lunes, 5 de mayo de 2014

¿Cuándo muere un post?

El informativo de hoy es el zapping de mañana. 
El periódico de hoy es el papel para guardar las mondas de la verdura mañana. 

Pero, ¿Qué pasa con los posts? 

¿Cuánto dura un post? ¿Qué le pasa a un post cuando sale de la página principal de un blog? ¿Se olvida? ¿Se recuerda? ¿Muere? ¿Desaparece?

Si eres un  bloguero que escribe un post, ¿Cuánto tiempo lo recuerdas? Dependerá de cuántos posts hayas escrito a lo largo de tu carrera de bloguero. No es lo mismo haber escrito 10 que 100 o que 1000. ¿Cuántos eres capaz de recordar como escritor?  Yo recuerdo todos los posts que he escrito o creo que los recuerdo todos, los casi 1400 pero ¿Con qué nivel de detalle los recuerdo? Quiero decir que soy capaz de saber que he escrito sobre un tema determinado, una persona, una película, un libro o cualquier chorrada de las que se me ocurren pero ¿Cuánto recuerdo? y ¿Cuánto de lo que recuerdo haber escrito es verdad que lo recuerdo y cuanto es solo sensación? Muchas veces, por alguna razón, busco un post antiguo que sé que he escrito y creo recordar lo que conté en él y sin embargo cuando lo encuentro, me sorprendo. Se me ocurre una idea de la que tengo la certeza de haber hablado ya, pero creo recordar que lo hice de una manera superficial y cuando encuentro el post me doy cuenta de que lo conté todo y además mucho mejor de lo que podría hacerlo ahora. Otras veces es al revés, releo y pienso que ahora podría escribirlo mejor. ¿Hasta cuando seré capaz de recordar todo lo que he escrito? ¿Me pasará como con los libros que se si un libro lo he leído o no aunque no recuerde la historia? o ¿Los iré olvidando y algún día leeré mis escritos como si fueran nuevos, como si ni siquiera fueran míos? ¿Los recuerdo todos igual o algunos más que otros? ¿Y por qué? ¿Por cariño? ¿Por odio? ¿Por vergüenza?

Si eres un post. ¿Qué te pasa  cuando dejas de ser el primero de la página, cuando no eres lo primero que se encuentran los visitantes al llegar? ¿Y cuando dejas de ser el segundo? Y ¿Cuando sales de la página principal? ¿Dejas de existir? No, claro que no...pero eres otra cosa. ¿Quién se acuerda de ti? No eres como un libro con su lomo, su portada, su dibujo y sus grandes letras que te diferencian de todos los demás. No pesas, no hueles, no ocupas espacio. ¿Cómo te van a recordar? Eres igual que otros millones de posts que hay por ahí, sólo el que te haya leído podrá recordarte...y no siempre. De hecho, casi nunca. Y el que te recuerde, ¿Volverá a buscarte? ¿Cómo lo hará? ¿Por el título? ¿Recordará tu nombre? A lo mejor no, es muy posible que no. A lo mejor te asocia con algo que le ocurrió en su vida el día que te leyó y puede buscarte por fecha. Unos pocos, muy pocos, puede que te guardaran porque les causaste una honda impresión y decidieron no correr el riesgo de no volver a encontrarte. 

También puede ocurrir que cuando ya no eres el primero, ni el segundo, ni el tercero, cuando hace años que te escribieron y vives una solitaria existencia alguien te encuentre. ¿Cómo? ¿Por casualidad? ¿Pinchando al azar? O ¿Habrá sido el misterioso algoritmo de Google que ha decidido colocarte en la primera página de resultados? Pero eso puede no pasar nunca...y ¿Qué eres cuando ya nadie te lee? ¿Y si el autor también te olvida completamente y te reescribe de nuevo sin saber que ya te tiene? Es un pensamiento terrible, es como estar en un quirófano y escuchar al médico decir que estas muerto y no poder gritar "estoy aquí" o como llegar a casa y que haya alguien ocupando tu lugar, haciéndose pasar por ti. Existes pero nadie se acuerda. ¿Entonces ya no existes? 

Si eres un lector. ¿Qué pasa con los posts que has leído? ¿Los recuerdas? ¿Los olvidas? En tu cabeza ¿ Tienen el mismo tratamiento que una noticia en un periódico, que un tuit o que un libro? ¿Un post que has leído te deja poso o te resbala? A lo mejor, unos hacen una cosa y otros otra....Muchos ni se leen pero de esos no hablamos. Y puede ser que lo hayas olvidado, que no recuerdes ni que lo leíste y que de repente algo, una palabra, una imagen, un libro, un encuentro te lo recuerden de golpe y pienses "yo leí un post sobre eso". ¿Sabrás encontrarlo? ¿Qué son para un lector los posts que están fuera de la página principal? ¿Se leen igual los posts de la página principal que los que salen con los cartelistos de "si has leído esto a lo mejor te interesa ésto"? Yo creo que no. ¿Se lee igual un post que nada más abrir la página se despliega en todo su esplendor que aquellos que muestran solo un poquito, que se insinúan, que enseñan la ropa interior y luego dicen..."leer más"? Yo creo que no. 

Y cuando un blog se acaba, se para, se abandona....¿En qué se convierte el post que queda dando la bienvenida? ¿En un epitafio? 

¿Cuánto tiempo recordáis un post? Los leídos y los escritos. ¿De qué depende? ¿De cuánto te hayan emocionado? ¿De haber aprendido algo? ¿Los recuerdas más si te reíste o si lloraste? ¿Lo recordarás eternamente si te ha cabreado muchísimo? 

Larga vida a mis posts...yo creo recordarlos todos...creo. 

viernes, 2 de mayo de 2014

Lecturas encadenadas. Abril.




En abril sólo he leído dos libros (tres en realidad, pero lo explico luego) y no muy gordos. No sé que ha pasado. He tenido vacaciones, he tenido tiempo y me recuerdo a mí misma leyendo en la cama, en el jardín, en el sofá...pero no me ha cundido mucho en cantidad, aunque sí en calidad.

"Extinción" de David Foster Wallace. Primer libro de ficción de DFW que cae en mis manos por gentileza de los Reyes Magos. 

Lo primero que tengo que decir es que DFW no se parece a nadie ni en lo que cuenta ni en como lo cuenta. 

DFW es un genio. Te coge de la mano y te hace traspasar confiadamente la puerta, el espejo que lleva a su mundo. Leyendo a DFW me siento como Alicia en el País de las Maravillas. En su mundo hay cosas conocidas, elementos que tienen sentido para mí, cosas cotidianas que reconozco...y por eso entro confiada y tranquila a leerle. Y de repente, sin saber muy bien cómo, estoy cabeza abajo, nada es lo que parece.  Soy demasiado pequeña o demasiado grande. DFW lo ha vuelto todo del revés, todo gira a mi alrededor sin que sea capaz de atraparlo...es cómo si estuviera en una habitación conocida y de repente las paredes hubieran desaparecido y yo estuviera en medio del desierto o en una carretera desierta. DFW usa todo mi universo conocido, todas mis referencias cotidianas y las descoloca. 

DFW "es" intensamente. No es un intenso, no tiene nada que ver con eso, pero todo lo que cuenta es intensamente preciso y muy profundamente moderno y contemporáneo. Lo es tanto que muchas de las cosas sobre las que escribe con mucha precisión y a las que él da una trascendencia vital, quince años después ya están pasadas o incluso han dejado de existir. Esto no tendría porqué ser un problema en sí mismo, al fin y al cabo todo o casi todo lo que cuentan los novelistas de principios o mediados del siglo XX (y todos los anteriores, claro) nos son completamente ajenas, pero el "problema" de DFW es que hay superficialidades sobre las que construye su ficción a las que da un gran protagonismo y que al leerlas 15 años después provocan la misma sensación, entre la ternura y la vergüenza ajena, que me provocan las películas de los años 80 que han envejecido mal. Esto no resta valor a su escritura, pero es una sensación rara...aunque puede que me pase sólo a mi. 

