mal que es así...". 
Como la lectura fácil no dio resultado, volví a lo que pedía el cuerpo. Plataforma de Michel Houellebecq. Tras lo mucho que me gustó en su día "El mapa y el territorio" parecía una apuesta segura.

La historia de Michel, un funcionario gris, sin vida, sin intereses más allá del sexo y su historia al conocer a Valerie en un viaje organizado y comenzar una relación "perfecta" me ha dejado bastante fría a pesar de las pormenorizadas y detalladas escenas de sexo espectacular. Paralelamente a su historia personal, se desarrolla la trama sobre la vida profesional de Valerie centrada en el desarrollo de la industria turística, los viajes organizados para que turistas europeos salgan de sus vidas grises y de las normas que el viejo mundo impone para vivir aventuras de todo tipo en paraísos lejanos en Asia, África y América.

No me ha parecido gran cosa a pesar de su fama, muchísimo más flojo que "El mapa y el territorio" que me deslumbró. No le he encontrado la gracia ni me ha escandalizado ni me ha hecho pensar. ¿Se supone que es una reflexión sesuda sobre el sexo? ¿Sobre la depravación moral de Europa? ¿Sobre la mojigatería fingida? ¿Sobre la hipocresía occidental? Ni lo sé ni me importa mucho, la verdad. Se lee bien pero sin mucho más interés.
"Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del olvido parcial de uno mismo: no es un terreno en el que podamos realizarnos sin perdernos".
Terminé el mes con un regalo de la editorial Turner, Las esposas de Los Álamos de Tarashea Nesbit. El tema me apetecía, la vida de las mujeres, de las familias que acompañaron a los científicos reclutados por Estados Unidos tanto en su país como en Europa a mediados de la II Guerra Mundial para llevar a cabo una investigación supersecreta en el desierto de Nuevo México, en Los Álamos, y que terminó con la creación de las bombas nucleares que se lanzaron sobre Japón para poner fin a la guerra.

Pues bueno, a pesar de que el tema me apetecía el libro es regulero. Desconozco la razón por la que Tarashea ha optado por contar la historia en primera persona del plural, englobando en ese "nosotras" a todas las mujeres que llegaron a Los Álamos siguiendo a sus maridos. El resultado es que la narración resulta artificiosa, superficial y poco atractiva, porque realmente no llegas a conocer a ningún personaje ni ninguna circunstancia concreta. Es todo una sucesión de párrafos del estilo: 
"Llegamos recién casadas, o inmersas en la crisis matrimonial de los siete años, o siendo todavía muy amigas de nuestros maridos, o sin estar ya enamoradas pero tratando de seguir adelante por nuestros hijos, o por nosotras mismas. Algunas esperábamos continuamente que se produjera un desastre y teníamos siempre las persianas bajadas, a algunas nos invadía un escepticismo discreto, aunque nadie se diera cuenta, y nuestro apelativo era Polly. Algunas de nosotras siempre nos las apañábamos con lo que teníamos, y no tardamos en formar clubes de lectura y grupos para hacer punto. Algunas brillábamos en reuniones, y organizábamos bailes por las noches y meriendas y clubes de bridge".

Y así todo el libro. "Algunas", "otras", "éramos", "queríamos, "no queríamos"... un despropósito y una desilusión. 

Y con esto, un bizcocho y mi insomnio de alerta, hasta los encadenados de noviembre.

La fotografía es un cuadro de Jordan Buschur titulada Sideways Stack. 



lunes, 10 de noviembre de 2014

Charlando con las princezaz


Vamos en el coche Molimadre, las princezaz y yo. 

Siempre es la misma rutina, primero escuchamos la radio intercalando emisoras que les gusta a ellas con otras que me gustan a mi. Hay canciones que son innegociables y aunque a ellas les gusten mi dedo sale disparado a quitarlas en cuanto suenan los primeros acordes. 

Pronto las emisoras dejan de escucharse. Ponemos el mp4 de M, con música variada que Molimadre y yo resistimos durante un periodo de tiempo que a nosotras nos parece eterno y a las princezaz un suspiro. Ya son mayores pero todavía son capaces de escuchar la misma canción en bucle n veces sin que les estalle el cerebro. Ni que decir tiene que ni Molimadre ni yo tenemos ya esa capacidad. 

Llega el turno de Molimadre.

- Ahora mi música.
Abuuu, ópera noooo. Por favor, ópera no. 
- No voy a poner ópera pero vamos no entiendo que no os guste con los horrores que escucháis vosotras.
-Abu, yo no entiendo que a ti te guste la ópera. Son siempre señores gordos que hacen “ohhh ohhhh ohhhh” y que van vestidos con ropas de los 80.
- ¿De los 80? jajajajajaja. ¿Por qué dices eso?
- Porque es ropa de hace mucho tiempo. ¿Qué es eso que suena?
- Es Elvis Presley, el rey del rock. No puede ser que no le conozcáis.
- ¿Es muy viejo?
- Está muerto.
- Pero es viejo.
- No, se murió joven pero hace muchísimo tiempo.
- A mí es que toda la música que sea AC no me interesa para nada.
- ¿Música AC? ¿Qué es eso?
- Antes de C. 
- Jajajajajajajaja. 
- Y ¿este que suena ahora quién es?
- Es Bob Dylan.
- No me lo digas... esto es música MAC.
- ¿Música MAC?
- Muchísimo antes de C. 