DFW es surrealismo cotidiano y psicodelia personal. Es  una apisonadora que te apabulla con su dominio del lenguaje y su precisión. Con su escritura, con su genio te pasa por encima y tienes que correr muy deprisa para conseguir que por un lado no te aplaste y por otro poder seguir su ritmo. 

En Extinción  se recogen 8 cuentos. Confieso que uno fue demasiado para mí y no lo terminé. De los demás, el primero sobre las pruebas de marketing a un bollito y el último sobre un hombre que caga esculturas, son los que se ajustan mejor a lo que contaba antes de mi sensación de estar viendo una peli de los años 80. Son intensamente superficiales en lo que cuentan pero son también intensamente profundos en la sensación que provocan más allá del momento "marketing absurdo" o "arte contemporáneo ridículo". 

El cuento más breve y más terrorífico es del bebé y sus padres. Me dejó literalmente temblando. Ahora que lo pienso, en ninguno de los cuentos hay un sentimiento positivo real. Hay mucha desesperación, mucho cinismo, mucho "fraude". 

"Si nunca han llorado ustedes y quieren llorar, tengan un hijo"

"La paradoja de la fraudulencia consistía en que cuánto más tiempo y esfuerzo invertías en resultar impresionante o atractivo a los demás, menos impresionante te sentías por dentro: eras un fraude. Y cuanto más fraude te sentías, más te esforzabas en transmitir una imagen impresionante o agradable de ti mismo para que los demás no descubrieran a la persona vacía y fraudulenta que realmente eras". 

"Es más bien como el repentino destello interior cuando uno ve algo o se da cuenta de algo: un destello repentino o lo que sea que marque una epifanía o un descubrimiento. No es simplemente que suceda demasiado deprisa como para que uno pueda descomponer el proceso y ordenarlo en forma de idioma inglés, sino que sucede a una escala en la que ni siquiera hay tiempo para ser consciente de ninguna clase de tiempo en absoluto en el que esté teniendo lugar el destello: lo único que uno sabe es que hay un antes y un después, y que después uno es diferente."

¿Lo recomiendo? Si, pero sólo para valientes y aguerridos lectores. 

Travels with Charley de John Steinbeck. Hace meses encontré este libro en internet y como si fuera un náufrago, mandé un tweet diciendo "que alguien me regale este libro". Tuve mucha más suerte de la que suelen tener los náufragos y por mi cumpleaños, alguien que me conoce mucho y me quiere más, me dio la gran sorpresa y me regaló ese libro dos veces. ¿Dos veces? Si. Me regaló la versión en inglés y a pesar de que está descatalogado consiguió un ejemplar en castellano para que fuera comparando ambas versiones, no se fiaba de que la traducción fuera lo suficientemente buena. 

El libro en castellano es de una biblioteca de Estados Unidos que supongo decidió deshacerse de parte de sus fondos y no se como llego a Amazon. No me importa. El libro lleva un sello de la "Pend Oreille County Library"  y ¿dónde está esto? Pues nada más y nada menos que en el condado de Pend Oreille, en el estado de Washington al oeste de Estados Unidos. La biblioteca está en un micropueblo a orillas de un río y cerca de una reserva nacional. 

Me alucina pensar en la cadena de acontecimientos que han hecho que este ejemplar, que este libro, haya llegado de una minúscula biblioteca en un pueblo rural del oeste de Estados Unidos a mis manos. Vi la reseña del libro, lo tuitee, alguien se fijo, alguien se preocupo, alguien decidió que ese libro en castellano no tenía sentido en esa biblioteca o alguien lo robó y llegó a Amazón. El alguien que me quiere mucho lo encontró y aquí está. Es una de esas cosas que crees que nunca te van a pasar...y pasan. 

He ido leyendo las dos versiones alternándolas. Un capítulo en inglés y luego una lectura rápida en castellano por si me había perdido algo. La mayoría de las veces sólo me había faltado entender alguna palabra y he descubierto que la versión en castellano es bastante pobre y regulera. Otras traducciones de Steinbeck que he leído eran muchísimo mejores. 

¿De qué va el libro? Con 58 Steinbeck decide hacer un viaje alrededor de Estados Unidos con el propósito de conocer su país porque siente que después de 25 años viviendo en Nueva York, París y Londres se ha desconectado de la realidad de los americanos de a pie. Organiza el viaje, se compra una especie de autocaravana a la que llama "Rocinante" y se lleva a su perro, Charley, para que le haga compañía. 

Steinbeck empieza su viaje con muchas ganas y mucho empuje. Con decisión quiere verlo todo, conocer a la gente, quedarse con los paisajes, con las imágenes, con las opiniones. Se siente curioso e inquieto. Interesado. Y consigue mantener ese empuje hasta que alcanza la costa oeste de Estados Unidos. Allí el lector percibe como al llegar a su territorio natal se va poco a poco desinflando física y anímicamente. Ese decaimiento llega bien porque es una empresa demasiado ambiciosa o por lo que el mismo Steinbeck explica "me siento igual que cuando estuve en el Prado, no puedo asimilar más, mi cuerpo dice no y mi cerebro está de acuerdo". El lector, yo en este caso, llega al final deseando que Steinbeck vuelva a casa, a su cama, a su rincón y descanse. 

El libro es un diario de viaje en el que Steinbeck cuenta lo que ve, describe los paisajes, sus encuentros con distintas personas. Expone sus sensaciones viajando por su país, reflexiones sobre política, sobre medioambiente, sobre la pérdida de los localismos por culpa de la televisión y la radio y todo lo va mezclando con recuerdos de su infancia, de su vida, de su manera de escribir...Es un diario de viaje que se parece mucho a lo que podría escribir yo (por supuesto en mi estilo cutre a años luz de Steinbeck) si pusiera por escrito todas las cosas que se me ocurren cuando voy conduciendo. 

Steinbeck lo explica muy bien, conducir solo es una manera maravillosa de pensar. 

"If one has driven a car over many yearse, as I have, nearly all reactions have become automatic. One does not think about what to do. Nearly all the driving technique is deeply buried in a machine-lie unconscious. This being so, a large area of the concious mind is left free for thinking."

Steinbeck admira el otoño y comparte mi odio hacia el "buen tiempo" permanente. 

"I´ve lived in good climate, and it bores the hell out of me. I like weather rather tan climate". 

Y al final, cuando su viaje se está acabando...dice algo muy cierto. 

" Who has not know a journey to be over and dead before the traveler returns? The reverse is also true: many a trip continues long after movement in time and space have ceased"

Es Steinbeck, es un viaje en coche y un diario. Lo recomiendo muchísimo. Y creo que hace buena pareja con otro libro de viajes por carretera por Estados Unidos, "Menuda América" de Bill Bryson.  

Y con esto y un bizcocho...hasta los encadenados de mayo. 




martes, 29 de abril de 2014

¿Saludas o pasas?


En el mundo hay dos tipos de personas: las que saludan y las que se piran.

Están los que atisban a alguien y van a su encuentro para saludar y están los que se echan el pelo por la cara, se suben el cuello del abrigo, se dan la vuelta ipsofácticamente o directamente se bajan del autobús para no saludar.

Si alguien se pregunta, yo soy de las que se pira y se baja del autobús aunque le queden 20 paradas.  

He decidido autoanalizar esta querencia mía por la invisibilidad social para saber a qué responde.

¿Por qué no saludo?

1.- Por pánico escénico. Tengo una cara muy normal. Toda yo soy muy normal...por no decir anodina. Ni alta ni baja, ni gorda ni flaca. No llevo crestas, ni melenón ni el pelo de un color imposible y casi nunca me pongo mis características gafas. ¿Qué pasa con esto? Pues que la gente se olvida de mí. Cuando alguna vez decido volverme alguien sociable o cuando llevo un nivel de alcohol por encima de la media en mi sangre me he lanzado a saludar a un conocido, la mayoría de las veces me he encontrado con esa mirada de foca monje que en el mejor de los casos dice: “ni idea de quién eres” y en el peor dice “María, nos conocemos del colegio”.  ¿Hay algo peor que tener que explicarle a alguien de qué le conoces cuando obviamente no se acuerda? ¿hay algo más ridículo?

2.- No saludo porque no quiero saludarte. Esta variable presenta muchas subdivisiones.

2a) No quiero saludarte porque tuvimos un pasado precioso que no quiero que me jodas con el presente. Voy a hacer un esfuerzo sobrehumano por olvidar que te he vislumbrado en este momento para seguir manteniéndote en el recuerdo idílico y precioso.

2b) No quiero saludarte porque me caes mal. Lo siento pero no sirvo para la farsa social, si me caes mal y no es obligatorio que te salude, no voy a saludarte. Seré educada si por trabajo, compromiso social o choque frontal tengo que saludarte, pero nada más. Me caes mal, seamos sinceros. ahorrémonos las formalidades.

2c) No quiero saludarte porque tuvimos un pasado horrible. ¿Hay posibilidad de que el presente sea maravilloso? Pues sí pero sinceramente con nuestros antecedentes...mejor no arriesgarnos.

Estas situaciones se aplican igual a amigas del colegio, excompañeros de curro, de gimnasio, de curso, de viaje, amantes, novios, ligues...lo que sea.

3.- No te saludo porque aunque me caes bien voy con alguien que no quiero que veas. Tengo una vida que a lo mejor no quiero que conozcas, o que es complicada y no quiero tener que ponerme a explicarte o que no quiero explicarte y ver en tu cara la expresión de ¿qué me estás contando?

4.- No te saludo porque vas con alguien que sé que no quieres que vea. Y puede ser tu madre. 

5.- No te saludo porque me caes bien pero vas con alguien que no quiero saludar por cualquiera de los motivos del punto 2.

6.- No te saludo porque ninguno de los dos deberíamos estar aquí y los sabemos. Y no, no hablo de “eso” que estáis pensando....hablo de cualquier cosa.

7.- No te saludo porque me aterra que no sepas quien soy. Me caes bien.  Me encantaría saludarte pero sospecho que no tienes ni idea de quién soy y prefiero vivir en mi país de luz y color donde no sólo sabes quien soy sino que me recuerdas con cariño y estabas deseando volver a encontrarte conmigo. Si me caes fenomenal puede que incluso en mi mundo de luz y color imagine que les hablarás de mí a tus nietecitos o a tus colegas en la residencia “Bellasvistas”.

8.- No te saludo porque sé que tú no quieres saludarme. Tengo la certeza absoluta de que me has visto, sabes quién soy y sabes de qué me conoces...y se que no quieres saludarme. ¿para qué iba a querer acercarme yo? ¿Por maldad? Sí, ese es un buen motivo...pero no lo suficientemente bueno. Lo mismo eres un as y me conoces tanto que sabes que lo que más me jodería es que al acercarme fingieras no conocerme y entonces entraríamos en una espiral absurda que mejor nos ahorramos. Te ignoro.

Ser asocialmente absurda es muy complicado y genera mucho stress. Voy paseando parapetada detrás de mis gafas de sol alerta a cualquier posible conocido que entre en mi órbita  para  poder evitar encontronazos...pero por experiencia sé que donde menos te lo esperas, saltas la liebre, la excompañera de colegio, una exprofesora, un exligue, una amiga de tu madre o alguien que te odia.


Eso sí, por experiencia os digo que el mejor sitio para esconderse de alguien a quien no quieres saludar es la sección de baterías de coche de un supermercado...No preguntéis.  


lunes, 28 de abril de 2014

Más detalles: Torturismo.

Molimadre está mejor. 

Tras mi momento de sensibilidad extrema que sospecho que ella no ha leído, todo ha vuelto a su ser. No sé si habrá sido el destino, el cosmos, el horóscopo o una convivencia continuada de 96 horas...pero volvemos a dónde estábamos antes. 

Unas cuantas perlas sobre nuestra relación, para que no penséis que somos una peli americana. 

Viernes, todooo el día en el hospital, las dos solas. 

- Ya estoy aquí.
- Ah bien, hoy estás muy mona. 
- ¿Ayer no lo estaba?
- Bueno...no me acuerdo. 

****

Molimadre duerme. Lleo. Duerme mucho. Leo muchísimo. 

- ¿Ya te has despertado? ¿Damos un paseo?
- No estaba durmiendo.
- Mamá, has roncado.
- ¿Roncar? ¿Yo? Siempre eres tan exagerada...
- Mamá...te juro que has roncado.
- Imposible. 

****

- Mamá, me voy a ir ya...en media hora viene Molihermana, pero yo me tengo que ir porque no llego a recoger a las niñas.
- No te preocupes, estoy bien. Me quedo aquí sentada leyendo. Vete sin problemas.
- ¿Seguro que no te importa? ¿necesitas algo?
- Nada, nada. Vete. 

Me voy a Los Molinos con las princesas. Suena el teléfono. 

- ¿Has conseguido entrar en casa?
- Mamá, estamos hablando por el fijo...¿tú que crees?
- Ay hija, no sé...cómo eres tan torpe con las llaves y las puertas. 
- Tu confianza en mi me abruma...¿qué tal la tarde?
- Pues vino tu hermana al rato de irte tú y me echó la bronca porque había ido al baño sola. 
- Joder mamá, pues claro...es que eres la leche. ¿No podías esperar?
- Tenía que ir al baño y como me habías dejado sola.
- Joder, pero si te pregunté si necesitabas algo.
- En ese momento no necesitaba ir.
- Mamá, ¡eran 20 minutos! 
- Te estás poniendo insoportable....relájate anda. 

****

Sábado por la mañana. El grupo de "Molihermanos" de wasap está onfire organizando la salida de Molimadre del hospital. 

- Pobrehermano, ¿qué tal ha pasado la noche?
- Ella muy bien. Yo regular.
- ¿Qué ha pasado?
- Que ha roncado como un gorila. 
- Ja. 

******

Sábado tarde. Las visitas vienen y van. Yo voy y vengo también. Café, pastas, chocolates. Princesas. El médico de Molimadre viene y se organiza una sesión de ordenador para ver las radiografías y las fotos de la operación con detalladas explicaciones del médico. Yo paso mucho del tema. 

- Moli, ¿no quieres ver esto?
- No mamá, ya estás operada, es lo que tú querías y ya está. Que te recuperes pronto es lo único que me importa.- Respuesta para ganar el Premio Nobel de Hijismo.
- Pues resulta que no me han hecho lo que yo pensaba.
- ¿te has operado de algo sin saber qué te hacían? Dime que por lo menos era esa pierna. 
- A ver...no es eso....
- Mamá, sí es eso. Tu médico ha explicado una operación que no tiene nada que ver con lo que tú nos habías contado. O tu médico miente, cosa que dudo o tú nos has contado lo que has querido.- interviene la voz de sabiduría suprema de Molihermana. 