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- Chicas ya llegamos. En cuanto pasemos el congosto veremos el cielo de Benasque.
- Abu, siempre es el mismo cielo.
- ¿Qué dices?
- Que el cielo es siempre el mismo, aquí, en Madrid y en la China capuchina. 
- Pero ¿de qué cielo hablas? ¿del azul o del de ir si eres bueno?- Molimadre va directa al abismo. Me concentro en la conducción para no reírme. 
- El cielo de ser bueno no existe Abu, es un estado. 
- Oh... un gatito por la carretera.- Molimadre decide abortar la conversación. 

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Cenamos. Hablamos del colegio de las princezaz y de las próximas olimpiadas que van a a celebrarse y por las que estamos nerviosos porque a lo mejor eligen a M para la natación. La conversación deriva hacia la fundadora de su colegio. Las princezaz deciden contarle la historia a Pobrehermano Mayor.

- La Madre Alberta se llamaba Alberta Jimenez y se casó y tuvo muchos hijos pero se murieron todos y entonces decidió pedir permiso para abrir un colegio.
- ¿A quién le pidió permiso?.- pregunta Pobrehermano Mayor que se está descojonando ya.
- A Dios, creo.- contesta C. 
- Y ¿se le murieron todos los hijos?.- pregunto yo.
- Todos menos Albertito.- contesta M muy seria.
- ¿Albertito?.- grandes carcajadas por mi parte.
- Que sí mami, que lo ponen en el libro. “Tuvo muchos hijos pero se murieron todos menos Albertito”.
- ¿Y qué paso con Albertito?.- Pobrehermano Mayor ha encontrado un filón.
- No sé...lo mismo sigue vivo. 
- En fin, es una historia buenísima pero no tan buena como la de la fundadora de mi colegio.
- ¡Cuéntanosla!
- Pero si ya os la he contado. 
- ¡No nos acordamos!
- Vale. A ver. Enriqueta Aymer de la Chevalier era una aristócrata francesa..
- ¿Qué es eso?
- Era de una buena familia, muy rica y con muchos privilegios.
- ¿Tenía un cuarto para ella sola? ¿Llevaba vestidos?
- Si, si...pero calla. Cuando llegó la Revolución Francesa que quería acabar con todos los privilegios de los nobles y de los curas y las monjas, ella escondió a un cura en una trampilla que había debajo de su piano.
- ¿Tenía piano? ¡Qué morro!
- Eso da igual, el caso es que alguien se chivó a las autoridades.
- ¿Quién?
- No lo sé, no me acuerdo.
- Mami, así no se cuentan las historias. 
- ¿Te lo cuento o no? Bueno, la metieron en la cárcel pero como ella era tan buena se dedicó a enseñar a leer a la hija del  carcelero y así cada mañana cuando llegaba la lista de los que iban a guillotinar...
- ¿Qué es guillotinar?
- Pues es una máquina en la que te tumban, pones la cabeza sobre una madera y desde arriba dejan caer una cuchilla que te corta la cabeza.
- ¿y te mueres?
- Claro.
- ¿Y qué hacían con los cuerpos?
- Pues los metían en carros y los tiraban. 
- ¿Donde? ¿En el contenedor verde?
- ¿Qué?
- ¡Si! y los ojos iban al contenedor de vidrio...


Por el rabillo del ojo veo a Pobrehermano Mayor llorando de la risa... la conversación se me ha ido de las manos. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Lecturas encadenadas.- Octubre (I parte)

El insomnio de alerta, que es por lo visto el que sufro, probablemente haga que mi vida sea muy corta, mucho más de lo que a mí me gustaría pero por otro lado voy a morir joven pero muy leída, como decían las abuelas.

En el mes de octubre, en noches y noches de escaso descanso y tras haber intentado por otros medios no desesperarme, he aprendido que la única manera de que la noche pase rápido y con el menor sufrimiento posible es leyendo, así que he devorado 9 libros.

Civilización: Occidente y el resto , de Niall Fergusson. De este libro también habló Fernando P. Cossio en su conferencia en San Sebastián y, como me llamó la atención, lo saqué de la biblioteca. 

La premisa de la que parte Fergusson es que Occidente, Europa y América del Norte han dominado el mundo extendiendo su cultura desde aproximadamente el año 1500 hasta más o menos el 2000 o 2007 cuando empezó la gran crisis económica. Fergusson hace un batiburrillo en el que toca todos los palos para tratar de explicar porqué una serie de pequeños reinos desunidos y sin nada en común consiguieron extenderse por todo el mundo, superando a grandes imperios como el chino, el otomano, el maya o el azteca. Fergusson habla de economía, de religión, de desarrollo científico y de instituciones políticas para intentar explicar ese auge occidental. 