- Pobre Tito Vilanova...que pena y que mal rollo me ha dado.
- A mí me operaron hace mil años de la glándula parótida porque tenía un bulto.
- Bueno mamá...eso te crees tú, visto lo visto de como te enteras de tus operaciones lo mismo lo que te hicieron fue quitarte las amígdalas.- Tras ganar el Premio Nobel me despeño hacia el huerfanismo a la velocidad de la luz y consigo quedar fuera del testamento en un nanosegundo.
- ¡te voy a pegar con la muleta! ¡lo que tengo que aguantar!
- Mamá, se han reído todos...me lo has dejado a huevo. Me apuesto lo que quieras a que Molihermana también ha pensado el chiste. 
- Jajajaja...sí, yo lo he pensado...pero me he callado a tiempo. 
- Voy a ir a por "el palo de las arañas para pegarte".
- ¿Corriendo? ¿Al sprint?.- me vengo arriba en mi venganza, estoy ya fuera de control. 
- Pero qué graciosita eres...qué graciosita. 

*****

- Mamá, te dejo aquí acostada. Cualquier cosa que necesite, me mandas un wasap y bajo de mi cuarto. Cualquier cosa, no te levantes sola ni hagas bobadas.
- No, no...tranquila.

Subo. Me pongo el pijama. Me acuesto. Abro el libro. 

"Baja". 

Bajo, la ayudo a levantarse. Se vuelve a acostar. Subo. Me acuesto. No pongo el movil en silencio y duermo con él en la oreja porque me da pánico que me llame y no enterarme....su venganza podría ser terrible. Por supuesto, no pego ojo. 

A las 9 de la mañana me levanto. 

- Mamá, ¿Qué tal noche has pasado?
- INFERNAL.
- ¿Infernal? Y ¿por qué no me has avisado? ¿por qué no nos has llamado?
- ¿qué ibas a hacer? ¿arreglarme los cojines? 
- Pues no lo sé, lo que hiciera falta...
- Ya bueno...yo no quería molestar pero he pasado una noche horrible y estoy fatal e incomodísima....
- Joder mamá, no me lo eches en cara ahora, tenías que habernos avisado. 
- Si claro y que luego te vayas por ahí quejando de lo mala madre que soy. Y te hagas la víctima. 
- ¿Quién se está haciendo la víctima hora? Había pensado hacer calabacines y champiñones salteados para acompañar la carne. 
- ya....
- Ya ¿qué? ¡no te parece bien?
- No bueno, yo no digo nada. Estoy aquí sin poder hacer nada, pero ¿por qué no haces mejor calabacines rellenos de gambas?
- Pero ¿no decías que no decías nada? ¿Quieres calabacines rellenos de gambas? Pues dilo. 
- No se te puede decir nada. 

Confieso que huí, dejando los calabacines a la mitad. Abandoné a Molihermana cocinando mientras Molimadre le daba instrucciones sentada en la cocina con la pierna en alto. Soy ruin pero no podía más. 

Lo último que escuché ayer al salir por la puerta fue..."Ay tu pobrehermano...la lata que le estoy dando". 

En fin, todo va viento en popa a toda vela hacia los niveles acostumbrado de "torturismo" entre nosotras.

(Ja. Si tenía alguna oportunidad de heredar algo...con este post acabo de eliminarla).

viernes, 25 de abril de 2014

Los detalles.

Voy conduciendo y pensando dónde estaba hace un año. 

El 23 de abril de 2013, pasé la tarde en la Librería Gaztambide firmando libros. Fue una gran día  y allí estabas. Como siempre, llegaste tarde, con unos afte eight de regalo y diciéndole a todo el mundo que sabías que yo estaba atacada de los nervios. Estabas feliz, aunque no dijeras nada y mucho más nerviosa que yo. Te vi, lo sentí, nos emocionamos y no dijimos nada porque somos muy del Sr. Lobo. 

Este año voy camino  del hospital. Llevo a las princesas. Estás bien, no te vas a morir ni estás enferma. Te han operado porque de alguna manera absurda y que no consigo entender, has decidido que necesitas una prótesis de cadera para poder seguir haciendo “vida normal”. Lo que tú consideras vida normal con casi 70 palos: subir el Aneto una vez cada dos años, esquiar, hacer parapente, montar en bici, raquetas en la nieve, conducir 7 horas...y un millón de cosas más. 

Se que no es grave, se que estás bien. Dolorida y quejándote porque eres una enferma fatal, pareces un hombre en eso, pero todo ha salido perfecto. 

Se me escapan dos lágrimas. Me siento boba. 

Pienso como una adulta, como una tía razonable y me digo que estoy siendo sensiblera e idiota, que no te va a pasar nada....y luego pienso que te pasará, más pronto que tarde, te pasará lo inevitable. 

Conduzco y recuerdo el momento exacto en que pensé que en algún momento no estarías, dejarías de estar. 

Fue hace 13 años, vivía en mi casa de la calle Viriato y no lo estaba pasando bien. De hecho, lo estaba pasando tan mal que decidiste venir a “espabilarme”. Nunca has sido de consolar, eres más de espabilar. Mientras esperaba a que llegaras, pululaba y en un determinado momento  me senté en el banco -alfeizar de la enorme ventana de madera gris que daba al jardín delantero de aquella casa. Me sentía morir y entonces te ví aparecer por la calle, tranquila, caminando con tu gabardina gris y tu bolso. Llovía un poco. Apareciste por el lado derecho y te miré mientras llegabas al telefonillo del jardín. Y en ese momento, pensé “algún día no estará y no la veré nunca jamás”. Fui dolorosamente consciente de ello y lloré por una ausencia que todavía no era. 

Me recompuse antes de que subieras y luego discutimos por alguna majadería como mi absurda colocación de los muebles, el orden de los armarios de la cocina o mi ropa. 

Hoy, mientras voy al hospital soy otra vez consciente de esa ausencia que no es, que no ha llegado todavía y pienso tonterías. Pienso en quién se pondrá la horrible y viejísima bata de cuadros que usas en Los Molinos en invierno. Pienso en si seré capaz de encontrar las sábanas bajeras que se ajustan a la cama de mi cuarto en ese maravilloso armario de ropa blanco que tienes y que sólo tú entiendes. Pienso en quién hará torrijas en Semana Santa y lo que es peor la pularda rellena en Navidad. Pienso en que la nevera estará ordenada y sin tupers sorpresa. Pienso en que tendré que aprender a coser algo o llevar los dobladillos grapados. Pienso en que nadie me dirá “tú no lo sabes, pero eres guapa porque tienes un brillo especial en los ojos” (apuesto a que no te acuerdas de esto, fue un extraño momento de amor entre nosotras). Pienso en que nadie me sacará de quicio hasta hacerme llorar. Pienso que las princesas ya no tendrán a su “abu”. Pienso en que tu cuarto se quedará vacío, en la increíble cantidad de cosas que tienes guardadas y que sólo tú eres capaz de encontrar en ese caos clasificatorio en el que vives y que sólo entiendes tú. Pienso en que ya no habrá nadie que me diga con superioridad “Ja, ves como tenía razón al guardar esto en 1987”. Pienso en quién me dirá “Eso no tiene gracia”. Pienso en que ya no veré esa cara de “qué graciosita te crees y qué poquita gracia me haces”. Ni la de “eres una listilla”. Pienso en quién sacará cada Navidad las cajas de adornos con cosas guardadas desde hace 60 años, pienso que yo no seré capaz ni de encontrar esas cajas.  Pienso en que ya no podré quejarme de no ser la favorita...ni de ser la primera opción para tirar de la avioneta. Pienso en que ya no te oiré jamás decir “bueno, hoy no vas mal vestida”. Pienso en cómo lloraré a moco tendido cuando abra un cajón y haya dos millones de cajas cada una llena de botones de un determinado color. Pienso en que nadie me acariciará la cabeza y me dirá “sé que te pasa algo...no quieres contármelo pero dime que estarás bien”. Ya no seré la princesa de nadie. Pienso que Pobrehermano Mayor ya no será el favorito. Ya no habrá violetas en casa ni golosinas del Lidl escondidas para que no nos las comamos. Pienso que ya nadie hará cocido y me dirá “se que no te gusta pero a tus hermanos les encanta”. No escucharé más historias que empiecen por “Tu pobrehermano”. 

Todo esto son bobadas, pero yo ya sé que que las bobadas se hacen enormes y  son lo importante,  lo más importante. Son las cosas que me dolerán. No será la pena, ni la ausencia...serán esas tonterías. 

Pienso en quién se sentará en tu sitio en la mesa de la cocina, usará tu servilletero y se encargará de ese millón de detalles que sólo tú ves y que se que se perderán aunque intente aferrarlos. 

No me hagas esto y diga lo que diga Pobrehermano Mayor, aférrate a la vida. 

Y que sepas que te prohibo que vuelvas a operarte de nada, ni siquiera de un uñero. 


miércoles, 23 de abril de 2014

Leer te cambia la vida.


Tienes dos años y tu madre acaba de acomodarte en el “corralito”. Te deja allí sentada, con tu vestidito blanco, al sol de marzo que entra por la terraza y entre todos los juguetes que deja a tu alrededor para entretenerte, no se sabe si a propósito o por descuido, deja un catálogo, una revista de brillantes páginas de colores. Se va a atender a tu hermano de un año y cuando vuelve al cabo de un rato alertada por la falta de ruido, te encuentra sentada con la revista en las piernas, pasando las páginas hacia delante y hacia atrás.

Estás en la guardería, llevas un pichi gris. Polo, jersey y calcetines rojos. “Sit down in the yellow line”. Unas cartas maravillosas, mágicas, aparecen en las manos de tu profesora. “Mi mamá me mima. Yo mimo a mi mamá”. Estás harta de esas frases y quieres pasar a las siguientes, quieres ver el resto de las cartas, aprender el resto del juego para poder conocer todas las letras, saber todas las palabras.

Estás en casa de tus abuelos, en la pared hay cuadros de caballos, crees que pintados por una de las hermanas de tu abuela que era una maravillosa pintora. Tus tíos se afanan en conseguir que lo logres. Te sientan en medio de la habitación, se ponen muy serios.

- Repite despacio. Ca
- Ca.
- Ba.
- Ba.
-Llo.
- Llo.
- ¡Bien! Ahora seguido caballo.
- Callabo.
- Vamos Moli...con lo bien que lees..¿no lo ves aquí escrito?
-Callabo.

Tienes 7 años, es tu cumpleaños y tu madre te regala el primer libro que le regalaron a ella. “Celia lo que dice”. Un libro de mayores. Lo coges y lo devoras, ese y toda la colección. Nunca te gustó Celia, no se parece a ti, no tiene nada que ver contigo. Tu eres responsable, preocupona y nada traviesa...pero eso da igual, te encantan sus libros. Lees Los Cinco, y los Hollister, y elige tu propia aventura y todos los Asterix.

Tienes 9 años. Lees tan bien que te eligen para hacer de narrador de El Gato con Botas. Tu madre te hace un chaleco, un sombrero y unas calzas de tela de sofá. Pareces un juglar y te da mucha vergüenza pero lo haces fenomenal. Tus padres compran una casa nueva en Los Molinos, la primera noche estás tan fuera de lugar y tan asustada porque entren bichos por la ventana que la pasas leyendo todos los cuentos que los anteriores inquilinos han dejado en la casa.  Alguien te regala Konrad el niño que salió de una lata de conserva”.

Tienes 12 años y tu madre harta de que la acoses con “no tengo nada que leer” te da una novela vieja, viejísima, con el papel marrón áspero. Un papel que no  has visto nunca y no se parece al de tus otros libros, “Río Perdido” de Zane Grey. El oeste, vaqueros, indios, vacas, ganaderos malvados, damiselas e historias de amor. Leiste todos los que había en casa de tus abuelos, la estantería completa uno detrás de otro.

Lees compulsivamente, a cualquier hora en cualquier sitio. Quieres leerlo todo, así que vas a las estantería de tu casa y como ya tienes 15 años no preguntas. Vas cogiendo aleatoriamente o eso te crees tú, todavía no sabes que los libros te eligen. Lees “El amante de Lady Chaterley”, “Cien años de soledad”, “Conversación en la catedral”, "Guerra y Paz", "Éxodo", "La colmena,  la serie completa de “Los Reyes Malditos”, los “Episodios Nacionales contemporáneos”. Lo lees todo.

Tienes 21 años y le regalas a tu hermano pequeño “Konrad el niño que salió de una lata de conservas” y le escribes una dedicatoria.

Tienes 24 años, lees y empiezas a apuntar los libros que lees en un cuaderno que acarreas a todos lados. Sólo los títulos. En la última página escribes los libros que te gustaría leer. No lo haces con orden y muchas veces olvidas hacerlo. No es sistemático.

Tienes 28 años. Le regalas al Ingeniero todos los libros que has ido leyendo en tu vida y que crees que le gustarán. La mayoría de ellos le gustan.

Tienes 32 años, una casa nueva, y dos hijas. Un día de diciembre, sin pensarlo, siguiendo un impulso compras un precioso cuaderno rayado con una ilustración japonesa con el firme propósito de a partir de enero empezar a  llevar un registro exhaustivo de lo que lees. En enero de 2006, con tu caligrafía de colegio de monjas e intentando no tachar, lo empiezas con un libro de Wallander.  Ese mismo año, coges tu ejemplar de “Todo cuanto amé” y te plantas a que Siri Hustdvedt te lo dedique ante la atónita mirada de Pedro Almodóvar, ni siquiera sabes cómo eres capaz de articular palabra.

Tienes 33 años, te vas de viaje a Berlín pero por listos perdéis el avión. Volvéis a Madrid a hacer tiempo y en un mercadillo de libros usados, El Ingeniero decide comprar “Berlín. La caída: 1945” para leer algo sobre la ciudad a la que váis a intentar llegar en otro avión por la tarde. Llegaís y te enamoras de la ciudad. Al volver, sólo quieres leer cosas sobre Berlín...lo lees todo, lo que sea sobre Berlín y la II Guerra Mundial: Stalingrado, ,Berlín. La caída: 1945, Stalingrado (Biblioteca Antony Beevor), Una mujer en Berlín ...todo. 

Tienes 36 años y tienes un blog desde hace un año. En un rapto de inspiración te das cuenta de que los libros que has leído en enero y febrero estaban extrañamente “encadenados”, en cada uno has encontrado algo: un nombre, un lugar, una situación o una sensación que lo enganchaba con el anterior y decides empezar a escribir sobre lo que lees en el blog y lo llamas “Libros encadenados”

Tienes 37 años y charlas con P sobre libros y la II Guerra Mundial. “Moli, tienes que leer Maus”. Lo apuntas en tu lista de libros que quieres leer. Al acercarse tu cumpleaños, Juan te llama y te pregunta qué quieres. “Quiero que me regales Maus”.  

Tienes 38 años, lees Maus  pocos días después de tu cumpleaños. Fascinada, impresionada y cautivada. Te encanta. Escribes sobre él en  tu cuaderno el 23 de febrero de 2011.  Al terminar el mes, escribes tus libros encadenadoscon una entusiasta recomendación para que todo el mundo lo lea. Hablas sin cesar de Maus, lo recomiendas, lo regalas, lo relees.