Creo que no consigue convencer en sus argumentos, para demostrar el porqué de ese dominio, que sí que fue real y creo que tampoco aclara las causas por las que obviamente está desapareciendo, pero es un libro muy entretenido que maneja gran cantidad de información de manera amena y con muy buenas reflexiones; algunas controvertidas y polémicas pero que sirven para reflexionar. Merece mucho la pena.

"Puede que la amenaza última a Occidente no venga del islamismo radical, ni de ninguna otra fuente externa, sino de nuestra propia falta de comprensión de nuestro propio legado cultural y de nuestra fe en él".
Las uvas de la ira, de John Steinbeck. En su día, hace mil años, había leído esta novela, pero me la trajeron los Reyes y decidí releerla. Sólo recordaba la impactante imagen final, del resto tenía un vago recuerdo, un recuerdo en el que me veía a mí misma pensando que era demasiado joven para esa historia. No creo que fuera demasiado joven pero había leído demasiado poco para entenderla bien.

Es ahora cuando he entendido todo el desarraigo, la desesperanza, el desamparo y el drama de los emigrantes que tienen que dejar sus casas y sus tierras desesperados por llegar a una tierra prometida que resulta no serlo tanto. Steinbeck intercala los capítulos sobre las tribulaciones de la familia Joad con otros en los que sitúa todo lo que ocurría en los años 30 en Estados Unidos, con una minoría que se enriquecía mientras otros muchos vivían en una miseria atroz y desesperanzadora.
"Tengo un montón de ideas pecaminosas que, sin embargo, parecen inteligentes".
Me ha gustado también porque es una novela casi feminista: son las mujeres, La Madre, las que tiran de todos, las que mantienen la fuerza y el aguante para arrastrar y seguir y sostener.
"Una mujer puede cambiar mejor que un hombre -dijo Madre consoladora- la mujer tiene la vida en los brazos. El hombre la tiene toda en la cabeza. No te importe. Quizá... bueno quizá el año que viene tengamos casa".
Verde aguade Marisa Madieri. Recomendación de Elena Rius que saqué de la biblioteca. Es un libro precioso pero muy muy triste. No ha sido un mes de libros alegres para nada.

Es un libro raro, un diario del presente de la autora y del pasado. Su vida como madre, como esposa, sus vacaciones, sus sensaciones diarias, sus miedos mezclados con los recuerdos de una infancia no demasiado alegre y marcada por el exilio forzado de su Fiume natal al terminar la II Guerra Mundial.

Los padres, los abuelos, las relaciones familiares, el colegio, su vida como refugiada están contados en fragmentos de recuerdos tristes que consigue colocar en su pasado siendo consciente desde el presente de que ella también es esos recuerdos, que esas experiencias la han hecho quien es.

Es un libro verde agua, triste y melancólico, duro y tranquilizador a la vez.

"En cada palabra dada y recibida, en cada gesto y pensamiento, en cada fragmento incluso breve y casual de nuestra existencia y de la de los otros, hay algo de precario y algo de ineluctable, de caduco y de indestructible."

Marisa era la mujer de Claudio Magris y falleció de cáncer poco después. Él hace un emotivo postfacio del libro.

En el café de la juventud perdida de Patrick Modiano. Comprado en la Librería La Fuenfría porque no pude resistirme.

Me ha gustado muchísimo y eso que París es una ciudad a la que le tengo manía, y que hay una protagonista misteriosa que también me crispa mucho.  Son 131 páginas en las que a través de los ojos de varios personajes Modiano construye la historia de la misteriosa mujer, Jaqueline, a la que todos llaman Loki a partir de su aparición en el café que es también protagonista y parte de la historia. 

Al terminar de leerla, pensé que me sentía a mí misma, que la experiencia de su lectura había sido como cuando de pequeña leía los libros de "Elige tu propia aventura".  Me imaginé la historia, la dibuje en mi cabeza como una plaza hexagonal (no sé porqué  hexagonal) en la que está el café Conde. En ella desembocan distintas calles que son las historias de cada personaje y que te dan una visión de la ciudad y también de la plaza. Al contrario de lo que pudiera parecer, con esos múltiples recorridos y vistas de la plaza no consigues construir la historia completa, porque cada calle tiene sus callejones  y sus ángulos ocultos. Cada vez que llegas a la plaza descubres algo nuevo y una nueva incógnita. 

"Pero ni la una ni la otra éramos amigas de demostraciones. Es posible que se comportase así conmigo, con aparente indiferencia, porque no se hacía ninguna ilusión en lo que a mí se refería. Debía decirse que no había gran cosa que esperar puesto que me parecía a ella." 

En El Buscalibros he escrito una reseña más profesional de este libro que la verdad es que recomiendo para conocer al nuevo Premio Nobel.  

Y con esto y medio bizcocho hasta la segunda parte de los libros encadenados de octubre. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Hemos dado una fiesta


Enunciado del problema

Se acerca el cumpleaños de Molimadre. Cuatro hermanos se reúnen para decidir cómo celebrarlo. ¿Una comida? ¿Un viaje? ¿Un super regalo? Nadie lo dice, pero lo suyo, lo que toca, es hacer una gran fiesta. 
¿Cómo conseguirán los cuatro hermanos organizar una fiesta en el jardín el 1 de noviembre? 