Alguien lee tu recomendación. Alguien que no te conoce y que tú ni siquiera sabes que existe decide conocerte porque has leído Maus y has escrito sobre ello.

“...por qué no lo leía y por qué empecé a leerlo”...pone en el mail de ese alguien. 


Sentada en tu mesa de comedor, en pijama, con tu pluma y tu cuaderno japonés,  no lo sabías...pero ese día leer te cambió la vida.  

lunes, 21 de abril de 2014

Vacaciones al sol


Tras 15 años, he pasado la Semana Santa en Los Molinos. 

Excepto para trabajar, he ido todo el día con unos vaqueros rotos (2 pares distintos), uno de los cuales se me caen y según Pobrehermano Mayor "te están fatal", pero a mí me encantan. 

He dormido bastante y lo mejor es que cuando me he despertado, he abierto la ventana, he cogido el libro y he seguido en la cama. He merendado crepes y M, comió las primeras crepes de su vida y le encantaron, un nuevo campo de alimentación para ella se abre ante mi: crepes con todo.  

Aperitivos en la cantina. Como si tuviéramos 60 años. Sentados al sol con el tinto de verano y la tapa correspondiente, viendo pasar los trenes, arreglando el mundo y comentando el Hola. "Moli, ver contigo el Hola es otra dimensión". 

Aperitivos que pasan a ser comidas, y luego meriendas hipercalóricas  con GT y te descojonan todos los planes de ser responsable que te habías planteado pero que te hacen llegar a casa a las 11 de la noche más feliz que una perdiz y pensando que eres una chica con muchísima suerte. 

He discutido sobre por qué odio los tangas y me han sugerido que me deje el pelo largo como "algo radical que puedes hacer ahora". Por supuesto, no pienso hacer eso: ni llevar tanga ni dejarme el pelo largo. 

He visto "Almosf famous" y me he enamorado de Billy Crudup. He leido tirada en la hamaca a David Foster Wallace y he sentido como literalmente me arrasaba, es como una apisonadora. Me he embarcado en un viaje por América con Steinbeck y su perro. He pensado que me encantaría hacer un viaje largo en coche y poder contarlo luego....siempre hacia el norte, nunca hacia el sur. 

He comido chocolate blanco con cornflakes, leche condensada y pipas caducadas por encima de mis posibilidades. He nadado 10 km en 5 días y tengo una contractura en la espalda también muy por encima  de mis posibilidades. 

He descubierto que mis hijas manejan el lenguaje muy bien y con mucho peligro. 

- Mamá, ¿qué significa lazy?
- Lazy es vago, perezoso.
- ¿Yo soy lazy?
- ¿Tu qué crees?
- ¿Eso es sarcasmo? 

El Roto es mi nuevo sitio favorito en Los Molinos. Está precioso y fue un paseo genial. Nos falta ir con bocadillos a pasar el día. Amor de princesas y PAGS.

He discutido sobre qué haría si me tocaran 100 millones de euros, a quién se lo contaría y qué haría después. Lo tengo clarísimo. Se lo diría a mi familia, mis mejores amigos y luego me compraría un vestido con muchísimo vuelo y un corpiño y bajaría la escalera de los libros de colores diciendo: A dios pongo por testigo que en mi vida volveré a poner un pie en Mordor.  He descubierto que Pobrehermano Mayor si le tocaran a él me compraría un puesto de chuches en Los Molinos para que me sacara unas perrillas. Sin comentarios. 

He hecho leña fina, he quitado malas hierbas, he pulverizado herbicida y he montado en bici. He hecho compañía a Juan mientras hacía de handy man (¿Qué opinamos de los tíos con peto?) en su casa cribando arena en una tarea completamente absurda pero que le pega todo. Mientras él cribaba yo hablaba de Steinbeck. 

He escrito mails torrente y ni un solo post pero se me han ocurrido mil ideas. Castillos en el aire. Viajes. Planes. 

Y por fin, han salido las lilas.



martes, 15 de abril de 2014

Ensayo sobre el bañador.


Para ir a nadar hay que tener siempre en mente la regla de los 5 dedos: bañador, toalla, chanclas, gafas y gorro.

Son las cinco cosas imprescindibles para ir a nadar. Bueno, imprescindible imprescindible sólo hay una.

Puedes probar a nadar sin gafas y cerrar los ojos confiando en no salir cegado por el cloro, puedes secarte con tu ropa interior o al aire contoneándote debajo de los secadores esos del demonio, puedes intentar nadar sin gorro un par de largos antes de que te llamen la atención y puedes ir sin chanclas rezando para no pillar ningún hongo...pero NO puedes nadar sin bañador.

El bañador es por tanto lo más importante, lo fundamental y sin embargo se le suele prestar poca atención hasta que se tiene la epifanía, hasta que se alcanza la sabiduría suprema. Para que nos hagamos una idea de lo que hablo, el bañador es tan importante como las zapatillas para correr...o más. Sí, más.

El camino que lleva a esa sabiduría es sin embargo largo.

Cuando uno decide empezar a nadar, lo normal es que opte por una inversión mínima. No se sabe cuánto te va a durar la Fuerza de Voluntad, el dinero o las condiciones espacio temporales para ello, así que se opta por coger lo que se tiene por casa.

En el escalón más bajo de esta escalada está el bikini de tiras.

Es alucinante pero hay gente (mujeres, obviamente) que van a nadar a piscinas olímpicas con bikinis de triángulo, cordelito y mínima expresión de tela. Entiendo que es posible que no tengan otra cosa por su casa pero ¿en qué cabeza cabe creer que vas a poder nadar con eso? Es materialmente imposible nadar como Dios manda con esos bikinis. Descubres que lo que haces en la playa con esos bikinis es chapotear...y no se parece en nada a dar brazadas contundentes que te hagan avanzar. Pierdes aliento, fuerzas y los nervios viendo como vas perdiendo la braga y como tus pechos (los de quien sean y aunque sean mínimos) parecen tener vida propia y salirse por todos lados. Además, es inevitable que las gomas se abran y hagas resistencia. Nadar con uno de esos bikinis es como intentar chuscar con un mono de esquiar puesto. Lo intentas, te calientas y te frustras.

Un escalón por encima está el bañador de playa para él y para ella.  Para él suele ser un bañador tipo bermuda de colores brillantes, de muslo ancho y que se ata con cordel. Para ella, un traje de baño completo muy mono, con sus tirantes, su espalda al aire, sus adornitos y su estampado.

Estos tampoco sirven para nadar bien.

Él descubre que esas bermudas tan cómodas para hacer el idiota en la piscina o coger olas, para ir por la playa con el dinero para la caña, el móvil y las llaves, son una trampa mortal para nadar. Se inflan, se arrugan, se pegan a las piernas....rozan. Rozan mucho y escuecen. Él, siempre competitivo, se ve frenado en su impulso natatorio por esa especie de bolsa multicolor que lleva atada a la cintura. Se ve frenado bien porque hace resistencia o porque descubre que el cordelito que tan orgullosamente se ha atado, inexplicablemente se afloja y va perdiendo el bañador. Tiene dos opciones, parar y hacerse un nudo tan fuerte que la posibilidad de quedarse sin circulación de cintura para abajo sea un hecho o nadar sujetándose el bañador cada 3 brazadas.

Ella descubre que el bañador es una mejora considerable con respecto al bikini absurdo, pero aquel atuendo ideal en la playa o en la toalla tampoco sirve para nadar. Tiene mucho escote o la ingle demasiado baja o demasiado prieta, el tejido hace bolsas que se llenan de agua haciendo resistencia, los tirantes se deslizan y aunque intente obviar los síntomas sabe que llegará al final del largo con una teta (o las dos) descolocada y libre.

Estos atuendos son como chuscar con los vaqueros puestos.

Avanzando un escalón más está la visita a Decathlon a comprar un bañador "para nadar". Obviamente se opta por algo barato que parezca bueno, que tenga pinta de que al ponértelo va a parecer que sabes lo que haces. Con tu bañador Tribord vuelves a tu piscina más feliz que una perdiz. Te lo pones en el vestuario y te sientes bien. Tu bañador es nuevo, nadie te va a confundir con un principiante que trae su bañador con arena de playa y brillas.

¿Brillas? Aquí es donde está el fallo.  Pronto vas a descubrir el horror de esos bañadores "baratos que parecen buenos". Son de "lycra de puticlub", de purpurina, del material de las diademas de los chinos.

Brillan y aprietan pero NO sujetan. Esos bañadores, tanto para él como para ella, son como ir en bolas pero untado de aceite brillante.  Se pegan. Brillas y vas marcando hasta la cicatriz del cordón umbilical. Se te ve todo, de un negro brillante y lustroso. Literalmente pareces una foca lustrosa (da igual que peses 50 kilos)...toda tu piel brilla embutida en ese tejido que resulta que tampoco sujeta dentro del agua. Todo lo que sobresale, sobresale más. En el vestuario, al desnudarte, descubres además que ese tejido se queda como baba mojada después y que al cabo de unos cuantos usos (muy pocos) es baba mojada transparente. Se me olvidaba decir que en el caso de ellos, estos bañadores son siempre demasiado cortos, como pantaloncitos cortos, negros, pegados...y brillantes. Y sí, a ellos también se les marca todo.

Este atuendo es chuscar con ropa interior...una mejora pero igual de frustrante y muy muy poco digno.

Cuando ya estás desesperado y resignado a intentar disfrutar del baño con lo que sea, aunque sea a costa de tu dignidad estilística, un día decides hacer un dispendio y te compras un bañador BUENO. Uno que cuesta pasta, uno caro con una etiqueta más larga que tu brazo y de marca. Un día es un día...y total, llevas la toalla corporativa de tu empresa y una mochila de Bob Esponja así que puedes gastarte dinero en un bañador.

(El de ellas es negro o azulón (siempre) y con espalda alta. El de ellos es negro (siempre) y les llega hasta casi la rodilla.)

Una pasta. Te sientes culpable, piensas que te lo mereces, te sientes culpable, piensas que te lo mereces, te sientes culpable...te lo pones en el vestuario y lloras de emoción. Efectivamente, es como ponía en la etiqueta "una segunda piel", pero no de foca lustrosa o de prostituta de los años 80. No, es una segunda piel suave y recia. Eso es, recia. Todo encaja, todo se sujeta y joder...hasta pareces más alto y más esbelto.

No te confías, ya sabes que en el agua todo se encoge y es allí dónde fracasaste en las anteriores etapas natatorias. Pero no. El bañador segunda piel es maravilloso, al mojarse no se adhiere a tu cuerpo como un plástico baboso, sencillamente se acopla a tu cuerpo, sujeta todo con la debida tensión pero permitiéndote moverte con libertad y despreocuparte de que nada se salga de su sitio.

Estás cómodo, te deslizas sin preocupaciones y sabes que por fin has alcanzado el nirvana natatorio.

La prueba definitiva para saber si por fin ya tienes ¡el bañador de tu vida! es que al salir, te da pena quitártelo...estás tan cómodo y te sienta tan bien que te quedarías a vivir en él.

Y sí, esos bañadores son como chuscar como se debe: son fuegos artificiales con la pareja perfecta.




domingo, 13 de abril de 2014

Leer y olvidar.

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¿Has leído "La Regenta"? ¿Has leído "Crimen y Castigo"? ¿Has leído el último de Paul Auster? ¿Y el de Vargas Llosa? ¿Leíste cuando eras joven “El Guardian entre el centeno”, “Mujercitas” o “El Señor de los Anillos”?

Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas o alguna parecida que incluya el título de un libro es No, la consecuencia será que la lista de “libros pendientes”, “libros que debería leer” o “libros que me apetece leer”... se verá aumentada. Es una lista que no termina nunca, por cada título que sale de ella, suelen entrar 2 o 3 como mínimo. Si además estás suscrito a varios blogs de libros en la red, sigues cuentas de editoriales en twitter, te dejas aconsejar por tu librero y tienes un amigo lector de confianza.. .tu lista será interminable, casi infinita. Darte cuenta de que jamás vas a tener tiempo suficiente para leer todo lo que quieres marca un punto en tu pasión lectora, un punto terrorífico... pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión.

¿Qué pasa cuando contestamos que sí hemos leído un libro, cuando recordamos haberlo leído?

El siguiente paso es tratar de recordar ese libro. Sabes que lo has leído, recuerdas dónde transcurría la trama, recuerdas vagamente algún personaje y puedes decir algo como “sí, iba de una mujer que se enamora de un sacerdote en una ciudad que es Oviedo pero no lo dicen” o “Sí, va de un joven que pasea por Nueva York”. Pero... realmente, ¿cuánto recuerdas por tu lectura y cuánto crees que recuerdas por artículos, impresiones o citas que has leído después?

¿Qué más puedes contar del libro que sí has leído?

Intentar recordar un libro es hacer un ejercicio de memoria que activa algo más que nuestro recuerdo de lo escrito, recordar un libro es más que recoger el eco de la historia, la trama y los personajes.

Al intentar recordar un libro, primero “lo vemos”. Recordamos cómo era el ejemplar que leímos. Si era muy grueso, si por el contrario era fino, si formaba parte de una colección o si era un ejemplar suelto. 

Es posible que sepamos si nos lo prestaron, nos lo regalaron, lo sacamos de la biblioteca, lo compramos o lo heredamos de nuestros padres.

“Vemos” su portada. Sabemos de qué color era y muy vagamente tendremos una visión de la ilustración que había en la cubierta. Es curioso, he comprobado que raramente nos fijamos bien en esa ilustración. Casi nadie recuerda qué era exactamente la imagen de la portada, es más una sensación de colores o de estados de ánimos que una imagen nítida: “era azul”, “era de noche”, “había un campo, unos zapatos, un barco”. Y esto ocurre incluso mientras estamos leyendo el libro.

Después, no siempre, somos capaces de vernos a nosotros mismos con ese libro. Sabemos dónde lo leímos: en el metro yendo al trabajo, en unas vacaciones en la playa, en el colegio por obligación, durante una convalecencia, durante noches y noches sin dormir porque te tenía atrapado o durante días y días de no avanzar porque te quedaste atascado.

A pesar de que trae a primer plano todas esas impresiones sensoriales, es posible que la historia del libro flote en un limbo en tu memoria. Sabes que lo has leído, sabes cómo era el libro, sabes dónde lo leíste, puede que incluso sepas en qué lugar de tu estantería está colocado... pero no sabes qué te hizo sentir, ni qué pensaste, ni siquiera sabes si te gustó mucho o poco.

Sólo algunos libros consiguen mantenerse en tu memoria indelebles y encender todos tus recuerdos. 

Nunca sabes qué libros serán ni por qué. No tienen porqué ser los grandes clásicos, ni obras maestras, ni libros conocidos, ni la última novedad.

Los libros que recuerdas y que te dejan huella son siempre especiales, son como enamorarse.

Uno olvida un ligue, un rollo de una noche, una relación que fue más risas que otra cosa, pero un enamoramiento no se olvida. Se recuerda siempre, se recuerda el objeto del enamoramiento y las sensaciones que nos producía.

O no.