Datos del problema 

Molimadre cumple 70.
1 de noviembre. ¿Hará bueno? ¿Hará frío? ¿Nevará? ¿Lloverá? ¿Viento huracanado?
4 hermanos.
1 grupo de wasap. 
Unos ahorrillos.
Un excel.

Operaciones.

Invitados. 
Deben ser todos los que a Molimadre le gustaría que estuvieran sin superar el umbral de los ahorrillos que los hermanos pueden aportar al evento. Cuatro hijos, una nuera, dos yernos, cuatro nietos, cinco hermanos, varios cuñados, varios sobrinos, un montón de amigos de Los Molinos, otro montón de amigos de procedencias diversas: 60 personas. 

Avituallamiento. 
No pueden ser mediasnoches de Nocilla  y ganchitos porque el 80 por ciento de los invitados ya eran padres cuando esos alimentos se inventaron. De hecho, el 85 % de los invitados ha visto nacer a los cuatro hermanos organizadores y pertenece a la generación de "a esta fiesta hemos venido a comer". 

Los cuatro hermanos saben que hay dos cosas que Molimadre nos les perdonaría jamás en una fiesta en su casa:

- que su fiesta fuera conocida como "Ah si, la fiesta del 70 cumpleaños de Molimadre, qué hambre pasamos". 
- platos, vasos, manteles y cubiertos desechables. "Las vajillas buenas y los cacharros se tienen para ocasiones especiales, si no se usan en esas ocasiones, ¿cuándo?"

Los cuatro hermanos, después de valorar la opción de cocinar ellos y desecharla en 10 nanosegundos, se lanzan a buscar un catering. Lo encuentran rápidamente: catering "El colorín". 

Inciso: En la más tierna adolescencia de los cuatro hermanos, existía un bar canijo y bastante inmundo llamado "La Golondrina" al que acudíamos en masa a beber "medios" a un precio irrisorio con el diabólico plan de emborracharnos hasta desmayarnos, objetivo que conseguíamos la mayoría de las veces. El dueño del garito era conocido como "Pedrito Colorín" a pesar de tener el tamaño de 4 bombonas de butano unidas. Con el tiempo y gracias a un boom en el consumo de "medios" entre las nuevas generaciones, "Pedrito Colorín" prosperó como Amancio Ortega. Compró un solar, construyo un restaurante hostal al que puso de nombre "El Colorín" y adelgazó 50 kilos. Se casó y tuvo hijos. "Javi Colorín" ha modernizado el negocio y ofrece catering... y allí que nos fuimos a contratarlo, a 150 metros de nuestra casa. Fin del inciso. 

Bebida.
¿Cuanto beben sesenta setentones? ¿Catorce catorcenas de botellines? Mejor optamos directamente por un grifo de cerveza que siempre les hace mucha ilusión ponerse su propia caña y botellas de vino a cascoporro. 

Y ¿alcohol del duro?

"Moli, esto no es una fiesta de nuestros amigotes, lo mismo luego no beben copas". 

Ja. 

Vasos.
Cuarenta setentones, 20 cuarentones y 7 niños necesitan más de 50 vasos de caña, 30 vasos de tubo y 30 copas de vino para estar surtidos. ¿Cómo lo saben los hermanos? Porque se pasaron media fiesta recogiendo y fregando vasos. 

Sorpresa.
¿Cómo montas una fiesta sorpresa en casa de la persona a sorprender mientras ella cocina en su propia casa porque cree que va a dar una comida por su cumpleaños?

Pues confiando en que ande entretenida y no se entere hasta que su nieta mayor se acerque y le susurre: 

- Abu, que hemos organizado una fiesta para la familia y amigos. Te tienes que vestir y quitarte la bata.
- pero, pero... no me lo creo.
- Pues sí, así que sube a vestirte.
- Pero ¿qué les vamos a dar de comer?
- Patatas fritas y anacardos. Tú por eso no te preocupes.
- Pero, ¿cuánta gente va a venir? Decídmelo que luego lloro.
- Pues empieza a llorar ya....

Solución.

Gran éxito de crítica y público. Molimadre más feliz que una perdiz. Un tiempo de lujo para ser 1 de noviembre con todo el mundo por el jardín paseando y comiendo. El catering estupendo y la bebida corrió a raudales. 

Una supertarta para soplar las velas y llorar. 

Y como broche final a la sorpresa, mega actuación de Los Gallipatos con todo su repertorio de temazos.

Seguro que Molimadre jamás olvidará su fiesta de 70 cumpleaños, porque fue un éxito y por la aparición estelar de la Policia Municipal para interesarse por el escándalo que estaban montando cuarenta setentones, veinte cuarentones y 8 niños bailando la conga al son de "Viaje con nosotros" y "Mueve tus caderas". 


 Hemos dado una fiesta. 


lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Que hace una chica como tú en un evento como este?