A la pregunta de ¿Has leído tal? Puedes contestar que No, puedes poner ese libro en tu lista, comprarlo, conseguirlo, que llegue a tus manos... empezarlo y darte cuenta que sí lo has leído, que ya lo habías leído. Puedes darte cuenta al comenzar o cuando lleves unas cuantas páginas...”cómo me suena esto... hasta que llegas a un punto que dices “yo a ti te conozco” y de golpe, sin previo aviso... todo lo que no habías sido capaz de recordar, porque ni siquiera sabías que tenías recuerdos sobre ello, se agolpa en tu cabeza. Como una película: la historia, la trama, los personajes, el ejemplar que leíste, quién eras tú cuando lo leíste por primera vez, dónde estabas....y lo que es peor... cómo te gustó.

WhenYouAreGone-blog
 Y te sientes fatal. Te sientes fatal por haberlo olvidado, por haberlo borrado de tu mente, por ni siquiera ser consciente de que lo habías olvidado.

Ese libro te gustó, te encantó, ahora lo reconoces, ves cada cosa que te gustó de él, tropiezas con las frases que te engancharon en su momento y ¿lo has olvidado? ¿Un amor así y lo has olvidado?

Te quedas perplejo y piensas: ¿cuántos libros más he olvidado? Miras tu estantería, recorres los lomos, ves los títulos y piensas...¿Cuánto os recuerdo?

Y es que aunque creas que no, leer es olvidar. 

Sólo la relectura o los encuentros imprevistos con antiguos “amores” libros... te harán recordar lo ya leído o ser consciente de lo que has olvidado.

La relectura también tiene sus problemas... pero también es otra historia que será contada en otra ocasión.

Post inspirado por este artículo de The New Yorker. “The curse of reading and forgetting” y publicado en Pisandocharcos.

viernes, 11 de abril de 2014

Pintadas de mi vida.



"Remember our names we love this game". Una pintada gigante en un paso elevado que cruzo todos los días dos veces para ir y venir a Mordor. Son letras gigante, más altas como yo (vale, sí, eso no las hace gigantes) silueteadas en negro y rellenadas en blanco sucio. A lo mejor no era sucio en su momento pero se ve así. Al final de la pintada hay un muñecajo horroroso que estoy convencida que incluso yo podría haber pintado, aunque jamás en mi vida he manejado un spray de esos de pintar paredes y cuando me pongo a pintar normalmente hago caracoles.

"Remember our names we love this game". ¿Qué significa? ¿Quién ha ido hasta ese paso elevado en una autopista alejada del centro y de cualquier núcleo de población para poner eso? "Acuérdate de nuestros nombres, nos gusta este juego" ¿Por qué no están los nombres? ¿Cómo voy a recordarlos? O ¿sois vosotros los que un día de juerga, de pedo, un día de "a que no hay huevos" fuisteis por la noche hasta ese sitio en el fin del mundo a escribir eso y fue una especie de recordatorio para el futuro? ¿os acordáis? ¿Pasáis todos los días como yo, veis vuestra pintada y pensáis en por qué lo hicisteis? ¿Qué juego?

"El kiko les desea el doble de lo que ustedes a él" pone en la lona del camión que cada dos días adelanto de camino a Mordor. Letras amarillas sobre fondo azul.  Me fascina este rótulo. No sé que pinta tiene "El kiko" porque cuando le adelanto no puede mirarle, es un camión enorme y es imposible que llegue a vislumbrar la ventanilla en la que supongo que asoma el codo de "El kiko" pero me intriga muchísimo. Me fascina la mezcla de la cercanía de "El kiko" con el formalismo del "ustedes". Si pusiera "Francisco les desea"...o incluso "Paco..." pero ¿El kiko? ¿El kiko te habla de usted? ¿Cuántos años tiene El kiko? ¿Por qué su nombre no va en mayúscula? ¿Por qué me trata de usted? En cualquier caso a mi me gusta su rótulo, siempre que veo su camión le deseo lo mismo, que cambie de trabajo. El kiko lleva el camión petado de cerdos vivos. Si él me desea lo mismo, que cambie de curro...estamos casi a punto de conseguirlo. Un momento. Espero que cambiar trabajos no se intercambiarlos. "Moli les desea a ustedes el doble de lo que ustedes a ella" no sería para nada lo que yo pondría en mi camión....

"Se te ven las bragas". Grandes letras negras en un sólo trazo sobre una pared color crema, exactamente a 25 metros de la Molicasa en Los Molinos, en la pared de una caseta eléctrica. Puede llevar fácilmente 15-18 años y cualquiera que llegue a casa por primera vez, al bajarse del coche lo primero que dice es ¿Se te ven las bragas? Creo que fue la primea pintada que las princesas leyeron. ¿Cuándo surgió? ¿Cómo? ¿Quién la puso ahí? No lo sé. ¿Tiene algo que ver conmigo o con Molihermana? Lo más lógico es pensar que sí, que algo tiene que ver puesto que está prácticamente en la puerta de nuestra casa. ¿Alguna noche de borrachera descontrolada terminó con alguien lo suficientemente despechado como para escribir eso? ¿Es una pintada de despecho? Se te ven las bragas como acusación....¿no deberían verse? ¿no debería llevar?  Y ¿quién la hizo? No veo a ninguno de mis amigos escribiendo algo tan poco concreto, ellos serían  más de escribir algo en clave, rollo "Enigma".  En cualquier caso, cada vez que salgo de casa, antes de meterme en el coche pienso ¿se me ven las bragas? y sonrío.

Y ahora leed queriéndome mucho para que no os de vergüenza ajena...

Lo confieso públicamente, "Moli corazón con flecha Fulano".  Después de 6 años de blog creía que ya había contado todas las cosas ridículas sobre mí pero hoy he recordado ésta mientras pensaba en pintadas.  A la tierna edad de 14 años, una noche de invierno en Los Molinos me tocó salir a sacar la basura al contenedor. Era domingo y ese era uno de los últimos preparativos antes de volver a Madrid. Cogí la bolsa, me puse el abrigo porque hacía frío y mientras abría la puerta del jardín y salía a la calle, iba pensando que me quedaba una semana hasta volver a Los Molinos y ver al objeto de mi enamoramiento adolescente (que por supuesto no sabía ni que yo existía, de hecho es el primer protagonista de mi "no vida amorosa" y lo pasé por alto en su momento) y en una oleada hormonal de sentimiento adolescente decidí que tenía que dejar constancia de ese momento de exaltación amorosa. Dejé la bolsa en el suelo, miré a mi alrededor y la única superficie que encontré susceptible de ser la base de mi pasión amorosa fue el cartel indicador de "Cuartel de la Guardia Civil" colocado a 5 metros de la puerta de mi casa.

Ya tenía dónde, pero ¿con qué? No podía entrar a por un rotulador ni pintura ni mucho menos spray. Por aquel entonces era una chica con recursos (absurda y patética pero con recursos) y cogí una piedra con un borde afilado y me puse a grabar en la chapa metálica mi declaración de amor. A mí me pareció que la tarea no me había llevado mucho tiempo pero cuando volví a entrar en casa, mi padre me dijo ¿Dónde has ido? No esperó respuesta ni me hizo mucho más caso, pero fue justo en aquel momento cuando me di cuenta de la magnitud del  error que había cometido (uno de los primeros debidos a mi ya legendaria impulsividad),  fui consciente de que en cuanto saliéramos a la calle, el cartel de "Guardia Civil" con mi absurda declaración iba a estar a la vista de toda mi familia.

Ha seguido allí años, 25 para ser más exactos.

Ahora cuando me entran esos ataques, tengo un blog y no necesito buscar una piedra con un borde afilado.