Vamos a ver. ¿Cómo cuento yo esto?

¿Empezando por el principio? 

Hubo una vez, en un tiempo muy lejano en el que empecé a escribir un blog... No, demasiado largo. 

Tengo que ir más al grano. Empecemos por la mitad. 

Hubo un tiempo hace un par de años o tres en que me dio, por razones que ahora no vienen a cuento o sí pero no me apetece contarlas, por seguir a gente de ciencias en twitter y entonces... ¿Entonces? Parezco las princezaz contando una historia. Tampoco. 

Empecemos por el final. A bocajarro. 

El día 15 de noviembre a las 17:30 más o menos estaré en el Museo de Ciencias de Castilla La Mancha, en Cuenca, dando una charla con el ¿sugerente? ¿chulo? ¿absurdo? título "Busco divulgador para relación estable"

Hala. Ya lo he dicho. 

¿Cómo es esto posible? Pues no lo sé muy bien. 

El máximo culpable de este  despropósito es Quique Royuela, que en su día ya me invitó a participar en la revista Journal of Feelsynapsis y que ahora se ha liado la manta a la cabeza, ha reclutado a lo mejor de la divulgación científica en internet  y ha lanzado el portal Principia para divulgar la ciencia de una manera diferente.

No contento con esto, ha organizado el Sci Fest los próximos 14 y 15 de noviembre en Cuenca. 



¿En qué consiste este magno evento? 

Durante día y medio habrá charlas sobre ciencia y divulgación en las que aparecerá la química de mano de Breaking Bad y los Simpsons, los virus contados como una peli de Almodovar, las células dibujadas, venenos en la historia, Frankestein y los transplantes de cerebros y muchas cosas más, todas explicadas y contadas por auténticos científicos.

Se lo que estáis pensando. ¿Qué pinta Moli en este festival de la ciencia? 

Es todo muy confuso. Ni soy científica ni soy divulgadora, ni doy charlas. ¿De qué voy a hablar? 

Pues mi plan, veremos si sale o no, es atender atentamente a todas las charlas, aprender mucho, preguntar todo lo que pueda y me dejen y después, con más miedo que vergüenza subir a explicar en 15 minutos que espera una chica como yo cuando encuentra un blog científico, cómo me gustaría que fuera la divulgación, qué ofrezco a cambio y porqué creo los científicos y la sociedad deben acercarse caminando en muchos casos desde extremos opuestos.  Por supuesto intentaré contar esto con mucho rigor, muchas risas y es posible que haciendo mucho el ridículo. 

Obviamente, y a no ser que sea el cumpleaños número 100 de vuestra bisabuela, salgáis de cuentas ese día o seáis neurocirujanos de urgencias... no os podéis perder estas jornadas en Cuenca. 

Verme hacer el ridículo sé que es un poderoso motivo, pero os aseguro que os alegraréis muchísimo más de conocer a todos los demás ponentes que son más rigurosos, más altos, más listos y más guapos que yo. 

Os espero a todos en Cuenca. Sin excusas. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Mi padre antes de ser mi padre


Hace 17 años también estábamos en Los Molinos.

Hace 17 años también era sábado y también lucía el sol.

Hace 17 años me desperté y ya no estaba en casa. Hoy tampoco está.

Hoy he pensado que vivió más años sin ser mi padre que siéndolo. Es un pensamiento que no había tenido nunca hasta hoy. Es un pensamiento extraño.

Hubo un tiempo en que no era mi padre, ni el de mis hermanos, ni era ingeniero,  ni tenía bigote, ni era calvo. Hubo un tiempo en el que él no sabía que tendría cuatro hijos, ni sería ingeniero, ni se dejaría bigote ni se quedaría calvo.

Mi padre antes de ser mi padre...


Mi padre antes de ser mi padre from Molinos on Vimeo.




jueves, 30 de octubre de 2014

Dormir, dormir o no dormir




Dormir como un bebé.  Despertarte cada tres horas y llorar amargamente hasta volver a dormirte. La opción de levantarte y comer no funciona. 

Dormir como un adolescente desgarbado. Cuando eres demasiados brazos, o demasiadas piernas o demasiado algo y te crea complejos durante el día, en el momento en que te tumbas te duermes y pasas a otra dimensión, completamente desmadejado, desmayado, incomunicado y nada te despierta y siempre es demasiado pronto para levantarse. Dormir 12 horas parece completamente razonable. 

El sueño esquivo. Te pasas todo el día bostezando, cayéndote por las esquinas de sueño, se te cierran los ojos delante del ordenador, a las 7 de la tarde no eres persona, no ves el momento de acostarte. Cuando por fin llega ese momento de placer supremo, te metes en la cama, apagas la luz y eres incapaz de dormir. 

El sueño de "estar demasiado cansado", esto es lo que piensas cuando estás en el primer momento de sueño esquivo. No quieres pensar que vas a entrar en una espiral de insomnio y entonces te acuerdas de eso que te decía tu madre y que tú (para tu vergüenza) les dices a tu hijos: estás tan cansado que no te puedes dormir. Una estupidez enorme y que no consuela. De hecho estás tan cansado que te pondrías a llorar para ver si así te duermes.

El sueño alerta. Es la manera que tienes de dormir cuando tienes que madrugar muchísimo para ir a alguna parte y de ninguna manera puedes dormirte o cuando tienes hijos y están enfermos. Duermes, crees que duermes pero estás en un estado de semi inconsciencia que te hace saltar de la cama ante cualquier ruido y que hace que cuando suena el despertador para el madrugón del siglo tú ya estés en la ducha. 

Siesta de baba en el sofá. Crees que no te has dormido y te despiertas con el cojín mojado. Incredulidad es la palabra que define ese despertar.Este sueño es la prueba de que "estas demasiado cansado para dormir" es una majadería. 

Siesta poco satisfactoria en el sofá. Cabezada con peli o documental o anuncios de fondo. O con libro dejado a la mitad. Duermes pero escuchas ruido de fondo, sabes que se te acaba el tiempo y que no has aprovechado. 

Siesta de desmayarte en el sofá. Literalmente despertarte y no saber ni donde estas ni qué hora es, ni si es tu casa, tu sofá y esa gente tu familia. 

Siesta de desmayarte en la cama. Si es de las de campeonato mundial al despertarte puedes estar tan desorientado que creas que llegas tarde a trabajar, que tienes que desayunar o que has retrocedido en el tiempo. Si no es de ese tipo, puedes despertarte deseando matar o deseando morir. 

El sueño perturbador, te acuestas, te duermes y te despiertas después de un sueño erótico festivo con compañero perturbador. Alguien a quien en tu vida real no le habrías prestado la más mínima atención. Si es un alguien cercano que vas a ver próximamente ese sueño se te aparecerá en tres dimensiones en medio de la conversación. 

El sueño perturbador con un compañero satisfactorio y apetecible. Te despiertas.Sonrisa. Intentas volver a dormirte para retomarlo. Si hay que levantarse ya puede ser que lo que te domine sea la impaciencia. 

Dormir con pesadillas. De las light que se olvidan al abrir los ojos y de las pegajosas que se te quedan pegadas a la piel y dan mal rollo todo el día.

El sueño trampa. Sales y te acuestas a las 4 de la mañana, miras el reloj y piensas "bah, no estoy tan cansada, 4 horas durmiendo son suficientes". Pasados los 240 minutos más rápidos de tu vida, cuando te despiertas quieres morir y te lanzas a un día de sueño esquivo. 

El sueño de resaca. Te acuestas borracho, te duermes, más que dormirte te hundes en un pozo de cansancio, inconsciencia y vapores etílicos del que te despiertas muchísimo antes de lo que te gustaría y al que siguen pequeños intervalos de sueño y duermevela atravesados por ramalazos de consciencia y recuerdos de la noche anterior que provocan escalofríos. El sueño de resaca se suele arrastrar al sofá donde con muchísima suerte quizás desemboque en una siesta de baba. 

El sueño fundido a negro que proporcionan las pastillas mágicas. Ya en la cama te las tomas y te vas a negro 6 horas. Te despiertas en medio de una nube gris pero algo has dormido. El mundo puede acabarse en esas seis horas que tú no te habrás enterado. 

El sueño correcto. Acostarse, dormir y despertarse 8 o 9 horas después  descansado y con las fuerzas suficientes para enfrentarse al nuevo día. 

El sueño perfecto. Acostarse, fuegos artificiales, agotarse, dormirse sin darse cuenta y despertarse al día siguiente sonriendo y tan relajado que uno piensa que al levantarse de la cama va a deshacerse. Si con mucha suerte no hay que levantarse y se pueden repetir los fuegos artificiales entonces además del sueño perfecto es el día perfecto. 


martes, 28 de octubre de 2014

Moliensayo ¿Toalla o albornoz?


Hay dos clases de personas: los que se secan con toalla y los que tienen albornoz. 

Hay tres tipos de personas: los que tienen albornoz pero no lo usan jamás. Esa soy yo. Bueno, jamás no. Si me siento a morir de enfermedad me disfrazo de más enferma envolviéndome en el albornoz encima del pijama y paseando arrastrando los pies por el pasillo y me doy muchísima pena a mi misma. Un baño de autocompasión. 

Antes de nada centremos el debate. Definamos toalla: las mejores las de Portugal como dicen las madres. Vamos a ver, las mejores son las caras. Es una putada pero esto es así, una buena toalla de esas de enamorarte de ella y tenerla de favorita cuesta pasta (hablamos de 20 euros frente a los 5 de la Ikea), lo bueno es que dura hasta que te aburres de ella. 

Lo que no son toallas son los trapos esos de colores que venden en Decathlon y que ni secan, ni son sexys, ni nada. Son tan asquerosos que me dan ganas de matar, sacan a pasear mi lado más maquiavélico y empiezo a pensar si servirían para ahorcar a alguien o para llenarlo de naranjas y pegar sin dejar marcas. ¿Quien inventó esas cosas? Mi conclusión es que alguien los creo con la peregrina idea de hacer un combinado trapo de cocina + delantal + batamanta y al descubrir que no había mercado para una prenda tan del futuro dijo "Esto lo voy a vender yo como la toalla que no pesa y seca, total para cuando se den cuenta de que no seca ya la habrán comprado". 

Si en tu casa sólo hay toallas babosas de esas...deja de leer, hazte un favor a ti mismo y sal a comprarte eso tan antiguo que es "un juego de toallas". Aprovecho para decirte que dentro de él vendrá una minitoalla de uso desconocido en nuestros días pero que creo que en tiempos remotos rimaba con bidé. 

A lo que iba. Yo soy de toalla. Dos toallas para ser más exactos: una para envolverme desde el pecho hasta las rodillas y otra pequeña para secarme y hacerme un turbante en la cabeza. 

Inciso.- el turbante en la cabeza es algo prodigioso que hacen las madres y que de pequeños nos parece casi mágico. La toalla que cuelga desmadejada en el toallero tras un juego de manos de tu madre se mantiene erguida y majestuosa encima de la cabeza de tu madre dándole a esa cara conocida un cierto toque misterioso. Cuando tú consigues hacerte el turbante, tras unos segundos de éxtasis contemplativo lo único que ves es que se te pone cara de pan y que a lo mejor deberías depilarte las cejas.- Fin del inciso. 

A lo que iba otra vez. La toalla favorita ha de ser lo suficientemente mullida y suave como para absorber y no hacerme ronchas pero no demasiado grande ni tan mullida que al doblarla bajo los brazos me impida bajarlos. Si la toalla es de ese tipo paso de ser una aspirante a tia sexy saliendo de la ducha a Et caminando como una geisha. 

Por supuesto tampoco tiene que ser tan minúscula como para que se vea pelo...esto no hay ni que decirlo. Hablamos de secarnos, no de una peli porno.

A lo que íbamos. La toalla es cómoda. Sales de la ducha, tiras de ella, con un movimiento totalmente rutinario te la enganchas alrededor y con la otra toalla pequeña te secas (confieso que yo nunca me seco muy a fondo), te frotas la cabeza y te haces el turbante. Entonces, te quitas la toalla y te embadurnas de crema. Vuelta a envolverte y ya estás lista para salir del baño y vestirte...o no. 

El albornoz. Vamos a ver, ¿quien inventó el albornoz? Eso está claro, alguien con mucho pudor o un ancestro del inventor de la batamanta. Da igual, lo importante es ¿Quién consiguió dotar al albornoz, una prenda con el mismo sexappeal que un pasamontañas (o menos) de ese toque interesante?

Porque es así. Dices albornoz y automaticamente piensas en lujo. En un gran y mullido albornoz blanco a ser posible con el logotipo de un hotel y colocado encima de una atractiva señorita que sale (con el turbante) del baño y en un desayuno con zumo.

Mentira. El albornoz es una prenda superflua e incómoda que no mejora en nada a una buena toalla. Sales de la ducha, te pones el albornoz y entonces ¿qué? ¿Te paras a esperar que absorba el agua de tu piel? ¿Te frotas las mangas contra los brazos y las faldillas contra las piernas? ¿Te frotas contra la pared del baño para secarte la espalda como si fueras Balú? Suponiendo que hayas conseguido secarte así, ¿qué haces luego? ¿Te lo desanudas, sacas las mangas, te lo quitas, te das la crema y luego vuelves a ponértelo para salir del baño? Ni siquiera voy a entrar a discutir que si el plan tras la ducha no es vestirte, siempre es más sexy dejar caer una toalla que desenvolverte de un albornoz mojado. 

El albornoz es además una prenda con un tallaje muy particular. Está pensando para que nadie jamás lleve la talla correcta. Este hecho científicamente comprobado es más evidente en los hombres. Los albornoces siempre son ridiculamente grandes, con mangas que te hacen parecer Obi Wan Kenobi o sospechosamente canijos con pinta de estar pensados como disfraz. 

Las mujeres tenemos una mínima posibilidad (una entre un millón más o menos) de dar en la vida con un albornoz que por un breve instante nos haga parecer sexys pero un hombre jamás está atractivo con un albornoz. Jamás. O parecerá un chulo escapado de peli hortera de los 70 o un mafioso gordo ruso de los que fuman puros y dan azotitos a las camareras.

Hombres del mundo...no os pongáis albornoz.
Mujeres del mundo...turbante sí, albornoz jamás. 

Buscad una toalla de mucho amor, yo la tengo hasta bordada con mi nombre. Con mis propias manos. Eso si que es sexy. 

jueves, 23 de octubre de 2014

Un día cualquiera. Ayer


Para cuando suena el despertador llevo 4 horas dando vueltas en la cama. He hecho todo lo que se me ha ocurrido para volver a dormir, para resignarme a la idea de no volver a dormir pero no volverme loca, para volverme loca pero no empezar a arrancarme el pelo a tirones y para arrancarme el pelo a tirones pero dejarme un bonito aspecto. He contado ovejas, he contado hacia atrás desde 300, he intentado escuchar el latido de mi corazón y he pensando en un sitio idílico en el que me gustaría estar y que resulta ser mi cama...pero DURMIENDO. 

Me levanto y despierto a las princezaz. M tapada hasta las orejas y C en un revoltijo de sábanas, peluches y edredón como si hubiera estado en una orgía. 

Desayunamos. M lee un Asterix, C me indica con la mano que hoy quiere mermelada de ciruela. No hablamos. Somos chicas listas y compenetradas y sabemos que antes de desayunar no se habla. 

Se preparan para ir al colegio. Me paro en el pasillo y las miro, me parece un prodigio de autonomía que esas dos personitas a las que, hasta hace nada,  tenía que perseguir para que no se pusieran las braguitas del revés y se acordaran de llevar zapatos, se preparen solas para ir al colegio, sepan mejor que yo las extraescolares que tienen y salgan por la puerta con todo. 

- Adios mami. Hasta luego. 

Me ducho y creo que me duermo un poco. Hago la cama y abro la ventana de mi cuarto, está rota por algún extraño mecanismo que no consigo entender y se que juraré en arameo cuando quiera cerrarla por la tarde. 

Me toca visita al 16. Odio el metro. Voy leyendo cuentos de Raymond Carver bastante deprimentes; hay uno sobre un niño muy feo que se llama Harold y un pavo real agresivo que me deja del revés. 

En el 16 quedamos en tablas. La jardinera con la aromática muerta sigue allí pero me entero de que tengo pinta de tener 27 años. 

A la vuelta me bajo una parada antes para caminar un rato. Me doy cuenta de que si no llevo abrigo no se que hacer con las manos mientras camino. Las llevo cruzadas y elucubro con lo que diría en el 16 sobre esto. Si las meto en los bolsillos del vaquero se me pone pinta de chuleta de Grease. Me río yo sola. 

Brujuleo por Internet. No se me ocurre nada para escribir o mejor dicho se me ocurren demasiadas cosas que me apetece y no me apetece escribir. Leo documentación del curso que acabo de empezar online. Empiezo a pensar en el texto que tendré que escribir y que en mi cabeza se está convirtiendo en algo que no sé si resultará adecuado. Lo dejo reposar. 

Judías pintas con arroz. A la hora de la comida sí que charlamos. En clase de M hay un niño francés que según las princezaz tiene algo raro alrededor de los ojos "rosa". Me temo que deben ser las típicas ojeras de francés interesante...o ¿se parecerá a Jean Paul Belmondo?  Sospecho que a M le gusta un poco. Habla mucho de él. 

- ¿Por qué te has vestido de policía?
- ¿De policia?
- Esa camisa azul es de policía. 
- Es preciosa. ¿No estoy bien?
- Buenoooo....

- Adios mami. Hasta luego. 

La siesta es mía. Sofá y mantita. Me pongo un capítulo de Girls para adormecerme y justo cuando lo estoy consiguiendo suena el teléfono. No lo cojo. Me da igual quien sea y lo que quiera. 

Me duermo. Se que no estoy durmiendo de verdad porque oigo el tráfico en Dr. Esquerdo y soy consciente de que no puedo dejarme ir a un sueño profundo porque no me despertaría para llevar a las princezaz al médico. Aún así ese duermevela "a salvo" de todo me sabe a gloria comparado con la tortura del insomnio nocturno. Debería escribir algo sobre los distintos tipos de sueño: reparador, dormir como un bebe, el dormir satisfecho, el dormir feliz, el fundido a negro.Lo apunto mentalmente. 

Esguince leve en el tobillo izquierdo de C. 
Sibilancias en los pulmones de M. 

Deberes para las tres. Sigo con mis textos del curso, me reafirmo en que lo que estoy leyendo me está generando una actitud poco constructiva y pelín destructiva. Decido seguir reposando el texto que tengo que escribir. 

Llega el Ingeniero. Tiene entradas para ir a ver al Atleti y no tiene acompañante. 

- ¿Por qué no te llevas a M?
- ¿Te parece bien aunque se acueste tarde?
- Es un día y a ella le hace muchísima ilusión y a ti también. 

- Y ¡Qué pasa conmigo? 
- A ti no te gusta el fútbol. De hecho, lo odias. 
- Pero es un plan! Yo quiero. 
- Mira, tu te quedas conmigo y pedimos pizza. 
- ¡Si!

Acuesto a C satisfecha tras haber probado la pizza de encargo. 

- Mami ¿la chica que coge el teléfono también hace la pizza?
- No creo.
- Y la traen ¿andando o en moto?
- En moto. 
- Yo no podría ser repartidor de pizzas no resistiría la tentación de comerme una o un trocito. 

Me sumerjo en los cuentos de Carver de nuevo mientras espero a que vuelva M. 

- ¿Qué tal el fútbol?
- Fenomenal. Los señores del palco eran muy majos y me han dado dos botellas de agua. Y han metido 5 goles y la gente de fuera saltaba y se movía todo y me ha gustado muchísimo y casi me duermo en el metro....
- Buenas noches princesa. 

Un día cualquiera.